Inalcanzable

Capítulo 7

El chasquido de la puerta al cerrarse resonó en la cocina como un portazo en mi conciencia.
Me quedé inmóvil junto a la mesada, mirando fijamente el picaporte de bronce. La confesión de Cameron todavía vibraba en el aire. Había aceptado mantener la distancia solo porque yo se lo pedí. La culpa me cayó encima como una cascada de agua helada. Durante semanas me había convencido a mí misma de que él era el insensible, el que había pasado página con facilidad y el que me miraba desde la distancia con una frialdad calculada. Pero la realidad era infinitamente más dolorosa: Cameron había cargado con todo el peso de mi miedo, ahogando sus propios sentimientos solo para darme la paz que yo le había exigido entre lágrimas esa mañana en el taller.
Y yo, en respuesta, le había traído a Julián para restregárselo en la cara.
Me pasé las manos por el rostro, soltando un largo suspiro que me tembló en los labios. Ya no había espacio para la inmadurez ni para los juegos de celos.
Caminé hacia el ventanal de vidrio que daba al jardín y me quedé observando la escena a través del cristal. Afuera, el sol del atardecer teñía el patio de un tono anaranjado y cálido. Julián estaba de pie cerca de la piscina, mientras que junto a la parrilla, Evan y Cameron conversaban entre el humo de las brasas.
Tragué saliva. Tenía que ponerle fin a este circo.
Deslicé la puerta de cristal y salí al patio. Julián me vio y me dedicó una sonrisa amplia, pero lo tomé del brazo y lo guié sutilmente hacia el lateral de la casa, donde la sombra del muro nos cubría.

-¿Todo bien? ¿Pasa algo?
-pasa que tengo que ser honesta contigo

Empecé, sosteniéndole la mirada a Julián sin vacilar.

-eres un chico increíble, pero no estoy disponible para salir con nadie. Hay cosas en mi vida que no están resueltas y no quiero hacerte perder el tiempo

Julián se quedó en silencio un segundo, miró de reojo hacia la parrilla y me dio un toque afectuoso en el hombro.

-no me siento lista para estar con nadie aún
-lo entiendo, y aprecio que seas honesta

***
Cuando Julián y las chicas se despidieron un rato después, la casa quedó sumida en un silencio sepulcral al caer la noche. Evan se encerró en su cuarto a preparar sus maletas para la universidad.
Me quedé sola en el porche trasero, sentada en el borde de la madera, mirando las estrellas. El sonido de la puerta de cristal me anunció la llegada de Cameron. Salió con una camiseta limpia, oliendo a jabón fresco, y se sentó en el escalón de al lado. Había visto la escena desde la distancia, y la autosuficiencia se le notaba en cada gesto.
Una sonrisa arrogante, lenta y victoriosa comenzó a dibujarse en los labios de Cameron mientras miraba hacia el jardín oscuro.

-así que... "no estás lista para nadie"

Murmuró él, girando la cabeza hacia mí con los ojos oscuros brillando de pura satisfacción.

-le dejaste las cosas bastante claras al chico de la piscina, Winster

Verlo tan seguro de sí mismo, saboreando su pequeña victoria como si él fuera la excepción automática a mi regla, me hizo entornar los ojos.

-no te comas el mundo tan rápido, Louis

Le corté con voz firme, mirándolo de frente.
La sonrisa de Cameron se congeló a mitad de camino.

-¿Qué?
-lo que le dije a Julián aplica igual para ti

Sentencié, abrazando mis rodillas y sosteniéndole la mirada sin dar un paso atrás.
Cameron me miró en silencio, parpadeando desorientado mientras la arrogancia se le desintegraba por completo del rostro.

-Luna, pensé que habíamos aclarado lo de la cocina...

Empezó, inclinándose hacia mí con urgencia.

-dijiste que no esperaste por años a qué te notara. Estoy aquí, te estoy diciendo lo que siento. Ya no tenemos por qué seguir fingiendo
-sí, sí tenemos

Lo interrumpí, dejando que la firmeza apagara el temblor de mi voz.

-porque esto no es solo un capricho de verano, Cameron. Si caemos en esto y las cosas salen mal entre nosotros, no solo se arruina lo nuestro. Perdemos todos los años de momentos bonitos que tenemos. Pierdo a mi fiel protector de la infancia y pongo a Evan en medio de un desastre. No voy a arriesgar mi relación con mi hermano por un impulso
-podemos manejarlo

Insistió él, tomando mi mano con desesperación, sus dedos apretando los míos con ese calor que siempre me desarmaba-. No me pidas que me quede de brazos cruzados cuando sé que sientes lo mismo. Podemos hacer que funcione.
Sentí un pinchazo doloroso en el pecho, pero aparté mi mano de la suya muy despacio.

-no, no podemos. Y he decidido alejarme de esto

Concluí, poniéndome de pie y mirándolo desde arriba con una tristeza serena.

-prefiero conservar nuestra historia y la paz de mi familia antes que arriesgarlo todo por algo que no sabemos cómo va a terminar

Cameron se quedó sentado en el escalón, con la mandíbula apretada y los ojos fijos en mí, derrotado por una barrera que esta vez no iba a poder derribar con sonrisas ni impulsos. Me di la vuelta y entré a la casa, dejando atrás el humo de la parrilla y los restos de un incendio que finalmente había decidido apagar.

***

El último fin de semana de febrero tenía un sabor agridulce que se pegaba en la piel como la sal del mar. El verano se estaba muriendo a fuego lento, llevándose consigo las tardes eternas de piscina, el olor a bronceador de coco y la ilusión infantil de que el tiempo podía detenerse.
Para Sofía, Valentina y para mí, esa noche no era una salida más: era el ritual de clausura. En un par de días, Evan y Cameron armarían sus maletas para volver al campus universitario en la otra punta de la provincia, y la casa de los Winster recuperaría esa rutina tranquila y silenciosa que tanto me costaría volver a habitar.
El club nocturno al que fuimos estaba abarrotado. Las luces de neón en tonos violeta y azul iluminaban la pista de baile, mientras la música retumbaba con una fuerza que te hacía vibrar la caja torácica.
Nos instalamos en un reservado cerca de la barra. Llevaba un vestido negro ajustado y las pestañas perfectamente rizadas, intentando proyectar la imagen de una chica que tenía el control absoluto de su vida. Sin embargo, por dentro, cada trago de vodka con tónica me sabía a una tregua a punto de vencer.




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