La provocación es un arma de doble filo: te da una sensación de control momentánea, pero si juegas demasiado cerca de la mecha, la explosión te atrapa a ti primero.
El mensaje de Julián debió haberse quedado en un "gracias por el baile" y caer en el olvido. Sin embargo, la reacción de Cameron esa mañana en la cocina encendió algo en mí. Si él creía que podía mantener la distancia cuando le convenía y mirarme como si fuera de su propiedad el resto del tiempo, estaba muy equivocado.
Decidí responderle a Julián, también lo invité a sumarse a nuestras tardes de piscina.
***
El viernes por la tarde, el jardín trasero de los Winster se convirtió en el escenario principal del teatro de tensiones.
El sol pegaba con fuerza. Sofía, Valentina y yo estábamos acostadas en los reposreposeras con gafas oscuras, mientras Julián se había sumado a la piscina con nosotros. Evan, encantado de tener a alguien más con quien hacer competencias de saltos y hablar de deportes, lo había recibido con los brazos abiertos.
-¡Julián, pásame el balón!
Gritó Evan desde el agua, atrapando el pase a medio aire.
-¡Va para allá!
Respondió Julián, riéndose mientras nadaba hacia el borde donde yo estaba sentada, mojándome solo las piernas.
Julián se apoyó contra el borde de piedra, justo al lado de mis rodillas, mirándome con una sonrisa radiante.
-te ves muy concentrada en tu bronceado
Dijo, pasándose la mano por el cabello mojado para apartárselo de la cara.
-¿No vas a entrar al agua?
-estoy bien aquí, gracias
Le sonreí, dejando el vaso de limonada en la mesita auxiliar.
-además, alguien tiene que arbitrar los clavados ridículos de mi hermano
Julián soltó una carcajada, estirando la mano para darme un toque juguetón en el tobillo.
-eres dura
Bromeó.
Un carraspeo seco y profundo resonó desde la sombra del porche.
No necesité levantar la cabeza para saber de quién se trataba. Sentí la presencia de Cameron antes de verlo. Salió de la casa con un plato de frutas que mi madre le había pedido que sacara. Llevaba unos shorts deportivos negros, la piel dorada por el sol y la camiseta colgada sobre el hombro.
Pero su rostro no tenía nada de relajado.
Cameron se caminó hacia la mesa del porche a pasos lentos, calculados. Sus ojos oscuros estaban clavados en la mano de Julián, que aún descansaba cerca de mi tobillo. La mandíbula de Cameron estaba tan apretada que me pregunté cómo no le dolía, y la vena que cruza su cuello volvía a marcarse con esa tensión peligrosa.
Dejó el plato sobre la mesa con un golpe innecesariamente fuerte.
-Evan
Dijo Cameron. Su voz no fue un grito, pero sonó tan grave y tajante que la música del altavoz pareció quedar en segundo plano.
-el balón de voleibol que están usando es el de competición. Si lo siguen metiendo al agua, se va a arruinar el cuero
Evan se frenó a mitad de la piscina, parpadeando con sorpresa.
-tranquilo, Cam... solo estamos jugando un rato
Respondió mi hermano, un poco desconcertado por el tono reprimido de su amigo.
-dije que se va a arruinar
Insistió Cameron, sin mirar a Evan. Tenía la vista fija en Julián, con una frialdad que helaba el ambiente.
-hay otros balones de plástico en el garaje. Usa uno de esos
Julián borró la sonrisa, alzando las manos en señal de paz mientras nadaba un par de metros hacia atrás.
-Tranquilo, hermano, no pasa nada
Dijo Julián con amabilidad.
Cameron no respondió. Solo le sostuvo la mirada a Julián durante tres segundos eternos. La hostilidad que emanaba de su cuerpo era tan evidente que Sofía me dio un codazo disimulado desde su reposera, abriendo los ojos de par en par.
-voy por el otro balón
Murmuró Cameron, dando media vuelta con rigidez para dirigirse al garaje.
Me puse de pie de un salto, sintiendo que la adrenalina me recorría las venas. La provocación había cruzado la línea y no iba a permitir que Cameron arruinara la tarde con sus ataques de celos reprimidos.
-voy por agua a la cocina
Anuncié a los demás, encaminándome hacia el pasillo lateral que conectaba el jardín con el garaje.
Lo encontré buscando entre las cajas de deportes, de espaldas a la entrada. La luz del sol filtraba entre las persianas del garaje.
-estás siendo un inmaduro, Louis
Solté sin anestesia, cruzándome de brazos.
Cameron se congeló. Se giró despacio, soltando el balón de plástico sobre un estante. Tenía la mirada encendida, la respiración agitada y una rabia contenida que hacía temblar sus hombros.
-¿Yo soy el inmaduro?
Preguntó en un susurro raspado, acortando la distancia entre los dos a pasos agigantados.
-¿Tú traes al tipo del club a la casa de tu hermano, lo metes a la piscina y pretendes que me quede sentado a ver cómo te toca?
-Julián es un amigo
Retruqué, sosteniéndole la mirada a pesar de que la cercanía me dejaba sin aire.
-y tú y yo no somos nada
Cameron se frenó a centímetros de mi rostro.
-solo porque tú decidiste que mantendríamos distancia
Su mano subió de golpe y apoyó la palma contra la pared, justo al lado de mi cabeza, encerrándome en su espacio. Su aliento cálido me rozó las mejillas, mezclado con la urgencia y el deseo intacto que intentábamos ahogar.
-acepté alejarme para no traicionar a tu hermano, Luna
Susurró contra mis labios, con la voz rota por la frustración.
-no para ver cómo me reemplazas con cualquier idiota que te pida un baile. Me está volviendo loco todo esto
El corazón me dio un vuelco violento. El aire dentro del garaje se volvió tan espeso que me costó trabajo tragar saliva.
Tener a Cameron tan cerca, sintiendo el calor de su piel mojada y el ritmo agitado de su pecho a escasos centímetros del mío, destruyó en un segundo la coraza de indiferencia que me había esforzado en construir durante días. La pared de concreto a mi espalda estaba fría, pero la presencia de Cameron ardía como un incendio fuera de control.