Hitotsu no Katei

Capítulo 6: Mañana de verdades y vergüenzas

La mañana siguiente comenzó con una calma engañosa. Los primeros rayos de sol iluminaban el comedor mientras Haruto preparaba el desayuno, moviéndose con pesadez: apenas había logrado pegar ojo. Cada vez que estaba por quedarse dormido, la conciencia de tener a Reina a su lado lo despertaba de golpe.

Ella, en cambio, entró a la cocina impecable, con el uniforme perfecto y la misma serenidad de siempre.

—Buenos días.

—B-Buenos días... —respondió él sin atreverse a mirarla directamente.

Poco después sonó el timbre. Al abrir la puerta apareció Hina, llena de energía, pero al ver a Haruto frunció el ceño de inmediato:

—¿Qué te pasa? Tienes la cara roja como un tomate.

—N-No es nada... —balbuceó él.

—No te creo —replicó ella cruzándose de brazos.

Haruto miró a Reina pidiendo auxilio con la mirada. Fue un error fatal.

—Está así porque anoche lo estuve abrazando mientras dormíamos y su cara quedó apoyada en mi pecho —dijo ella con total naturalidad.

Silencio absoluto. La cuchara se le escapó de las manos a Haruto.

—¡¡¡¡¡REINAAAAAAAAAAAAA!!!!! ¡¡¡¿POR QUÉ CUENTAS ESO?!!!

—¿No debía decirlo? —preguntó ella inocentemente.

—¡¡¡NOOOOOOOO!!!

Hina tardó unos segundos en procesarlo, y luego una sonrisa enorme se le dibujó en el rostro:

—Así que ya empezaron...

—¡¡¡NO PASÓ NADA!!! —gritó Haruto agitando los brazos— ¡Solo dormimos!

—Correcto —asintió Reina—. Pero sí lo abracé, sí apoyó la cara ahí y sí dormimos juntos.

—Por favor... deja de responder todo... —suplicó él golpeando suavemente la mesa con la frente.

—¿Sobreviviste? —preguntó Hina conteniendo la risa.

—¡A duras penas! ¡Y no pegué un ojo en toda la noche!

Reina tomó un sorbo de té con elegancia.

—Yo sí dormí muy bien.

Hina estalló en carcajadas.

—¡Eres increíblemente terrible, Reina!

—¡La culpable eres tú por preguntar! —se quejó Haruto.

—Yo solo quería saber por qué estaba rojo —se defendió ella entre risas.

—¡Y ella soltó demasiados detalles!

—¿Había demasiados detalles? —preguntó Reina confundida.

—¡¡¡SÍ!!!

—Entiendo —asintió ella seria—. La próxima vez diré simplemente que dormimos abrazados.

—¡¡¡ESO NO ES RESUMIR NADA!!!

Mientras Hina se doblaba de risa y Reina ladeaba la cabeza sin entender tanto alboroto, Haruto no pudo evitar recordar: al final, contra todo pronóstico, se había quedado dormido. Y al despertar, aquel aroma suave y familiar que conocía de las tardes en el parque lo envolvía de nuevo... pero ahora había algo más: dos cosas suaves y cálidas que no había sentido cuando eran niños, y que lo habían hecho despertar con el corazón latiendo a mil por hora y la cara ardiendo mucho antes de que Hina apareciera.

Mientras Hina seguía riéndose y Haruto ocultaba el rostro entre las manos, Reina simplemente inclinó la cabeza con curiosidad.

—¿De verdad fue tan vergonzoso?

Haruto levantó la vista lentamente.

—...Para cualquier chico de dieciséis años, sí.

Reina guardó silencio unos segundos.

—Ya veo.

Dio otro sorbo a su té y añadió con total naturalidad:

—Entonces procuraré que te acostumbres poco a poco.

—¡¡¡¿POCO A POCO?!!!

Hina volvió a estallar en carcajadas.

La mañana avanzaba tranquila mientras los tres caminaban por el sendero principal que unía las residencias con el edificio central. Los pétalos de cerezo caían a su alrededor, creando una imagen perfecta... salvo por la discusión que Hina mantenía con Haruto.

—No puedo creer que hayas sobrevivido a la noche —decía ella con una sonrisa burlona.

—¿Podemos dejar ese tema de una vez? —suspiró él por enésima vez.

—No.

—¿Por qué no?

—Porque es demasiado divertido.

—¡No tienes derecho a seguir molestándome!

—Claro que sí —respondió ella con orgullo—. Soy la mejor amiga de Reina. Es prácticamente mi obligación molestarte.

—¡Eso te lo acabas de inventar!

—Los detalles no importan.

Haruto se llevó una mano a la frente.

—Eres imposible...

—Gracias.

—¡No era un cumplido!

—Lo acepto igual.

Unos pasos más adelante, Reina caminaba con su habitual elegancia, escuchando todo en silencio. Una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios: era exactamente igual que cuando eran niños.

Sin embargo, no estaban solos. Poco a poco iban apareciendo más estudiantes que se dirigían a las aulas. Al verlos, las conversaciones se apagaban:

—¿No es la presidenta?

—Sí... y el chico de primer año...

—¿El que anunció ayer que sería su esposo?

—¿Y la vicepresidenta también va con ellos?

Los rumores empezaron a correr mientras Haruto seguía totalmente concentrado en defenderse.

—¡De verdad, cambia de tema!

—¿Cuál? —preguntó Hina con malicia— ¿El de cómo despertaste abrazando a Re—

De repente se detuvo. Miró a su alrededor: decenas de pares de ojos los observaban con curiosidad. Y entonces esa sonrisa traviesa que Haruto conocía tan bien apareció en su rostro.

—...No —susurró él.

Hina respiró hondo y alzó la voz:

—¡¡OIGAN TODOS...!!

Por instinto, Haruto dio un paso rápido y le tapó la boca con la mano.

—¡¡NO!! ¡Ni una palabra!

—¡¡Mmmmmm!! —se quejó ella intentando soltarse.

Los estudiantes miraban atónitos.

—¿El chico acaba de callar a la vicepresidenta? ¿Está loco?

Hina le quitó la mano de un tirón.

—¡¿Qué te pasa?!

—¡Ibas a contarlo todo!

—¡Pues claro que iba a hacerlo!

—¡No puedes ir diciendo esas cosas!

—Entonces suéltame.

—No.

Hina se acercó hasta quedar cara a cara con él.

—¿Ah, no? Entonces prepárate.

Y antes de que pudiera reaccionar, le estiró ambas mejillas con fuerza.

—¡¡¿Quién te crees para taparme la boca?!!

—¡¡Duele!!

—¡Bien merecido!

Haruto entrecerró los ojos, levantó las manos y le devolvió el pellizco.



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En el texto hay: escolar, romance, harem

Editado: 18.10.2026

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