¡ He matado a mi marido!

Capítulo 7: El video viral.

El domingo por la mañana, Samantha despertó con la sensación reconfortante de quien ha dormido profundamente después de una noche sin discusiones, sin cadáveres fingidos, y sin evaluaciones psicológicas pendientes. Se estiró en la cama, notó que Sander todavía dormía a su lado con esa expresión de tranquilidad absoluta que solo aparecía cuando no tenía ningún vuelo programado, y por un momento, permitió que la ilusión de una vida matrimonial normal y sin sobresaltos se instalara en su pecho.

La ilusión duró exactamente hasta que revisó su teléfono.

-Sander -dijo, con una voz que ya empezaba a adquirir ese tono particular de alarma que su esposo había aprendido a reconocer como precursor de otro desastre familiar-. Sander, despierta.

-¿Qué pasó? ¿Otro loro aprendió una frase incriminatoria?

-Peor. Mucho peor.

Sander se incorporó, frotándose los ojos, y se acercó para ver la pantalla que Samantha le extendía con manos temblorosas. En ella, un video con más de cuarenta mil reproducciones -cuarenta mil, un número que ninguno de los dos podía procesar racionalmente a las ocho de la mañana de un domingo- mostraba, con una claridad devastadora, el discurso completo de Sander en el restaurante la noche anterior, el beso, los aplausos, todo capturado desde el ángulo perfecto por alguna comensal con reflejos de reportera de espectáculos.

El título del video, en letras destacadas sobre la miniatura, decía: "Este piloto le da una lección de amor a todos los esposos del mundo #MetaDeRelación".

-Cuarenta mil reproducciones -repitió Sander, con una mezcla de horror y, para sorpresa de Samantha, un asomo de orgullo mal disimulado-. Somos famosos.

-No es momento de sentirte orgulloso, Sander, esto es una catástrofe. Ya hay comentarios etiquetando a gente que conocemos. Mira, alguien etiquetó a mi prima Renata, y ella ya compartió el video en su propio perfil con el comentario "¡Mi primo político es el hombre perfecto, ójala mi esposo aprendiera algo!".

-Eso suena a un problema entre tu prima y su esposo, no necesariamente nuestro.

-Sander, mi madre tiene una cuenta de redes sociales. Mi madre, que reportó nuestro "incidente doméstico" a tu aerolínea con lujo de detalles innecesarios, tiene acceso a este video.

El color abandonó gradualmente el rostro de Sander mientras la magnitud de la situación se asentaba en su comprensión.

-Ah.

-Sí. "Ah."

Como si el universo hubiera estado esperando pacientemente el momento justo para confirmar los peores temores de la pareja, el teléfono de Samantha comenzó a sonar en ese preciso instante, con el nombre "Mamá" iluminando la pantalla con una insistencia que solo podía significar problemas de dimensiones considerables.

-No contestes -susurró Sander, como si el volumen de su voz pudiera de alguna manera afectar la decisión de Doña Rosaura de seguir llamando.

-Si no contesto, se va a presentar aquí en persona, y eso siempre es peor.

Samantha respiró hondo y deslizó el dedo para contestar, activando el altavoz con la resignación de alguien que ya sabía exactamente lo que le esperaba.

-Hola, mamá.

-¡SAMANTHA REYES DE CASTILLO! -La voz de Doña Rosaura atravesó el teléfono con una energía que ninguna cafeína matutina podría haber generado naturalmente-. ¡Acabo de ver el video más hermoso de toda mi vida! ¡Mi propia hija, protagonista de un momento romántico viral! ¡Tu tía Consuelo ya lo compartió en el grupo familiar, y tu prima Renata está pidiendo el contacto de Sander para que le dé consejos a su esposo!

-Mamá, fue solo una cena, no...

-¡Un discurso tan hermoso, Samantha! ¡"El brindis del compromiso eterno"! ¡Nunca había escuchado algo tan romántico! ¿Por qué nunca me contaron que existía esa tradición en la familia de Sander? ¡Debí haberlo incluido en la boda!

Sander, escuchando desde el otro lado de la cama, se cubrió el rostro con ambas manos, ahogando una risa nerviosa que amenazaba con delatarlo completamente ante su suegra.

-Mamá, sobre eso, en realidad no es una tradición real, Sander la inventó en el momento porque...

-¡No importa si la inventó o no, lo importante es el SENTIMIENTO, Samantha! ¡Y déjame decirte, he estado pensando toda la mañana, desde que vi el video, y creo que es momento perfecto para que ustedes renueven sus votos!

Samantha y Sander intercambiaron una mirada de pánico sincronizado, la misma mirada que habían compartido apenas una semana atrás cuando el señor Ferreira tocó a su puerta preguntando sobre cadáveres.

-Mamá, no creo que sea necesario...

-¡Claro que es necesario! ¡Cinco años de casados, un video viral demostrando lo enamorados que están, y además, sinceramente, después del "incidente" de la semana pasada con las bolsas de basura, creo que todos necesitamos un evento positivo que reemplace esos rumores horribles que anda esparciendo el señor Ferreira por el vecindario! ¡Una renovación de votos sería la manera perfecta de silenciar todos esos chismes y mostrarle a todo el mundo que ustedes son la pareja más sólida y enamorada de la cuadra!

-Doña Rosaura -intervino Sander, tomando el teléfono con la esperanza, probablemente ingenua, de poder razonar con su suegra-, aprecio muchísimo la intención, pero organizar un evento así requiere tiempo, planeación, presupuesto...

-¡Ya tengo todo resuelto! Llevo toda la mañana haciendo llamadas. El salón de eventos donde celebramos el cumpleaños número setenta de tu tío Ernesto está disponible el próximo sábado, justo dentro de seis días, porque cancelaron una boda por, según me contaron, "diferencias irreconciliables entre los novios descubiertas literalmente en el altar", lo cual es una historia completamente diferente que te contaré en otro momento. El punto es que el salón está libre, ya llamé al mismo servicio de banquetes que usamos en su boda original, y mi comadre Filomena, quien como sabes es decoradora de eventos, ya está diseñando un concepto de decoración basado en girasoles, porque supongo, Sander, que los girasoles en el auto en el video eran significativos.




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