La vida en Seúl ya era bastante complicada de por sí, pero cuando le sumabas dones sobrenaturales que no podías controlar, el resultado era una bomba de tiempo a punto de estallar en medio del tráfico o de la escuela.
Jin caminaba bajo la llovizna con la capucha de su sudadera negra ajustada hasta el cuello. Odiaba los días húmedos; la humedad hacía que la estática en sus manos fuera insoportable.
"Si el mundo me ve como un monstruo por no poder controlar lo que llevo dentro, entonces dejaré de intentar encajar en su molde de cristal", pensó Jin apretando los dientes, mientras una pequeña chispa azul saltaba de sus nudillos y hacía que la pantalla de un cajero automático cercano parpadeara furiosa.
A unas cuantas calles de allí, en una concurrida cafetería cerca de Hongdae, Eli intentaba concentrarse en su taza de té caliente. Pero era inútil. El bullicio de la gente a su alrededor era un desfile abrumador de emociones ajenas.
Podía sentir la ansiedad del mesero, la tristeza oculta de una chica en la mesa del fondo y el enojo latente de un hombre en la puerta. Era demasiado.
"A veces desearía ser de piedra, no sentir nada, para que el dolor ajeno deje de sangrar en mi propia mente", murmuró Eli para sí misma, respirando hondo y cerrando los ojos para bloquear el mar de sensaciones.
Por otro lado, Noa se encontraba en una librería independiente, pasando desapercibido entre los estantes más oscuros. Nadie lo miraba. Literalmente parecía invisible para los profesores y compañeros.
Pero lo que ellos ignoraban era que los sueños de Noa la noche anterior no habían sido simples pesadillas, sino visiones exactas de un futuro que estaba a punto de colapsar.
"Ellos creen que soy un fantasma porque no hablo, pero mis silencios guardan los secretos que sacudirán este mundo", pensó Noa con una media sonrisa enigmática, hojeando un libro antiguo cuyas páginas parecían susurrarle.
Y en la cima del elitismo estudiantil, la imponente Rae caminaba por los pasillos de su prestigiosa escuela secundaria con una postura impecable.
Nadie se atrevía a mirarla a los ojos. Inteligente, sarcástica y siempre un paso adelante, cargaba con el peso de una verdad incómoda que todos tildaban de locura.
"Pueden llamarme fría o arrogante todo lo que quieran; la verdad duele, y la mía es una carga demasiado pesada para mentes tan frágiles", se dijo Rae a sí misma, ajustando su bolso con elegancia mientras ignoraba los murmullos a su espalda.
Ninguno de ellos lo sabía todavía.
Ninguno sabía que sus caminos estaban a punto de cruzarse de la forma más caótica posible.
El punto de quiebre
Esa misma tarde, un fenómeno extraño comenzó a sacudir Seúl. El cielo, que había estado gris y lluvioso, se manchó de un tono violeta irreal.
Las luces de la ciudad parpadearon al unísono y, de repente, una fuerza invisible comenzó a arrastrar a los cuatro protagonistas hacia un mismo punto: el imponente y misterioso callejón central que conectaba con los antiguos terrenos prohibidos de la ciudad.
Jin tropezó bruscamente al doblar una esquina, esquivando a unos transeúntes asustados por un estallido de energía. Iba tan distraído intentando calmar sus manos que no vio hacia dónde iba.
-¡Oye, cuidado por dónde caminas, idiota! -exclamó una voz femenina, fría y cortante, justo antes de que un impacto seco los hiciera chocar a ambos contra el suelo mojado.
Los libros, cuadernos y apuntes de Rae volaron por los aires, desparramándose en un charco. Jin cayó de espaldas, maldiciendo en voz baja, pero cuando levantó la vista para disculparse, el mundo pareció detenerse por tres segundos.

La música del tráfico se apagó en su mente. Rae estaba allí, arrodillada en el suelo, fulminándolo con una mirada asesina que combinaba furia y una extraña chispa de desconcierto.
"¿Quién se cree este chico desastre para arruinar mi impecable día?", pensó Rae con el ceño fruncido, mientras su corazón daba un vuelco totalmente inesperado e inexplicable.
"Vaya... de todas las personas en Seúl, tenía que tropezar con la chica más insoportable y deslumbrante del planeta", pensó Jin, tragando saliva mientras extendía torpemente la mano para ayudarla a recoger sus papeles.
Justo en ese momento, una ráfaga de viento helado barrió el callejón, y dos figuras más cayeron rodando desde un terraplén cercano, aterrizando de manera poco elegante justo al lado de ellos.
-¡Auch! ¡¿Quién empuja?! -gimió Eli, sobándose el codo mientras abría los ojos de par en par.
-Yo no te empujé, caíste encima de mí -respondió Noa con voz seca, sacudiéndose la capucha y levantándose con una agilidad felina, mirando a los otros tres con curiosidad.
Jin y Rae seguían en el suelo, mirándose fijamente a solo unos centímetros de distancia, con las manos rozándose sobre un cuaderno empapado.
Una pequeña chispa de luz dorada y azul brotó entre sus dedos al contacto, haciéndolos saltar a ambos como si hubieran tocado corriente eléctrica.
-¿Qué... qué fue eso? -balbuceó Rae, retrocediendo de inmediato con las mejillas sonrojadas, intentando recuperar su fachada de hielo.
-No lo sé -respondió Jin, poniéndose de pie de un salto, con el corazón latiéndole a mil por hora, sin saber si la aceleración se debía al golpe o a la mirada penetrante de la chica-. Pero tengo la extraña sensación de que nuestras vidas acaban de arruinarse... o de empezar de verdad.
Antes de que alguno pudiera decir otra palabra, el suelo bajo sus pies comenzó a temblar. Una luz cegadora brotó del pavimento, abriendo un portal con estéticas de K-Drama fantástico y runas brillantes que formaban un solo emblema en el aire.
Las puertas de la Academia Seúl-Auradon acababan de abrirse para ellos.

El peso del recuerdo (Flashback y expansión)
Cuando la chispa de luz dorada y azul saltó entre los dedos de Jin y Rae, el tiempo pareció detenerse de golpe en medio del callejón mojado.