Hernion X Infinito

Capítulo III: Dancer

Hernion no le respondió y bajó la mirada, preso del miedo. Dancer lo observó desde su enorme altura y le dijo:

—Eres muy pequeño.

Lo levantó con delicadeza, sujetándolo entre sus dedos como si fuera un muñeco de porcelana. Mientras lo hacía, le disparó preguntas entusiasmada:

—¿No puedes hablar? ¿Cómo te llamas? ¿De qué universo eres? ¿Qué primordial te eligió? Este lugar da miedo, ¿verdad?

Hernion, con el rostro desencajado por el asombro y el vértigo, alcanzó a decir:

—Tu voz... es muy fuerte. Me hace doler los oídos.

Dancer, sorprendida, bajó la voz, apenada:

—Ay, ¡lo siento mucho! Debe ser muy fuerte para alguien tan pequeño. ¿Qué tal si hablo más bajito? ¿Te parece?

Hernion asintió con la cabeza, pero al mirar hacia abajo y ver la distancia, sintió que el mundo le daba vueltas.

—Bájame —pidió.

—Está bien —respondió Dancer, y lo depositó en el suelo.

Hernion suspiró aliviado... hasta que sintió algo extraño rozándole los tobillos. Miró hacia abajo y vio gusanos retorciéndose, enroscándose entre sí, intentando trepar por sus pies. Un escalofrío le recorrió la espalda. El asco lo paralizó por un instante, y luego, sin pensarlo, levantó los brazos hacia Dancer.

—¡Levántame! ¡Rápido!

Dancer parpadeó, sorprendida por el cambio de opinión, pero lo alzó velozmente. Al verlo tan alterado, no pudo evitar esbozar una sonrisa burlona.

—Jajajaja... ¿Te dan miedo esos bichitos?

Hernion la fulminó con la mirada.

—¡Cállate! ¡Me estás haciendo doler los oídos otra vez!

Dancer se tapó la boca al instante.

—Perdón, perdón. Es que esas cosas son muy pequeñas para mí... pero supongo que para ti no. Oye, ¿y si hacemos equipo?

Hernion la miró, pensó por un segundo y asintió.

Dancer frunció el ceño.

—Pero no puedo tenerte en la mano todo el tiempo. Si aparece un enemigo, ¿cómo voy a luchar?

Hernion la observó con atención y luego señaló hacia su propia cabeza.

Dancer siguió la dirección de su dedo y comprendió.

—¡No! —respondió tajante, con el rostro serio.

Hernion se quedó en shock.

—¿Por quéeee?

—No preguntes. Solo baja. No creo que esos bichos te maten.

Dicho esto, comenzó a bajarlo nuevamente hacia el suelo infestado. Hernion, preso del pánico, se aferró con todas sus fuerzas a uno de sus dedos. Dancer movió la mano, intentando sacudírselo, pero él se mantuvo firme, aferrado.

Pasaron los minutos. La lucha silenciosa entre la fuerza de ella y la determinación de él se alargó... hasta que algo apareció detrás de Dancer.

Un gusano enorme, colosal, emergió de las sombras. De su cuerpo brotaban siete cabezas humanoides, grotescas y deformes. Una de ellas, con rostro de anciana, ojos cicatrizados y el cabello desordenado y mal alineado, habló con una voz quebrada:

—Vaya, vaya... ¿Acaso estos son los nuevos jugadores? Se ven muy débiles. Al contrario de los otros.

Las demás cabezas rieron al unísono, un sonido cavernoso que retumbó en las paredes del nivel.

—Mejor no perdamos el tiempo —dijo otra.

Dancer no dudó. Miró a Hernion con determinación.

—Escucha —le dijo en voz baja—. Cuida bien de mi cabello. Si no, te daré una paliza que vas a recordar.

Y sin más, lo elevó y lo dejó caer suavemente sobre su propia cabeza. Hernion se aferró a sus cabellos como si le fuera la vida en ello. Dancer, ahora libre de preocupaciones, se colocó en pose de pelea, sujetando su martillo con ambas manos.

Las siete cabezas hablaron al mismo tiempo:

—Cuánto valor tienes, pequeña.

—Oigan —preguntó Dancer, desafiante—, ¿ustedes saben si aquí hay un fragmento de la llave?

Las cabezas rieron con desprecio.

—Eso no... nos importa.

Y sin más preámbulos, comenzaron el ataque.

Dancer esquivó los primeros golpes, girando y golpeando con su martillo en todas direcciones.

—¡Sujétate bien! —le gritó a Hernion.

Las siete cabezas abrieron sus fauces y lanzaron un ataque de energía ácida azul ardiente que derritió las paredes de la torre y todo lo que tocaba. Dancer lo esquivó por centímetros, moviéndose con una agilidad pasmosa para su tamaño. Las cabezas rieron, disfrutando del espectáculo.

Dancer corrió por las paredes, saltando de una a otra mientras el ácido le lamía los talones. De repente, vio una oportunidad. Se lanzó hacia la cola de la bestia, la sujetó con todas sus fuerzas y, aplicando cada gramo de su fuerza, levantó al gusano y lo estrelló contra el suelo.

Sin soltar el martillo, saltó sobre él y comenzó a golpear una y otra vez.

—¡¿Dónde está el fragmento?! —gritó mientras golpeaba—. ¡Díganmelo!

Los golpes no cesaron. El silencio se hizo presente. Hernion, desde lo alto de su cabeza, le dijo:

—Oye... detente. ¿No ves que ya están muertos? Mejor vamos a buscar el fragmento.

Dancer observó el cadáver humeante y soltó el martillo, algo apenada.

—Ay, lo siento, no me di cuenta. Bueno, ¡vamos!

Salieron del lugar, dejando atrás los restos del gusano. Mientras caminaban, Dancer preguntó:

—Por cierto, aún no tienes tu arma, ¿cierto?

Hernion se sorprendió.

—¿Cómo lo sabes?

Dancer señaló hacia su propia cabeza. Hernion miró hacia arriba y vio el Amparo brillando sobre él. Parpadeó, confundido.

—No me había dado cuenta —murmuró, y luego preguntó—: ¿Cómo hiciste para conseguir la tuya?

—Pues solo toqué la esfera y se transformó en esto —dijo Dancer, mostrando su martillo con orgullo—. ¿No es lindo? Me gusta su detalle. ¿Por qué no lo intentas? Quiero saber cómo es el tuyo.

Hernion negó con la cabeza.

—No quiero pelear. Yo solo esperaré.

Dancer lo miró con curiosidad, pero no insistió. Cambió de tema.

—Oye, quien encuentre el fragmento primero se lo queda. Por el momento, trabajemos en equipo.

—No es necesario —respondió Hernion—. Pero gracias por salvarme. Supongo que te ayudaré... quién sabe, tal vez encuentre lo que busco en este lugar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.