Inalcanzable

Capítulo 5

[Narrado por Cameron]
El silencio de la casa de los Winster se me incrustaba en los huesos como una aguja helada.
Estaba sentado en el suelo de la sala, con la espalda apoyada contra el sofá y el control de la consola entre las manos. En la pantalla, mi auto deportivo se estrellaba contra un muro por tercera vez consecutiva.

-¿Te dieron una paliza en el gimnasio o de verdad estás jugando con los ojos cerrados?

Se burló Evan desde el sillón, dándole un trago a su botella de cerveza.

-vas último. Hasta mi abuela conduciría mejor estando en coma
-tengo la cabeza en otra parte, eso es todo

Refunfuñé, soltando el control sobre la alfombra.
No tenía la cabeza en otra parte. La tenía exactamente arriba, en el segundo piso.
Llevaba tres días aplastado por el muro que ella misma había levantado. Sus palabras todavía me resonaban en el pecho, quemando como una marca a hierro caliente. Me obligué a tragarme el orgullo, a convencerme de que ella tenía razón, de que no podía arruinar mi vida y la de mi mejor amigo por una obsesión. Pero convencer a la cabeza no significa convencer al corazón.
De pronto, el taconeo en las escaleras interrumpió el rugido de los motores del videojuego.
Me giré por puro reflejo. Y el aire desapareció de mis pulmones.
Luna bajaba por los escalones acompañada de Sofía y Valentina. Llevaba un vestido negro ceñido que me cortó la circulación, el cabello rizado cayendo en cascada sobre sus hombros descubiertos y los labios pintados de un rojo tan intenso que parecía una advertencia de peligro. Estaba deslumbrante, viva, hermosa de una forma que me hizo doler la mandíbula por lo mucho que apreté los dientes.

-¿A dónde vas así vestida?

Saltó Evan al instante, poniendo el juego en pausa y mirando a su hermana con el ceño fruncido de hermano mayor ultraprotector.

-son las once de la noche
-a bailar, hermanito. Es sábado. Mis amigas y yo tenemos derecho a una vida social que no incluya hamburguesas y consolas
-ese vestido es demasiado corto, Luna

Protestó Evan, señalándola con la botella.

-y van al centro, ¿Verdad? Hay demasiados idiotas sueltos a estas horas. Si algún tipo se te acerca...
-Evan, por favor

Intervino Sofía, tomándolo del brazo con una risita.

-la vamos a cuidar. Además, tu hermana sabe defenderse sola

No dije una sola palabra. Me quedé inmóvil en el suelo, con los nudillos blancos de tanto apretar las manos. Luna ni siquiera me miró. Pasó a mi lado dejando una ráfaga de su perfume y caminó hacia la puerta principal como si yo fuera parte de la decoración.

-nl vuelvas tarde. Y si necesitas que te vaya a buscar, me llamas

Gritó Evan antes de que la puerta se cerrara.
El portazo retumbó en la sala. Me quedé mirando fijamente la madera barnizada, sintiendo una mezcla de rabia, celos y una impotencia que me devoraba por dentro, ¿Iba a bailar? ¿Con quién? ¿Iba a dejar que algún desconocido la mirara como yo no podía mirarla?

-esas chicas están locas

Suspiró Evan, volviendo a poner el juego.

-en fin, ¿Otra ronda?
-ponme un trago fuerte, Winster. De verdad lo necesito

Dije, poniéndome de pie.

***
A las tres de la mañana, la casa era un cementerio. Evan se había quedado profundamente dormido en el sofá, roncando suavemente con una manta por encima. Yo no había podido pegar un ojo. Tirado en el otro sillón, el techo de la sala se había convertido en mi único confidente mientras los tragos de whisky me quemaban la garganta.
La garganta me ardía por la sequedad. Me levanté despacio, esquivando a Evan, y caminé descalzo hacia la cocina por un vaso de agua.
Apenas puse un pie en el pasillo, escuché el giro torpe de la cerradura de la puerta principal.
La puerta se abrió despacio, revelando la figura de Luna. Se quitó los tacones al instante, sosteniéndolos en una mano, y soltó una risita ahogada al casi perder el equilibrio contra el marco. Venía ligeramente borracha, con el labio rojo un poco corrido y una expresión alegre y despeinada.
Se sobresaltó cuando sus ojos se cruzaron con los míos en la penumbra del pasillo.

-vaya, vaya...

Se burló en un susurro, tambaleándose un milímetro antes de apoyarse en la pared.

-el guardián de la noche, ¿Esperabas a las abejas de nuevo, Louis?

La vi tan vulnerable, tan linda y tan endemoniadamente cerca que todo mi supuesto autocontrol se hizo pedazos en el suelo. La comedia de su borrachera se disipó en mi mente, reemplazada por una ola de calor que me subió directo a la cabeza.

-estás borracha, Winster

Dije, dando tres pasos rápidos hasta quedar a centímetros de ella.

-solo un poco risueña

Corrigió ella, mirándome a los ojos. Las defensas de sus últimos tres días habían caído por completo debido al alcohol.

-me tuviste con el alma en el hilo toda la noche

Murmuré.
No me aguanté. La tomé suavemente de la muñeca, atrayéndola hacia mi cuerpo. Mi otra mano subió directamente a su nuca, enredando mis dedos en su cabello suave. La acerqué a mi rostro, buscando sus labios con una desesperación que ya no podía ni quería ocultar. Quería borrar la distancia, quería besarla hasta que se le olvidaran todas las excusas tontas sobre su hermano. Pero antes de que pudiera consolidar el beso, Luna puso ambas manos sobre mi pecho y me empujó hacia atrás con una fuerza sorprendente.

-no, Cameron

Susurró, con la voz temblorosa pero firme. Dio un paso atrás, negando con la cabeza mientras se sujetaba de la barandilla de la escalera.

-esto no puede seguir pasando. Te lo dije
-Luna...
-hablo en serio. Déjame ir

Se dio la vuelta y comenzó a subir los escalones como pudo, tropezando ligeramente y sosteniéndose del pasamanos hasta desaparecer en la oscuridad del segundo piso. El chasquido suave de la puerta de su habitación al cerrarse sonó como una condena. Me quedé solo en la parte baja de la escalera. Apoyé la frente contra el marco de madera, apretando los puños hasta que me dolieron.
Había recuperado mi lugar como el "amigo leal", pero nunca en mi vida me había sentido tan jodidamente derrotado.




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