Dos disparos instauraron un silencio inquietante.
Sentía como si mi corazón fuera a salirse de su lugar.
Más silencio.
Y luego gritos inentendibles, demasiado lejanos para entenderlos.
Pasó un eterno minuto cuando arrastraron a Grove de la casa, lo golpearon y le apuntaron a la cabeza. Mi pulso se aceleró y vi con pánico la escena.
Alex tuvo intenciones de acercarse pero Marie lo tomó de la muñeca y negó con la cabeza, él la miró exasperado.
Volvieron a golpear a Grove.
—Lo van a matar si no hacemos nada —soltó Alex, con la voz quebrada por la urgencia.
—Y nos van a matar a nosotros si nos enfrentamos a ellos sin pensarlo —le respondió Marie, intentando que se calme.
Los demás se acercaron también. Los tres hombres parecían enfrascados en una pelea, más preocupados por convencer al otro que por vigilar el perímetro y Grove yacía brutalmente golpeado, con un arma apuntándole la sien.
—¿Qué hacemos? No lo podemos dejar morir así —replicó Alex.
Lo patearon otra vez cuando intentó levantarse.
—Tal vez tenga algo en mente, pero no sé qué tan probable sea que salgamos vivos —murmuré, mirando aún horrorizada a Grove.
⋆★⋆
Por más absurdo que suene, mis amigos decidieron confiar en que mi plan no nos mataría.
Así que lo pusimos en marcha.
Josh y yo nos escabullimos por los callejones traseros como si fuéramos ninjas. Ninjas torpes, claro, pero bueno... nadie aquí estaba repartiendo medallas por estilo.
Avanzamos sin decir una palabra. El aire olía rancio, y cada paso sonaba más fuerte de lo que debería.
Entonces, a Josh se le resbaló la linterna de la mochila y CLANG chocó contra la tapa de un bote de basura. Nos quedamos congelados al instante.
Tragué saliva y Josh me miró espantado.
—¿Crees que lo oyeron? —susurró, apenas moviendo los labios
—Hasta mis antepasados, hermano.
Unos pasos se escucharon en la distancia. Alguien se había detenido.
Silencio.
Una discusión continuó a lo lejos.
Resoplé con miedo a que también puedan escuchar eso.
—Vamos —susurré y seguimos caminando.
Llegamos con rapidez al punto acordado y nos escondimos detrás de un contenedor de basura, los dos hombres estaban de espaldas, seguían discutiendo. Eso no estaba planeado pero era muy, muy, muy conveniente.
—... deberíamos avisarle a los demás, este animal ya mató a seis de los nuestros. ¡Incluido Manny!
Oh, el pobre Manny.
—¡Cállate, cállate! Va a escuchar que lo estás cuestionando y nos va a matar. ¡Y yo no quiero morir!
Sus palabras se perdieron en la noche, pero yo las oía como si vinieran desde dentro de mi propio pecho. Josh apretó la pistola hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Noté que la mano le temblaba; le lancé una mirada rápida y él me devolvió un gesto corto y nervioso.
—¿Quiénes viven contigo? ¡Vamos a matarlos a todos! —gritó como desquiciado el hombre que le apuntaba a Grove y luego lo volvió a patear.
Alex, ya posicionado junto a Marie detrás de unos vehículos, lanzó una piedra hacia un callejón cercano con un movimiento rápido y sigiloso; atrajo la atención del hombre que retenía a Grove. Marie hizo contacto visual con nosotros y nos hizo una seña con la mano: Llegó la hora.
Nos acercarnos a los otros dos hombres que inmersos en su discusión, no se habían percatado del ruido.
Cuando estuvimos lo suficientemente cerca, Josh levantó la pistola. Yo hice lo mismo. Apuntamos a la cabeza de cada uno, justo como Grove nos había enseñado en todos esos días de práctica. Ambos hombres se tensaron y callaron al instante.
A lo lejos, vi a Marie acercarse al captor de Grove. Ella era como un fantasma: rápida, firme y silenciosa. Le apuntó a la cabeza desde atrás con una precisión sorprendente, como si no fuera la primera vez que lo hacía.
—Bajen sus armas —ordenó ella con firmeza. Josh les repitió lo mismo a los dos hombres y ellos no tuvieron otra opción que obedecer, en un movimiento rápido se las arrebaté.
Por lo bajo, le estaba rogando a los astros para que los hombres no pongan resistencia, sinceramente no estaba en mis planes a futuro asesinar a alguien.
Grove apenas levantó la mirada, tenía un ojo hinchado, la boca partida y la camisa salpicada con sangre. Alex se acercó a él rápidamente y lo ayudó a levantarse con cuidado, Grove nos vio con confusión.
Y cuando todo estaba aparentemente bajo control, Steph y Henry salieron de su escondite. Marie miró a los hombres.
—¿Las llaves de los carros?
Ninguno respondió, Grove resopló cansado y se separó de Alex para acercarse a Josh y a mí, extendió la mano y entendí lo que quería; le pasé la pistola. Él sin dudarlo y sin piedad, le disparó a la cabeza del hombre al que yo hace pocos segundos atrás estaba apuntando. Me sobresalté pero no dije nada, hice un esfuerzo para no mirar abajo.
—Les hizo una pregunta. Respondan.
El otro hombre, paralizado por el horror de la escena, finalmente tartamudeó las ubicaciones de las llaves, seguido de un débil "sabía que teníamos que avisarle a los demás". Con las manos temblorosas, entregó las llaves de los vehículos. Josh las agarró y se las lanzó a Steph, que junto a Henry salieron corriendo hacia los carros que habían estacionado en la otra calle.
—¡No el que tiene el muertito! —oí que Steph exclamó a lo lejos.
—¿Qué haremos con ellos? —pregunté, mirando a Grove.
—Fácil.
Grove, con la expresión cansada pero determinada, se volteó hacia al hombre que lo había golpeado y sin titubear, disparó dos veces. Luego, el otro, que suplicaba por su vida, también recibió el impacto de la bala.
—Vaya, qué efectivo —dijo Alex, con una mueca de disgusto.
Yo sentía que el estómago se me había revuelto y tenía ganas de vomitar.
En ese momento una camioneta casi nos atropella pero frenó a tiempo, Steph sacó su cabeza por la ventana.