Hernion X Infinito

Capítulo XI: Black

Hernion abrió los ojos lentamente, la conciencia regresando a su cuerpo como una marea lenta y pesada.

—¡Ya despertaste! —exclamó Dancer con una sonrisa—. ¿Quieres comer?

Le ofreció una fruta con su enorme mano.

—Bájame —pidió Hernion, con voz aún débil.

Dancer lo depositó suavemente en el suelo. Hernion se incorporó, estiró los brazos y la miró fijamente.

—¿Por qué tienes los ojos hinchados?

Dancer negó con la cabeza.

—¿Yo? No tengo los ojos hinchados. Mira, tú sí los tienes. Están muy rojos.

—Siempre han sido así —respondió Hernion con naturalidad—. Por cierto, ¿dónde está Rey?

—Salió a buscar el fragmento.

En ese momento, partículas brillantes se reunieron en el aire, girando cada vez más rápido hasta condensarse en un objeto sólido: un fragmento, flotando en el centro.

—¡Dancer! —gritó Hernion—. ¡Ve a tomarlo!

Dancer se levantó de un salto, lista para correr. Pero entonces se detuvo. Miró el fragmento, miró a Hernion, y volvió a sentarse.

—Sabes —dijo, con un aire tranquilo—, creo que mejor que este lo tome otro. Todos deben tener una oportunidad. Yo lo buscaré en el siguiente nivel.

Los jugadores que también habían visto el fragmento comenzaron a correr hacia él desde distintas direcciones. Pero una brisa rápida pasó entre ellos, casi imperceptible, y el fragmento desapareció.

La brisa regresó, dejando caer el fragmento en las manos de Rey, que apareció de entre la multitud. El fragmento brilló un instante y se fundió con su arco.

Rey sonrió, satisfecho, y regresó hacia sus compañeros.

—¡Ganaste el fragmento! —exclamó Dancer cuando lo vio acercarse.

Rey asintió, mostrando su arco.

—Felicidades —dijo Dancer, y luego añadió con energía renovada—: ¡Es hora de ir al quinto nivel!

—¿Cómo encontraremos la salida? —preguntó Hernion.

Rey observó todas las direcciones mientras pensaba. Sacó su arco y disparó una flecha que chocó con un espejo, y así sucesivamente siguió disparando flechas hasta que una no impactó con nada, dejando un rastro de energía. Así pudo visualizar la salida.

—Vamos —dijo Rey.

Dancer los elevó hasta su cabeza y emprendieron la marcha.

Llegaron al borde del nivel. Dancer saltó sin dudar, cayendo con suavidad en el quinto nivel.

El paisaje que los recibió era de ensueño. Un cielo de tonos azulejos se extendía infinito, y en el centro, un árbol enorme se alzaba majestuoso. Sus raíces formaban pozas de agua cristalina, y en el suelo, pequeños brotes verdes asomaban entre las piedras. El árbol florecía y perdía sus pétalos en un ciclo eterno, y de sus ramas colgaban frutos dorados que brillaban con luz propia.

—¡Qué lugar más lindo! —exclamó Dancer, los ojos brillándole de emoción—. ¡Hay agua! ¡Podremos darnos un baño! Después de encontrar el fragmento, nos damos un baño. ¿Sí? ¡Vamos!

Caminaron un rato, disfrutando del paisaje, hasta que una voz con tono desequilibrado los detuvo.

—El fragmento ya se lo llevaron.

—¿Qué? —dijo Dancer, confundida.

—¿Cómo? —preguntó Rey, poniéndose en alerta.

—Vinieron unos jugadores —continuó la voz— y les propuse un juego. Solo uno aceptó, y se llevó el fragmento. Ahora deben estar en el sexto nivel.

De entre las ramas del gran árbol, una figura descendió lentamente. Era un ser completamente negro, una silueta humanoide con capucha de la que asomaban orejas puntiagudas. Partículas oscuras se desprendían de su cuerpo, flotando a su alrededor como polvo de estrellas invertidas. En su mano sostenía un puru, del que bebió un largo trago antes de acercarse tambaleándose.

—Hola —dijo, con una voz que parecía venir de muy lejos—. Soy Black. Como pueden ver, no hay nada aquí. Así que será mejor que se apuren si quieren conseguir más fragmentos.

Rey entrecerró los ojos.

—No confío en él. Puede que mienta.

—No gano nada con mentir —respondió Black, encogiéndose de hombros—. Váyanse ya.

Dancer no lo escuchaba. Sus ojos estaban fijos en las pozas de agua cristalina.

—¡Entonces aprovechemos para darnos un baño! —gritó, y se lanzó feliz a la poza más cercana, salpicando agua por todas partes.

Hernion la observó un momento y luego, con una decisión inesperada, también se lanzó a una poza pequeña. El agua fresca lo envolvió, y por primera vez en mucho tiempo, su expresión se relajó.

Rey se sentó a un lado, cruzado de brazos, observando con desconfianza a Black.

—Yo no voy a entrar —dijo—. Ese tipo puede intentar algo.

—¡No seas cochino! —gritó Dancer desde el agua—. ¡Métete a una poza, o te meto yo!

—No —insistió Rey.

—Entonces lo aplastaré con mi arma si intenta algo —dijo Dancer con una sonrisa pícara—. Relájate un momento. No sabes si tendremos otra oportunidad como esta para descansar.

Rey negó con la cabeza. Dancer lo sujetó y lo elevó. Rey le dijo que no hiciera lo que estaba pensando. Dancer solo sonrió y lo arrojó al agua.

—¡Oye! —protestó Rey, emergiendo entre salpicaduras.

Dancer se rio y comenzó a tirarle agua. Un chorro alcanzó a Hernion, que respondió devolviendo el ataque. Pronto, los tres estaban enfrascados en una guerra acuática, salpicándose, riendo, olvidando por un instante el horror del lugar.

Hernion sonrió.

Fue una sonrisa pequeña, casi imperceptible, pero estaba ahí.

—¡Deberías hacer eso más a menudo! —dijo Dancer, señalándolo.

—Sí —añadió Rey—. Te queda bien.

Hernion se quitó los lentes, sacudiendo el agua, y por un momento sus ojos se encontraron con los de ellos.

—Supongo que sí —dijo.

Desde la orilla, Black observaba la escena. Bebió y murmuró para sí mismo, con nostalgia:

—Vaya... no has cambiado nada.

Rey, recuperando la compostura, se acercó.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo, mirando a Black.

—Por supuesto —respondió el ser oscuro, con una sonrisa ebria—. Pero deben jugar un juego conmigo.




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