Hazme un bebé, por favor

7: Sí, quiero

Sí, hago una lista mental.

Y la lista fluye, se vomita sola a una velocidad alarmante dándome los motivos por los cuales Teo sería un gran padre para mi hijo:

1. Es increíblemente responsable. No pierde ni las llaves.

2. Tiene la paciencia de un monje tibetano en coma.

3. Es inteligente. Lee libros de todo tipo y siempre habla con criterio.

4. Es generoso. Paga la mitad de todo y a veces más. Bueno, las personas gays entiendo que siempre van mitad y mitad y nunca es un tema de debate o de discusión quién paga la cuenta.

5. Sabe cocinar. Hace un risotto de hongos que te resucita de entre los muertos.

6. No fuma, no se droga habitualmente, no tiene problemas con el alcohol ni deudas de juego u otros vicios. Su historial crediticio en el Veraz es más limpio que el Vaticano y maneja de perlas una tarjeta de crédito black.

7. No toma decisiones impulsivas ni estupideces producto de crisis de los treinta.

8. Tiene un trabajo estable, gana bien en dólares y tiene prepaga OSDE en su cobertura médica. Un dato no menor en este país.

9. Es maravillosamente bueno con los chicos. Mi sobrino lo adora y le dice "Tío Tete".

10. Hasta mi propia madre lo quiere más que a mí. Si hay un incendio, juro que mi vieja lo salva a él y a mí me tira un balde de agua desde lejos.

11. Sus genes son top. Tiene buena vista, dientes rectos naturales sin ortodoncia y nunca se quedó pelado.

12. Sus ojos son hermosos, de un miel delicado increíble, de solo imaginarme un niño con mi rostro y los ojos de él…

Me detengo. Mi cerebro frena y cambia de columna.

CONTRAS DE TEO:

...

Silencio mental. Cri, cri.

Frunzo el ceño. Busco otro. Indago en mis recuerdos de la última década. Algún defecto monstruoso tiene que tener.

Nada. A veces deja la taza de café sin lavar en la bacha, pero ¿quién no?

Pienso un rato más, forzando la máquina.

Encuentro uno. Uno solo, brillando en luces de neón en medio de la oscuridad.

1. Es gay.

Nada más. Ese es el único problema. Un detalle. Un pequeñísimo gran detalle técnico de la orientación sexual.

Lo cual no es un defecto en sí mismo, lo es para mis expectativas.

Suelto una risa involuntaria. Una risita histérica, ahogada, como de villana de película de Disney tramando robarse a los dálmatas.

La camarera que pasaba con una bandeja llena de vasos de vidrio me mira raro. El chico de las alianzas, Gastón, también me mira de reojo.

No me importa. Que miren. Soy libre de volverme loca en público.

Saco el celular del bolsillo del saco con desesperación. Necesito materializar la locura para verla.

Abro la aplicación de Notas, esquivando la lista del supermercado y un borrador pasivo-agresivo para la suegra de las servilletas de marfil.

Tipeo con los dos pulgares a la velocidad de la luz:

Proyecto T. Pros y Contras.

Y empiezo a transcribir la lista mental. Anoto todo. Agrego más cosas. "Huele a bergamota", "Sabe cambiar un cuerito de la canilla", "No le tiene asco a los pañales sucios".

Cuando llego al punto número diecisiete ("Sabe pronunciar bien el francés y le puede enseñar idiomas al bebé") y estoy a punto de generar una imagen con IA de cómo se vería un hijo entre él y yo, levanto la vista de la pantalla de golpe. La luz del mediodía me pega en la cara.

¿Qué estoy haciendo?

¿En qué clase de psicópata controladora y maquiavélica me estoy convirtiendo? ¿Estoy diseñando un bebé a la carta en las notas del iPhone usando el material genético de mi mejor amigo sin que él lo sepa?

Cierro la aplicación inmediatamente. Aprieto el botón lateral para bloquear la pantalla, como si la policía del pensamiento pudiera arrestarme por tener intenciones reproductivas inapropiadas en la vía pública.

Me guardo el teléfono en el bolsillo más profundo, como si quemara.

Agarro el tenedor e intento terminar la ensalada. Mastico. Trago pasto. Trago culpa.

No puedo. Es inútil.

Porque hay una idea, una pequeña chispa hija de puta que nació ayer corriendo en el Rosedal, que se niega rotundamente a abandonar mi cabeza. Se instaló ahí. Armó un campamento, prendió un fuego y está asando malvaviscos en mi córtex prefrontal.

Y lo peor de todo... lo que más me aterra y me emociona a partes iguales...

Es que cada minuto que pasa, cada pareja infeliz que veo, cada crisis de novia histérica que resuelvo que...

Esta idea demente, suicida y bizarra de tener un hijo con Teo… Me parece un poquitito menos descabellada y un poquitito más perfecta que buscar un novio para maternar o querer afrontar yo sola la decisión.

Quiero un hijo con mi mejor amigo. Gay.




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