El silencio inundaba el sitio mientras esperaban su respuesta.
Y mientras la tensión aumentaba yo caminaba de regreso hacia la entrada con todo y bandeja en mano. Ya no me importaba eso, estaba más inmiscuida en el tema de lo que creía y no podía aparecer como si nada.
Tenía que salir de allí.
Abrí de nuevo esa silenciosa puerta, aun sin escuchar la respuesta de Alejandro.
Me preocuparía por eso después.
Pero antes de cerrarla vi a Arnold quien me observaba fijamente, parecía venir de las escaleras.
—pensé que te había pedido algo
—yo…— lo que me faltaba, si Arnold estaba molesto conmigo ahora estaría furioso—es que Valentina caminaba molesta y no quería mojarla—decir esas cosas en voz alta me hacían darme cuenta de lo absurdas que se escuchaban
—¿En serio estás buscando una excusa para no servirles agua?— justo así de mal sonaba —Sofía ¿para que te tengo aquí si no harás lo que te digo?
Se sintió como un pinchazo, estaba más acostumbrada a ver a Arnold como un compañero, incluso como un líder, no como un jefe.
—es que estaban todos alterados y yo...
—¡y aunque estuvieran en pleno huapango!— exclamó Arnold, haciéndome dar un brinco— no sirves aquí al buscar excusas, razones para no hacer las cosas, se te está dando una oportunidad y se te ha tenido paciencia de más. Hay una mujer en cama, hacen falta manos en esta casa y me complicas más las cosas ¡es la primera vez que tengo que ser tan severo con una mucama!
El regaño no iba a esperar, me sentía tan ridícula y tenía razón al enojarse. El en cambio hacía ademanes, levantando las manos para señalarme la magnitud del problema, furioso.
—y de paso ¿qué más? ¡Le gritas a tu jefe! Personas que han tenido suficiente, esa chica con la que peleas tanto ha tenido bastante ya y no pueden concentrarte en ti o en que estés bien, pero tienes que estar peleando, gritando, tomando personal todo tu trabajo, si las cosas van a seguir así entonces quizá sería mejor que...
—Sería mejor que aprendieran a pedir las cosas—escuche a Alejandro detrás de mi
Dios mío, no cerré la puerta.
No fui la única que se tragó el regaño de Arnold, todos debieron escucharlo porque al darme la vuelta estaban los tres saliendo del pasillo, posiblemente por el bullicio.
Arnold respiro despacio, volviendo de nuevo su tono normal
—una disculpa por no modular mi voz, si nos permiten tengo que hablar con la señorita Sofia
—esto no es hablar ¿vas a echarle la culpa por tu incapacidad de ordenar esta casa? Siempre que estas de mal humor eres así ¿cuanto apuestas que allá afuera Francis está podando los arbustos como si le fuera la vida en ello?—contestó apuntando a las ventanas, donde se veían aún las siluetas de unas tijeras pasar—es la primera con la que has tenido que ser tan severo porque es la única que se ha quedado
—Soy el encargado del personal, tengo total autorización para...
—tienes una responsabilidad, y no la estás cumpliendo—remarcó Alejandro— la autorización para despedir es de tu jefe, se te olvida que eres un trabajador más, no tienes ningún vínculo familiar aquí—le espeto, un hecho bastante obvio pero pareció golpear a Arnold quien parecía dolido al escuchar eso.
Recordé las palabras de ese hombre “¿también tú les tomaste cariño?” Ahora más que una burla parecía una advertencia.
—¿sabías que casi compra rosas blancas?—Pude ver dolor en el rostro de Don Manuel al escuchar eso, en cambio a Valentina una leve oscuridad cruzó su expresión— ¿y a quien le iban a echar la culpa?
—si eso hubiera pasado yo me habría hecho responsable de…
—¿responsable?—pronunció con énfasis —¿así como fuiste responsable al avisarle que Valentina no podía despedirla? A sabiendas de cómo es, dejaste que le complicara el trabajo y encima la mirabas con desdén por aceptar mi ayuda— le recriminó tajantemente, mientras que Arnold lo observaba con los ojos muy abiertos, llenos de sorpresa.
Me parecía que no era común que Alejandro estallara así, mucho menos con Arnold. Si bien disfrutaba molestarlo, no creía que alguna vez se hubieran dado batalla de esa forma.
—No te confundas, tu gente es la que está afuera plantando flores y abriéndole las puertas a ellos—dijo apuntando a mi jefe y su hija, quienes también parecían sorprendidos por su reacción —pero tu lealtad está con las personas incorrectas
—Escucha muchacho—dijo al fin Arnold, tomando palabra de nuevo—llevó el tiempo suficiente aquí para saber cómo debe funcionar esta casa y que necesitan estas personas, tu no me vas a decir como hacer mi trabajo.
—y aun si le cambiabas los pañales a ella—dijo señalando con la cabeza a Valentina quien se veía enfurecida—basta con una decisión y dejas de ser un integrante más, no parece cuadrar con lo que haría una familia, pero sabes que nunca han tenido reparo en eso ¿cierto?
¿Como que nunca han tenido reparo en eso?
—Alejandro, suficiente—intervino Don Manuel notablemente molesto por tal comentario—no dejare que en mi propia casa…
Pero Alejandro ignoró sus palabras y prosiguió, aunque dejando ese camino—Tu deber es enseñarle a ella cómo trabajar aquí, advertirle de este lugar, pero siempre te ha parecido que eres superior al resto del personal por el cariño que te tienen
—¡eso no es cierto!—respondió Arnold con un gesto de desaprobación.
— ¿ah no?¿Entonces porque no sueltas la alternativa de que sea despedida? Sigues sacando el tema como si dependiera de ti, como si de proteger a estas personas se tratase— le reprocho alzando un poco más la voz —pero no eres más que ella, que nadie—se encogió de hombros—simplemente a ellos les dan un vaso de agua y a ti te dan permiso de usar una copa.
—Esto termina aqui—entro de nuevo Don Manuel quien observaba con descontento a Alejandro, pero rápidamente su mirada se fue a Arnold—puedes seguir con tus labores Arnold, tenemos que hablar con Sofia.
No había ninguna malicia en las palabras de mi jefe, pero después de la acalorada discusión, esa orden parecía remarcar algo en Arnold. Justo eso, que él solo era su jefe.