Hernion X Infinito

Capítulo II: La torre del infinito

Hernion decidió mantenerse al margen sin llamar la atención mientras observaba cómo los seres con rasgos únicos se miraban confundidos y no se hablaban.

De pronto, una puerta apareció y dos criaturas pequeñas de cabello rubio como nube, ojos verdes profundos y cuerpo redondo —criaturas lindas— aparecieron.

—Hola —dijo uno.

—Hola —dijo el otro.

Uno se presentó:

—Me llamo Kiby.

El otro dijo:

—Yo me llamo Kibo. Y ustedes se preguntarán qué hacen aquí, ¿verdad?

Algunos asintieron con la cabeza en señal de sí.

—Bueno, para resumirlo —dijo Kiby—, ustedes ahora son unos juguetes. Verán, el mundo y todo lo que hay se mantiene en orden gracias a los Primordiales de la Lumbre y de la Umbría. Bueno, digamos que ellos estaban un poco aburridos y, aunque no se llevan bien, decidieron realizar un juego muy divertido, donde eligieron un planeta en común de un universo y decidieron buscar un jugador en cada universo relacionado de ese planeta. Cada jugador fue seleccionado como representante de su universo y, no solo eso, también representan a los Primordiales que los eligieron. Tranquilos, no pasará nada; lo único que deben hacer es jugar, trabajar en equipo y todo saldrá bien. Por favor, entren por esta puerta.

Todos entraron y quedaron sorprendidos. Hernion fue el último en entrar. Él vio los rostros de los demás y miró hacia adelante poniendo una cara pálida.

«¿Qué es esto?»

Todos los jugadores se encontraban en los lados de la punta de una torre enorme y oscura, donde no se podía ver nada más abajo. Contenía una cantidad infinita de niveles. El olor era insoportable, el ambiente oscuro con una cuanta niebla pesada. Hernion miró alrededor con la mirada buscando una salida mientras se tapaba la nariz.

En eso escuchó unos gritos infernales cargados en tono de aflicción y diversión:

—¡Ahhhhhhh! ¡Ayuda! ¡Por favor, ayuda! ¡Sálvame! ¡Ven aquí! ¡Acércate! ¡Dame tu garganta! ¡Quiero tu piel! ¡Dame tu cerebro!

Todos se mantuvieron firmes escuchando. De pronto, una puerta se abrió en el medio de la torre, se mantuvo flotante. Aparecieron dos criaturas de cabello rojo, ojos rojos, cuerpo redondo, unos cuernos en su cabeza y unos dientes filosos. Uno dijo:

—Me llamo Pompón.

El otro dijo:

—Me llamo Pampam. Bueno, supongo que los apestosos Vigías de la Lumbre ya les explicaron cómo es esto.

Un ser con mirada calmada levantó la mano y preguntó:

—¿Puedo renunciar a esto? Esos seres de antes dijeron que sería un juego en equipo y que todo saldría bien, pero ¿qué es este lugar?

Pampam, con cara de aburrimiento, dijo:

—Ahhh, esos idiotas, seguro querían no alarmarlos. Bien, para que entiendan mejor: los Primordiales querían llegar a un acuerdo para calmar su aburrimiento, así que decidieron traer jugadores de un planeta seleccionado que existiera en cada universo. Solo hubo veintidós universos donde un planeta coincidió, por lo tanto, se decidió a la suerte los veintidós Primordiales que participarían. Cada Primordial salió al universo que le corresponde y eligió un jugador que lo representara en este juego. Solo hay un ganador. Por lo tanto, no pueden renunciar o serán aniquilados. Este juego trata de sobrevivir. Vean esta torre: es la Torre del Infinito. Lo que deben hacer es bajar cada nivel para conseguir los fragmentos de una llave. Cuando tengan todas, se formará la llave; podrán abrir la puerta a su universo y regresar a casa. Solo hay una regla: si un jugador obtiene un fragmento, no se le puede quitar.

Unas esferas brillantes de luz aparecieron a la altura de cada jugador.

—Esas son Amparo. Les ayudarán a conseguir y encontrar los fragmentos de la llave. Además, cuando estén en una situación de vida o muerte, podrán convocar a los Primordiales que los escogieron y recibir su ayuda. Solo tendrán una oportunidad.

Un silencio sombrío, frío, se mantuvo entre los jugadores. Pompón señaló:

—Ustedes deben ser hábiles, ya que, como el mismo nombre lo dice, esta torre es infinita. Repito: infinita. Ahora, todos los jugadores, por favor, manténganse en su lugar.

Cada uno se mantuvo en su lugar y bajó, cayendo estruendosamente en el piso número uno de la Torre Infinita. Unas manos comenzaron a emerger de los muros de las paredes de ese nivel, salieron atravesando los muros; gusanos gigantes comenzaron a salir de las paredes y los gritos se intensificaron. Cada uno se separó y comenzó a buscar el primer fragmento.

En eso, una voz se escuchó; era Pampam, quien dijo:

—Me olvidaba: esos Amparos se pueden transformar en un arma que más los represente, para ayudarlos a conseguir los fragmentos de la llave.

Hernion salió desesperado, se adentró en un lugar tipo habitación, se dio la vuelta y vio cómo una mujer lloraba en un rincón. Él se acercó y le preguntó si estaba bien. Al tocarla, ella levantó su mirada: ojos rojos y lágrimas de sangre, y comenzó a jalarle las manos mientras decía:

—¡Sálvame! ¡Sálvame! ¡Sácame de aquí!

Él se quedó estupefacto, con la cara aterrada, mientras daba unos pasos atrás y tropezaba. La mujer le dijo:

—¿No me vas a ayudar? Entonces no me sirves.

Y comenzó a abrir una enorme boca con filosos dientes y siete lenguas que lo sujetaron y lo estrangularon con una de ellas del cuello. Hernion, con la voz apagada, dijo:

—Ayuda, ayuda, ayu… d…

Entonces, una chica gigante de cabello rosa, ojos dorados, orejas puntiagudas apareció con un enorme martillo, aplanando la cabeza de la mujer y salpicando sangre por todas partes. Hernion la observó asombrado, mientras la gigante le dijo:

—Hola, soy Dancer. ¿Quieres ser mi amigo?

Y sonrió con una cálida sonrisa.




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