—¿Escuchaste la conversación? —preguntó Hernion, mientras mantenía la cabeza agachada.
—Me contaron —respondió Rey.
Las criaturas de ojos grandes que volaban a su alrededor comenzaron a reírse con un sonido agudo, parecido al de campanillas desafinadas. Hernion las miró con una expresión amenazante, pero ellas solo se burlaron más, sacándole la lengua y haciendo muecas.
Un grito desgarrador rompió el aire a lo lejos.
Ambos se alertaron.
—¡Dancer! —exclamaron al mismo tiempo.
Corrieron hacia la dirección del grito, esquivando árboles y ramas, hasta que encontraron a Dancer en una pequeña claridad. Estaba forcejeando con un grupo de Lilit, que tiraban de su cabello con evidente diversión, enredándose entre sus mechones rosados como si jugaran con cuerdas.
—¡Deténganse! —ordenó Rey con voz firme.
Los Lilit soltaron el cabello de Dancer y se alejaron, observando la escena con curiosidad.
Dancer se giró y sus ojos estaban llorosos.
—¡Rey! —gritó, la alegría iluminando su rostro—. ¡Estás vivo!
Pero entonces su mirada se encontró con la de Hernion. Ambos se miraron fijamente, un silencio incómodo los envolvió.
Hernion fue el primero en hablar.
—Lo siento —dijo, con voz baja pero firme—. No debí hablarte de esa forma.
Dancer lo miró, sorprendida. Luego, una sonrisa temblorosa se dibujó en sus labios.
—Yo también lo siento —respondió—. Puse mis objetivos por delante de todo. Cada quien tiene sus propias cosas, lo entiendo. Pero no me voy a rendir. Tengo la idea de que todos salgamos juntos. Comamos mucho. Demos un paseo.
Extendió su mano cerrada en un puño, tan grande, y la acercó a ellos.
—Promesa de gigante.
Hernion la miró en silencio. Luego, negó suavemente con la cabeza.
—Mis objetivos son diferentes a los tuyos. No creo poder cumplir con lo que dices.
Dancer bajó la mirada, pero antes de que la tristeza pudiera instalarse, Hernion continuó:
—Pero... si te hace sentir mejor, los acompañaré a ambos.
Y alzando su pequeño puño, chocó contra el de ella.
Dancer sonrió, y esa sonrisa iluminó todo a su alrededor.
—Espero que todos cumplamos nuestros objetivos —dijo Rey, uniendo su puño al de ellos.
Los tres sonrieron. Bueno, dos sonrieron. Hernion mantenía su eterna expresión de melancolía, pero había algo distinto en sus ojos.
—Por cierto, Dancer —dijo Rey, rompiendo el momento—. Estas criaturas me acaban de decir que un monstruo enorme y enojado se puso a destruir su hogar. ¿No lo habrás visto?
Dancer desvió la mirada al instante. Sus mejillas se sonrojaron.
—No —respondió, con voz fría y poco convincente.
—¿Cómo puedes negarlo? —preguntó Rey, cruzando los brazos—. ¿No te da vergüenza?
Dancer apretó los labios, y finalmente asintió, avergonzada.
—Sí —admitió—. Lo siento.
Rey se comunicó con los Lilit. Luego, se giró hacia Dancer.
—Tienes suerte —dijo—. Los Lilit te disculpan.
—¡Muchas gracias! —exclamó Dancer, inclinándose ligeramente.
—Les di mi piel —explicó Rey—, y están muy agradecidos.
—Ah, ¿era por eso? —Dancer se quedó un momento pensando y luego observó confundida—. Y yo conmovida por su amabilidad... —expresó confusa.
—Estas criaturas, los Lilit, son muy territoriales —continuó Rey—. De hecho, si no fuera por lo que estaba mudando, nos habrían atacado y torturado hasta verme mudar.
—¡Pero qué criaturas más aterradoras! —exclamó Dancer—. ¡Son unos monstruos!
—Gracias a eso —dijo Rey con una sonrisa—, nos darán un montón de comida.
La expresión de Dancer cambió radicalmente. Sus ojos brillaron con un destello de emoción.
—¡Qué criaturas tan agradables! —dijo, frotándose las manos.
Los Lilit comenzaron a guiarlos a través del bosque, revoloteando a su alrededor como luciérnagas gigantes. Los llevaron al centro del nivel, un lugar donde el bosque se abría en una claridad cálida, llena de árboles cargados de frutas raras y coloridas.
A pesar de la aparente tranquilidad, el ambiente era pesado. Caótico. Algo en el aire vibraba con una tensión apenas contenida.
Los Lilit comenzaron a recolectar frutas, acumulándolas en montones. También trajeron telas extrañas, hechas de fibras vegetales, y comenzaron a confeccionar ropa para ellos.
Dancer, Hernion y Rey descansaron cómodamente, comiendo las frutas que los Lilit les ofrecían.
—Debemos comenzar a buscar el fragmento —dijo Rey, mordiendo una fruta con forma de estrella.
Un Lilit se acercó a él y emitió una serie de sonidos. Rey lo escuchó con atención y luego asintió.
—Un jugador se lo llevó —tradujo—. Ni modo. Tendremos que bajar al cuarto nivel.
—¿Cómo puedes comunicarte con esas criaturas? —preguntó Hernion, curioso.
—Lo aprendí —respondió Rey con sencillez.
—¡Eso es increíble! —dijo Dancer, con la boca llena de fruta, con jugo escurriéndose por su barbilla.
Rey la miró con desagrado.
—No es tan complicado. Los analicé y encontré un patrón muy similar en su comunicación. Por eso los entendí.
Hizo una pausa y añadió, molesto:
—Y come con la boca cerrada. Estás derramando comida por todas partes.
—¡Déjame! —protestó Dancer—. Los gigantes valoramos mucho la comida. ¡Comemos con orgullo!
Hernion intervino:
—¿Por qué no les preguntas sobre este lugar? Cómo salir, o la ubicación de los fragmentos.
Dancer asintió con entusiasmo.
—¡Sí, hazlo!
Rey dudó.
—Presiento que no es una buena idea.
—Inténtalo —insistió Dancer.
Rey se acercó a los Lilit, que lo observaban con sus enormes ojos brillantes. Cuando formuló la pregunta, los ojos de las criaturas cambiaron. Se volvieron aterradores, profundos, antiguos. Una luz siniestra bailó en sus pupilas.
Rey retrocedió lentamente.
—¿Qué? —preguntó Dancer—. ¿Te fue bien?
—Sí —respondió Rey, con voz tensa—. Mejor alistémonos para bajar al cuarto nivel.