Mi mayor logro apocalíptico hasta ahora había sido que Grove se aprenda mi nombre. Me sentía bastante satisfecha con eso, ya que para él hace unos días era "niña", "tú", "oye" o en el mejor de los casos, "mocosa".
El único problemita es que en el contexto en el que lo estaba usando ahora, hería mi dignidad.
—¡Scarlett, mátalo ya!
—Pero es que...
—¡Dispara!
Lo hice, pero el disparo no se acercó ni un poquito al objetivo.
Grove se vio obligado a matar al infectado antes que este me mate a mí.
Qué penoso.
—Cuando te digo "dispara" a lo que me refiero es que le des en algún lugar que le haga daño, ¿sabes?
—¡Lo estoy intentando, Grove!
Su respuesta fue darme un golpecito arriba de mi cabeza, con gesto resignado y yo, totalmente humillada.
—Oye Grove, ¿de tanto disparar no estamos llamando mucha la atención? ¿No te preocupa que nos invadan muchos infectados o algo así? —pregunté al sentarme al lado de Marie, acomodándome el abrigo.
Él no parecía muy preocupado.
—Al contrario, sería mejor, así practicarían más. Son pésimos disparando. Pelirrojo, tu turno.
No me sentía tan segura con esa respuesta pero no agregué nada más.
Henry, por otro lado, puso cara de pánico aunque obedeció sin quejarse. Grove tenía una técnica simple: ir casa por casa, abrir las puertas a patadas y dejar salir a uno o dos infectados para que nosotros nos encargáramos. Hasta ahora, solo Marie y Alex habían logrado acertar bien los disparos.
Se acercó a otra casa y de una patada, abrió la puerta.
—Yo también quiero patear puertas. Parece terapéutico —murmuró Alex cuando Grove se acercó a nosotros tranquilamente, dejando a Henry a su suerte.
No pasó mucho tiempo cuando salió uno de la casa buscando a alguna víctima.
Ladeé la cabeza con curiosidad al notar que cuando estaban en solitario no eran tan salvajes como cuando estaban en grupo. Pero eso no significaba que sean torpes; seguían siendo rápidos y violentos, solo que menos descontrolados.
—¡Tú puedes, Henry! —Steph le intentó dar ánimos y Josh iba a seguirla pero Grove los interrumpió.
—No lo distraigan.
El infectado, con movimientos errantes y bruscos, comenzó a perseguir al pobre Henry, que corrió en dirección contraria.
Grove resopló , ya preparándose para intervenir, pero antes de que pudiera dar un paso, Henry le disparó al infectado directo a la cabeza.
El eco del disparo retumbó en el aire y un silencio momentáneo se apoderó de todos nosotros, sorprendidos.
El silencio no duró mucho ya que fue reemplazado por un estallido de aplausos y vítores mientras comenzábamos a saltar de emoción alrededor de Henry, quien parecía más asombrado que nosotros.
—Ya, ya. No se alboroten —finalmente Grove cortó la celebración, con su característica seriedad y con los brazos cruzados, sin embargo, había un atisbo de satisfacción en su mirada.
Seguimos practicando por un largo tiempo pero con más ánimos que antes. Para mi sorpresa cuando fue mi turno de nuevo, conseguí disparar a dos infectados; ya llevaba dos logros apocalípticos en un día.
Todo un éxito.
Aún era raro ser consciente que para sobrevivir tendría que matar constantemente a infectados. Pero en algún momento tendría que acostumbrarme a ello.
—Bueno, no lo han hecho tan mal... a comparación de las primeras horas —dijo Grove levantándose del escalón donde se había sentado, junto a Alex y Henry—. Pero ya es tarde, hay que ir a la casa antes que oscurezca más.
El lugar en donde estábamos ahora estaba un poco alejado de la casa, evidentemente no íbamos a disparar a lo loco con el riesgo de que nos invadan hasta los aliens.
Ahora, si se preguntan cómo es que seguimos en la casa de Grove... Ni yo sé cómo no nos ha echado aún.
Resulta que el día en el que se supone que nos marcharíamos, él había preparado desayuno y, tal vez nos dio indirectas pero no fue un "lárguense" explícito, así que dimos por sentado que nos podíamos quedar.
Y aquí estábamos, una semana después, practicando con armas porque Grove se ofreció a enseñarnos, después de remarcar lo milagroso que era que siguiéramos vivos siendo tan incompetentes y con cero instinto de autopreservación.
Pobre hombre.
Sí, es verdad, le hemos quitado su tranquilidad.
De hecho, incluso lo convencimos de mudarnos (o invadir, según el punto de vista) a una casa en la calle de al lado... básicamente porque estaba menos manchada de sangre, tenía las cosas en su sitio y, lo mejor de todo, no olía a muerto.
⋆★⋆
—¿Ya nos vas a decir cómo es que se conocieron en realidad? —preguntó Josh con curiosidad.
—Pero si ya les dije.
—Seguro hay más historia —inquirí con una ceja levantada.
Marie resopló pesadamente.
Alex estaba durmiendo en el sofá y Grove había salido a no sé dónde pero era usual que saliera y vuelva hasta más tarde. Por otro lado, Steph, Henry, Marie, Josh y yo estábamos sentados en la alfombra de la sala alrededor de la mesita, comiendo de una bolsa de papitas rancias que habíamos encontrado debajo de una de las camas.
—El día que empezó todo —Marie se acomodó la gorra—, yo estaba alistándome para ir al trabajo y en algún lugar de la casa mis padres estaban discutiendo, cosa que era común, así que mi hermano menor —dio una larga pausa—... fue a mi habitación. Él solía hacer eso.
Todos la miramos con atención.
—La discusión se puso más violenta de lo normal así que fui a ver qué pasaba y me encontré con mi papá convertido en un infectado y atacando a mamá, claro que en ese momento no entendía nada así que cuando quise ir a ayudarla, él no me dejó y en cambió empezó a perseguirme. Me encerré en mi habitación con Jorge, mi hermano, e intenté llamar a la policía pero fue en vano y mi papá estaba golpeando la puerta...
Su voz se había entrecortado pero igual continuó después de secarse una única lágrima.