Es el día de la competencia. Tengo mi vestuario listo y la música ya está en manos de Elisa. Ahora mismo estoy en la pista repasando por tercera vez la rutina. Como estoy totalmente enfocada en el hielo, dejé en el congelador la charla pendiente que tengo con Zayden; hoy necesito paz mental. Naomi está calentando a un lado mientras Cameron se asegura de que todas sus cosas estén en orden. Luka y Mindy nos trajeron algunos bocadillos energéticos para mantenernos activas porque, a decir verdad, después de la pijamada no pude dormir casi nada, y menos tras todas las verdades que soltó Liora.
—Ivanna, se acabó tu tiempo. Le toca a Naomi —anuncia Elisa mientras habla con los encargados del evento que deben medirnos y pesarnos.
Salgo del hielo justo cuando va entrando Naomi.
—Ve a tomar agua, necesitas descansar un poco —me dice ella antes de iniciar su ensayo.
Lo bueno es que las delegaciones de los otros estados empiezan a llegar dentro de una hora, así que por ahora la pista es toda nuestra.
Me acerco a las gradas y me siento a tomar agua, pero en ese momento veo entrar a Zayden.
—Hola, preciosa. ¿Cómo va todo? —saluda al acercarse.
—¿Dónde coño estabas? Me dijiste que ibas a estar aquí conmigo desde temprano —digo un poco molesta.
—Lo sé, no te enojes conmigo... es que fui a comprar esto —dice sacando de su bolso la bandera de Venezuela.
—Tú... ¿la compraste para mí? —interrumpo sorprendida.
—Sí, para apoyarte como te mereces —menciona sonriendo.
Me levanto de inmediato y lo abrazo por el cuello.
—Increíble cómo pasamos del odio al amor en tres segundos —murmuro contra su pecho.
—Perdón, es que ha sido un día bastante caótico. No debería estar tan nerviosa, no es mi primera competencia, pero...
—Es la competencia que puede cambiar tu vida —completa Zayden mirándome fijamente a los ojos.
—Exacto.
Un rato después, el pabellón comienza a llenarse y la competencia está a punto de dar inicio. Me despido rápidamente de mis padres, que ya están acomodados en las gradas, y Zayden me da un tierno beso en los labios.
—Mucha suerte. Tú puedes con esto.
Le sonrío y me dirijo hacia la entrada de la pista junto a Naomi y Liora.
—Que gane la mejor —digo mirándolas.
—Mucha suerte a las dos —desea Naomi.
—Lo mismo digo —añade Liora.
Nos damos un breve abrazo de apoyo antes de la apertura oficial.
La jornada arranca con la categoría de Parejas. La pareja de nuestro equipo no la conozco a fondo, pero sé lo duro que se han esforzado y lo hacen excelente. Naomi, Liora y yo llevamos nuestras chaquetas deportivas puestas sobre el traje, así que nadie ha visto nuestros vestuarios aún.
Tras lo que se me hizo una eternidad, finalmente da inicio la categoría Individual Femenina. La primera de nuestro grupo en salir al hielo es Liora.
Su vestuario tiene un degradado impresionante en tonos azul oscuro que se van aclarando hacia los bordes, con el toque justo de pedrería. Su rutina y su diseño simbolizan la luz al final del túnel. Ejecuta cada salto con una precisión matemática impecable. Su presentación es hermosa y los jueces le otorgan una puntuación de 177.20 puntos.
Después entran dos patinadoras de otras delegaciones que obtienen notas bajas debido a que una falló en el Triple Axel y la otra sufrió una caída aparatosa.
Entonces toca el turno de Naomi. Al anunciarla, el pabellón estalla en aplausos, destacando los gritos de Cameron, Mindy, Luka, Zayden, mis padres y los de ella. Su rutina se desarrolla con una fluidez espectacular, y aunque tiene un leve tropiezo en un giro, sabe disimularlo como la profesional que es. ¡Estoy tan orgullosa de mi amiga! Su traje es negro azabache con destellos elegantes, representando la rebeldía y el dolor transformados en arte. Al finalizar, la pantalla marca 168.40 puntos.
Al salir del hielo la recibo con un abrazo apretado. Aunque sé que ese puntaje la deja fuera del podio en el 4.º lugar, su esfuerzo fue extraordinario.
—¿Estás bien? —le susurro.
—Tranquila, lo estoy —sonríe con nostalgia.
Me separo de ella y veo cómo Cameron la rodea con los brazos, momento en el que ella se permite soltar un par de lágrimas de desahogo en su pecho.
De pronto, los altavoces resuenan con mi nombre.
Me quito la chaqueta. El vestuario me aprieta el pecho en un abrazo firme de lycra y pedrería. Es un diseño espectacular inspirado en el araguaney: un amarillo dorado vibrante que cubre el torso y la falda, salpicado de miles de cristales que simulan las flores amarillas al destellar bajo los focos de la pista, con sutiles bordados en tonos marrón roble y verde olivo a lo largo del escote y la espalda. Representa exactamente lo que soy: la fuerza de un árbol que florece de golpe tras la sequía, el sol radiante de mi tierra y el renacer después de la tormenta.
Las gradas del complejo deportivo están a reventar. El murmullo constante del público y el rasguño metálico de las cuchillas crean una atmósfera cargada de adrenalina. Desde el túnel de acceso, diviso a mi grupo: mi mamá aprieta un rosario entre sus manos en oración; Naomi grita junto a Cameron; Luka y Mindy están sentados lado a lado, mirándome con expectación; y justo en la primera fila, Zayden. Tiene la mirada fija en mí, transmitiéndome una serenidad absoluta mientras sostiene con orgullo la bandera tricolor entre sus manos.
—Es tu momento, Ivanna —susurra mi entrenadora Elisa, dándome un firme apretón en los hombros—. Patina por ti, por todo lo que has luchado y por cada paso que te trajo hasta aquí.
Pisé el hielo. La sensación del frío subió por mis tobillos mientras las cuchillas se deslizaban sin esfuerzo sobre la superficie pulida. Me ubiqué en el centro exacto de la pista, coloqué las piernas en posición inicial y levanté el mentón. Alcé los brazos como ramas extendidas hacia el cielo, cerré los ojos y dejé ir todo el aire de mis pulmones.