Inalcanzable

Capítulo 11

El limpiaparabrisas trabajaba a máxima velocidad, pero la lluvia torrencial que cayó de golpe sobre la carretera apenas me dejaba ver un par de metros adelante. No me importó. Pisé el acelerador con la rabia ardiéndome en las venas y las nudillos blancos sobre el volante.
No supe en qué momento los kilómetros se desintegraron bajo los neumáticos. Mi mente era un caos de pantallas iluminadas, comentarios de Instagram y las palabras de Luna en el porche rebotando como un eco desquiciado. Cuando me quise dar cuenta, el motor de mi auto rugía en las inmediaciones del campus de su universidad.
Estacioné bruscamente junto al cordón de la acera principal. Apagué el motor y me bajé de golpe. El agua helada me empapó la ropa en cuestión de segundos, pero la furia que llevaba dentro era tan abrasadora que el frío ni me rozaba. Me quedé parado junto a la puerta del auto, respirando agitadamente bajo el diluvio, mirando las luces amarillentas de la salida de la facultad.
Y entonces la escuché.
Una risa. Su risa. Clara, cristalina, flotando por encima del estruendo de la lluvia.
El sonido me descolocó por completo durante un segundo, congelándome en el lugar. Pero el alivio se transformó en un veneno mil veces más concentrado cuando los vi salir por la escalinata principal.
Julián venía corriendo a su lado. Tenía su campera estirada por encima de las cabezas de ambos, intentando cubrirlos del agua mientras avanzaban a los tropezones entre charcos. Luna reía a carcajadas, sosteniéndose del brazo de él para no resbalar con los tacones.

-¡Es tu culpa, Julián!

Gritaba ella entre risas, intentando esquivar el agua.

-¡Te dije que te fijaras en el pronóstico antes de salir de la biblioteca!

Ese fue el límite. El hilo fino que me sostenía se cortó en mil pedazos. Todo se descontroló dentro de mi cabeza.

-¡LUNA!

Rugí.
Mi voz tronó por encima de la tormenta con una violencia desbocada.
Luna se congeló al instante. La risa se le borró del rostro como si le hubieran dado una bofetada. Se detuvo en seco bajo la campera de Julián y giró la cabeza despacio hacia la calle. Al reconocerme entre la cortina de agua, la palidez le cubrió la cara y el pánico se le apoderó de los ojos.

-¿Cameron?

Exclamó ella, dando un paso tambaleante hacia adelante, completamente desorientada.

-¿Qué haces aquí? ¿Pasó algo? ¿Le pasó algo a Evan?
-¡¿Evan?!

Grité, caminando hacia ellos a pasos agigantados, con el agua escurriéndome por el rostro y la rabia distorsionándome la voz.

-¡No le pasó nada a tu hermano! ¡Esto es entre tú y yo!
-Cameron, estás empapado, estás gritando...

Intentó decir ella, apretando la carpeta contra su pecho, aterrorizada por el estado en el que me encontraba.

-¡¿Por qué él, Luna?!

Le exigí, frenando a un metro de ellos y señalando a Julián con el dedo temblando de ira.

-¡Me dijiste que no estabas disponible para nadie por el bien de la amistad! ¡¿Y te pasas toda la semana exhibiéndote con este idiota por todo el campus?! ¡¿Te estás burlando de mí?!
-Cameron, cálmate, por favor

Suplicó Luna, con los ojos llenos de lágrimas contenidas y la voz quebrada por el susto.

-solo déjame explicarte...
-no hay nada que explicar

Soltó Julián, dando un paso al frente para interponerse ligeramente entre nosotros. Se le veía sorprendido, pero no asustado. Mantener la compostura parecía ser su especialidad.

-sé quién eres, Luna contó su historia. Pero yo solo estoy disfrutando estar con ella, simplemente, la pasamos bien y no tengo por qué aguantar que vengas a gritarle a la puerta de su facultad
-tú te callas la boca

Le advertí en un susurro peligrosísimo, dando un paso amenazante hacia su posición.

-solo estoy siendo sincero

Insistió Julián, alzando las manos con calma pero sin dar un paso atrás.

-deberías respetar que...

No dejé terminar la frase.
La ciega furia acumulada durante semanas explotó en un impulso ciego. Mi puño derecho salió disparado con toda la fuerza de mi cuerpo y se impactó de lleno en la mandíbula de Julián. El golpe sonó seco y brutal. Julián perdió el equilibrio, sus pies resbalaron sobre la piedra mojada por la lluvia y cayó pesadamente al suelo, golpeando la espalda contra el charco de la acera.

-¡JULIÁN!

Gritó Luna en un alarido desgarrador.
Llena de pánico, Luna se lanzó al suelo para intentar ayudarlo a levantarse, pero antes de que pudiera tocarlo, la agarré con fuerza por los brazos y la tiré hacia arriba, pegándola brutalmente contra mi pecho.
Quedamos cara a cara, tan cerca que sentía el calor de su respiración agitada chocando contra la mía bajo el agua helada.

-¡Suéltame, Cameron! ¡Estás loco!

Gritó ella, intentando zafarse con desesperación mientras yo le sujetaba las muñecas con puños de hierro.

-¡Contéstame!

Le exigí, apretando el agarre sin soltarla, mirando fijamente sus ojos aterrorizados.

-¡¿Por qué con él sí y conmigo no?! ¡¿Por qué carajo me dejaste a mí si me estabas cambiando por el primero que se te cruzó?!
-¡Suéltala ahora mismo!

Resonó una voz firme detrás de mi espalda.
Julián ya se había puesto de pie. Tenía un hilo de sangre escurriéndole por el labio mezclado con el agua de lluvia y la mandíbula roja por el impacto, pero sus ojos no reflejaban ningún tipo de miedo. Con un movimiento rápido y certero, Julián agarró mi hombro, me empujó con fuerza hacia atrás y logró que soltara las muñecas de Luna.
De inmediato, colocó a Luna a su espalda, cubriéndola por completo con su cuerpo.
Julián se limpió la sangre de la boca con el dorso de la mano y me sostuvo la mirada con una seriedad helada, amenazante, sin dar un solo milímetro de terreno a pesar de la lluvia y la violencia de la situación.

-te lo voy a pedir amablemente una sola vez, Cameron

Dijo Julián, con la voz firme y profunda, viéndome fijamente.




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