Hazme un bebé, por favor

5. Entre peonías y palomas

—Palo, la novia de las peonías acaba de amenazar con atrincherarse en la municipalidad y prender fuego el registro civil si no le conseguimos las flores traídas de Holanda para noviembre. Dice que si le ponemos rosas blancas, cancela la boda y se mete a monja.

Me quedo quieta en el umbral de la puerta de la oficina en cuanto llego. Tengo un café de especialidad hirviendo en una mano, el celular vibrando espásticamente en la otra con siete mensajes de audio de una suegra y una lista mental de problemas que ya no me entra en la caja craneal.

Hay personas, criaturas inocentes y puras tocadas por la varita de la ignorancia, que creen que organizar bodas debe ser el trabajo más romántico del mundo. Se imaginan que me paso la vida probando tortas de chocolate, llorando de emoción en los altares y acomodando velos de tul al atardecer mientras suena un violín de fondo.

Esas personas jamás en su perra vida conocieron a una novia con un presupuesto de tres millones de pesos y un tablero de Pinterest con nueve mil fotos imposibles sacadas de casamientos de la realeza británica. Tampoco conocieron a una suegra que pretende decidir el color exacto de las servilletas porque, según su chamán en San Isidro, "el marfil transmite fertilidad, pero el beige llama a la ruina financiera". Y definitivamente jamás conocieron a un novio que te pregunta, completamente serio y sin parpadear, si el DJ puede poner cumbia y cuarteto a escondidas de que a novia, que quiere pop y bad bunny toda la noche, pueda siquiera escuchar algo así.

Después de ocho años al frente de “Sí, Acepto Eventos y Más”, puedo afirmar sin ningún temor a equivocarme que el matrimonio empieza muchísimo antes de llegar al altar. El matrimonio, el verdadero, el que te quita años de vida, empieza el día que una pareja discute durante cuarenta y cinco minutos frente a mí porque uno quiere centros de mesa altos con candelabros de cristal y el otro considera que una flor es una flor mientras no venga con espinas y no cueste más que el alquiler del mes.

Entro a la oficina arrastrando los pies. El lugar ocupa un viejo PH reciclado en el corazón de Palermo. Está lleno de paredes blancas impolutas, muebles de madera clara escandinava que te hacen sentir pobre y arreglos florales estratégicamente ubicados que, por alguna razón, siempre parecen estar mucho más felices y radiantes que yo.

Apenas cruzo la puerta, Julia, mi asistente, mi mano derecha y mi escudo protector contra la locura nupcial, levanta la vista de la pantalla de su Mac.

—Buen día, jefa —me dice, con una sonrisa que no le llega a los ojos.

—No lo sé todavía, Julia. Está por verse si será un buen día. Depende de cuántas crisis psiquiátricas tengamos en la agenda de hoy.

Me acerco a mi escritorio, dejo la cartera, me saco el abrigo y me desplomo en mi silla ergonómica que costó lo mismo que un auto usado pero que supuestamente me salva las lumbares.

Julia agarra su tablet y empieza a leer como si estuviera dando el parte de guerra matutino en el Pentágono.

—La novia de las peonías llamó tres veces desde las ocho de la mañana.

—Claro que llamó. Seguro se despertó soñando con un jardín botánico prendido fuego.

—La madre del novio de la boda del sábado llamó dos veces para preguntar si el menú vegano incluye "pastito" o comida de verdad y si puede llevar un tupper con milanesas de carne por si le da hambre.

—Obvio que llamó la señora Berta. Decile que le vamos a servir un asado de brócoli.

—El salón de zona norte mandó un mail preguntando si finalmente los novios van a ser cincuenta invitados íntimos, como dijeron la semana pasada en su etapa budista zen, o ciento veinte, como dijeron ayer después de pelearse con los primos.

Cierro los ojos.

Respiro hondo, inflando el diafragma como me enseñó un video de yoga en YouTube que vi una vez y nunca más apliqué.

Exhalo.

—Juli... ¿sabés qué extraño? —murmuro, frotándome las sienes.

—¿Qué cosa? ¿Dormir ocho horas seguidas?

—No. Extraño la secundaria. Extraño cuando mi mayor preocupación en la vida era desaprobar Matemática o que me saliera un grano en la nariz el día de una fiesta. Éramos tan felices y no lo sabíamos.

Julia sonríe, acomodándose los anteojos.

—Eso es porque a los dieciséis años todavía no conocías a las novias, Palo.

Tiene toda la razón del mundo.

Las novias son una especie aparte. Un eslabón perdido en la evolución humana.

Existe un fenómeno fascinante, casi paranormal, que jamás fue estudiado por la ciencia moderna ni por National Geographic, pero que yo presencio todos los días de mi vida.

Funciona así: una mujer completamente racional, amable, que paga sus impuestos, que cruza por la senda peatonal y que es funcional a la sociedad, firma un contrato para casarse. Durante los primeros meses, todo está bien. Pero de repente, aproximadamente ciento veinte días antes de la ceremonia, sufre una transformación biológica y química en el lóbulo frontal. La pupila se le dilata. El tono de voz se le vuelve un poco más agudo. Empieza a hablar en plural y su vocabulario se reduce exclusivamente a palabras como "caterings", "centros de mesa", "luces cálidas" y "souvenirs".

De pronto, esta mujer, que antes no sabía distinguir el azul del negro, descubre que el tono "blanco roto" no tiene absolutamente nada que ver con el "blanco hueso", el "blanco tiza" o el "blanco crema". Desarrolla un superpoder, como Spiderman, pero en lugar de lanzar telarañas, tiene la capacidad de detectar una cinta de raso torcida en el respaldo de una silla a cincuenta metros de distancia y en la oscuridad. Y, por alguna razón que Charles Darwin jamás hubiera logrado explicar en su teoría de la evolución, comienza a llorar desconsoladamente por cosas como el grosor del gramaje de una tarjeta de invitación.

A las diez en punto de la mañana, la campanita de la puerta suena.

Llega Camila.

Camila tiene veintinueve años. Es abogada corporativa. Es hermosa, tiene el pelo lacio perfecto, la piel impecable, viene vestida con un traje sastre que le dice al mundo que es exitosa y que te puede demandar", y está perfectamente maquillada.




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