Heartless

Capítulo II: Trillizos

Capítulo dos.

Su tía había preparado comida como si tuviera que alimentar a todo un ejército, Gabriela observaba la comida preocupada mientras su tía iba de un lado a otro poniendo platos y cucharas en la mesa.

¿Tendrá invitados? Se cuestionó en silencio.

—¿Quieres que te ayude en algo, tía?

Vittoria giró a su encuentro, pestañeando. No había notado a su sobrina parada en la puerta de la cocina con su rostro preocupado pero indiscutiblemente hermoso. Nuevamente se encontró asombrada por la belleza de la chica, parecía una de esas criaturas desgarradoramente triste pero hermosas.

«Era una belleza peculiar, y, por supuesto, de familia.» Pensó.

—Oh, cara mia. No había notado que estabas aquí —se acercó dejando un beso en la mejilla de la chica—. Luces más descansada y hermosa, hueles exquisito.

Las mejillas de la morena chica no podían ponerse de otro color, pero sin duda se sentía apenada por los halagos de su encantadora tía.

No podía creer que la elegante mujer le diga algo de ese tipo cuando solo vestía un vestido sencillo de tirantes y escote pequeño color durazno que hace su piel lucir radiante. El vestido ni siquiera era atrevido, nunca le había gustado aquello de enseñar mucha piel.

Tal vez fue eso lo que llevó a su ex novio a buscar algo más en otro lugar, el hecho de haberse comportado como... ¿Cuál fue la palabra que usó? Oh, sí, mojigata.

—Grazie —murmura bajito.

Vittoria suelta una carcajada ante la timidez repentina de su sobrina, pese a eso, no dijo algo más para no hacerla sentir incómoda o avergonzada.

—Solo me falta arreglarme antes de que lleguen, así que no te preocupes, puedes relajarte mientras me arreglo. ¿Te molesta que te deje sola?

Negó, ¿cómo podría decirle eso? Si lo que menos se sentía con su tía al lado era sola.

—Para nada, puedes ir, yo esperaré justo aquí.

Vittoria sonrió ante la sonrisa radiante de su pequeña, asintió hacia ella para luego dejar un beso en su sien que Gabriela no supo cómo responder. La acción la había tomado por sorpresa y el gesto le había plantado una chispa cálida en su piel que hace mucho no sentía.

Fue cuando estuvo sola que analizó las palabras de su tía y supo que tenían invitados, y fue el sonido de voces y gritos emocionados que le afirmó aquello diez minutos después.

Abrió los ojos sorprendida ante el hombre que se encargaba de abrir la puerta de la casa y los chicos que entraban detrás de él, dos hombres y una mujer.

«Los hombres parecían ser mayores que la mujer por el tamaño, pero quizás no sea así», se dijo a sí misma.

—Oh, papà, è qui! —la chica fue la primera en notarla.

Los tres hombres giraron en dirección del grito de la menor y en cuanto visualizaron a la morena, no pudieron asombrarse más.

Santo cielo.

Pensó cada uno en sincronía ante la vista de la chica tímida y cohibida en su sala de estar.

La chica fue la primera en correr hacia ella y abrazarla, tomando por sorpresa por segunda vez a Gabriela. La cual no supo cómo reaccionar ante el efusivo abrazo, y como si fuera poco, ante el estupefacto de los tres chicos delante de ella.

Tragó en seco evitando moverse mientras la chica se aferraba a ella como un oso.

Giró la cabeza hacia el singular sonido de unos tacos resonar contra el mármol del suelo, suspiró aliviada al visualizar a su tía. Quién al notar lo que pasaba no pudo evitar sonreír emocionada.

—Oh, sono a casa adesso —comentó mientras se dirigía hacia el hombre más mayor—. Benvenuto, amore.

El hombre pudo salir de su estupefacto solo para sonreírle a su mujer y dejar un beso apasionado y dulce en sus labios, se escucharon varios quejas ante la exhibición de ambos por parte de los otros dos chicos.

La chica abrazada a Gabriela finalmente la dejó ir luego de tanto tiempo, la morena se sintió aliviada al no tener a alguien irrumpiendo en su espacio.

—E' lei la ragazza?

Gabriela se preguntó si su tía les había hablado de su llegada, aunque, a juzgar por la chica delante de ella que la miraba con anhelo y emoción, era algo que empezaba a confirmar por sí misma. Carraspeó, llamando la atención de los presentes.

Vittoria se sintió conmovida ante la vergüenza de su sobrina, pero era algo que suposo a juzgar por cómo había vivido solo con sus padres. Y ahora que vivía con ella...

«Debía de hablar de él y los chicos», se reprendió al verla acomplejada en el espacio de la sala.

—Sì, è lei –-confirmó—. Gabriela, te presento a mi esposo Federico, y estos son nuestros hijos Lorenzo, Leonardo y Lia.

«Espera, ¿acaba de decir nuestro hijos? ¡Pero si esos chicos no tienen nada de ella!» meditó con asombro mientras era estudiada por los chicos delante de ella.

Y era cierto, no tienen nada de ella físicamente porque aquellos tres muchachos no eran sus hijos biológicos. Había conocido a Federico en uno de sus viajes al mercado y siguieron en contacto, por supuesto, el hombre había sido honesto desde el principio diciéndole sobre sus hijos y su ex mujer fallecida.

Pero eso no les impidió seguir en contacto, formando una amistad que con el tiempo se volvió más que eso. Al principio tuvo miedo de que los trillizos no la aceptarán como novia de su padre, pero se llevó una grata sorpresa en cuanto los conoció y la acogieron con sumo cariño y devoción.

—Oh, piccola mia. Mi dispiace molto per la morte dei tuoi genitori —volvió a estar ahogada entre unos brazos.

Está vez unos brazos fuertes y masculinos, la colonia de Federico se esparció por el ambiente y no pudo ponerse más nerviosa al inhalar el agradable olor. Era tan raro tener una figura masculina abrazándola a parte de su padre.

Federico la observó con un brillo especial en los ojos que ella no supo reconocer, pero que Vittoria sí. Porque era de esa misma forma que miraba a Lia, su hija menor. Como si quisiera protegerla de todo.




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