Inalcanzable

Capítulo 4

A las ocho de la mañana, la casa estaba envuelta en un silencio sepulcral. Sofía y Valentina se habían ido temprano, mis padres continuaban en su viaje de aniversario y Evan se había ido al gimnasio. Estaba completamente sola, o al menos eso pensaba yo, hasta que el timbre sonó con una insistencia que aceleró mi pulso a mil por hora.
Me ajusté la bata de seda sobre el pijama, pasé una mano desordenada por mi cabello y abrí la puerta.
Cameron estaba parado en el umbral. No llevaba la ropa de entrenamiento de siempre, sino unos pantalones oscuros y una camiseta negra que moldeaba cada centímetro de sus hombros. Tenía el cabello aún húmedo de la ducha y la mirada clavada en la mía con una urgencia que hizo que el aire se me escapara de los pulmones. Dio un paso hacia el interior antes de que pudiera protestar, cerrando la puerta con un golpe seco a sus espaldas.
El chasquido del cerrojo retumbó en el recibidor. Antes de que pudiera formular una sola palabra sarcástica, Cameron acortó la distancia. Me tomó suavemente de la cintura y me empujó de espaldas contra la pared de madera del pasillo, ahogando cualquier protesta con la firmeza de su cuerpo contra el mío.

-Cameron...

Susurré, sintiendo cómo el calor de su piel atravesaba la tela fina de mi ropa.

-shh

Me interrumpió, pegando su frente a la mía. Su respiración era rápida, irregular.

-llevo toda la noche sin dormir, Luna. Toda la maldita noche pensando en ti, en cómo te veías ayer, en cómo me mirabas... me estás volviendo completamente loco

La rudeza inicial de su agarre se transformó en algo distinto. Sus manos subieron despacio por mis costados hasta acunar mi rostro con una ternura que me desarmó por completo. Sus pulgares acariciaron mis pómulos con una devoción casi reverente.

-intento recordar que eres la hermana de Evan, te lo juro

Murmuró, con la voz rota y los ojos clavados en los míos.

-intento repetirme que esto es un error, que va a arruinarlo todo... pero luego me sonríes, me respondes con ese sarcasmo tuyo, me miras como me miraste en el pasillo, y todo mi autocontrol se va al diablo. No puedo parar, Luna. No quiero parar

El corazón me dio un vuelco brutal.

-¡Cameron! ¡Vi tu auto afuera! ¿Por qué dejaste la puerta con seguro?

La voz de Evan resonó desde el porche, seguida del golpe de la puerta al abrirse de par en par.
El pánico fue instantáneo. Cameron me soltó como si me hubiera convertido en carbón encendido, dándose la vuelta a la velocidad de la luz justo cuando Evan cruzaba el umbral cargando una bolsa deportiva.
La escena era un cuadro de caos disimulado a duras penas. Yo me pegué a la pared, respirando a bocanadas, arreglándome la bata con manos temblorosas y los labios hinchados. Cameron, por su parte, se había agachado bruscamente al suelo, fingiendo revisar con extrema atención el encaje del zócalo de la pared.
Evan se detuvo en seco, mirando a uno y luego al otro con el ceño fruncido.

-¿Qué están haciendo?

Preguntó Evan, bajando la bolsa al piso.

-una termita

Soltó Cameron de inmediato, levantándose con la cara completamente roja y la respiración aún agitada.

-reo que vi una termita en el marco de la puerta, Evan. Estaba... examinando la madera. La integridad estructural de la entrada podría estar comprometida

Miré a Cameron en absoluto shock.

-¿Una termita?

Repitió Evan, mirando el suelo limpio y luego a Cameron como si le hubiera salido una tercera cabeza.

-Cameron, la casa es de ladrillo y hormigón barnizado. No hay termitas. Y tú estás sudando como si hubieras corrido un maratón
-es el calor

Intervine rápidamente, dando un paso al frente para tapar la figura de Cameron.

-y la humedad.

Evan nos observó a ambos en un silencio tenso que duró una eternidad. Su mirada inquisitiva fue de la boca de Cameron a mi bata desordenada, y luego al espacio ridículamente reducido entre nosotros. Por un segundo, la sangre se me congeló en las venas. Pensé que mi hermano finalmente había unido los puntos.
Evan suspiró profundamente, se pasó una mano por la cara y negó con la cabeza con profunda decepción.

-ustedes dos están perdiendo la cabeza definitivamente

Dijo Evan, recogiendo su bolso deportivo.

-Cameron, deja de jugar al exterminador de plagas y ven a la cocina a ayudarme a preparar proteína. Y tú, Luna... por el amor de Dios, ponte un suéter, parece que te acaba de golpear un tornado

Evan caminó hacia la cocina sin decir más.
En cuanto desapareció por el pasillo, Cameron y yo nos miramos. Tenía los ojos desorbitados y una sonrisa culpable comenzaba a dibujarse en la comisura de sus labios. Me llevó un dedo a la boca, guiñándome un ojo en un gesto rápido y cargado de complicidad, antes de seguir a mi hermano.

Tengo una teoría sobre los incendios: nadie nota que la casa se está quemando hasta que el humo te asfixia.
Pasé las siguientes setenta y dos horas tratando de apagar el fuego en mi cabeza. El casi beso en el recibidor la presión de las manos de Cameron en mi cintura... todo eso era una bomba de tiempo con la mecha encendida. Y la persona que estaba sentada en la detonadora era la misma a la que más quería proteger en este mundo.
Evan.
Estaba sentada en la isla de la cocina pretendiendo dibujar en mi libreta de bocetos. En realidad, solo trazaba líneas agresivas, negras e inconexas sobre el papel. Frente a mí, Evan cortaba manzanas con una precisión quirúrgica, alineando las rebanadas en un plato como si estuviera construyendo una maqueta.

-¿Te pasa algo, Lu?

Preguntó de pronto, sin levantar la vista del cuchillo.

-llevas tres días con esa cara de 'alguien se murió y se me olvidó ir al velorio'
-estoy bien

Mentí, remarcando una línea con tanta fuerza que la punta del lápiz de grafito se rompió con un chasquido seco.

-solo es bloqueo por un proyecto




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