El sonido de la alarma a las siete de la mañana fue un castigo. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar y la cabeza me retumbaba con un dolor sordo que me impedía pensar con claridad. No quería ponerme de pie, no quería enfrentar el campus y, sobre todo, no quería volver a repasar la imagen de Cameron gritándome bajo el agua ni el corte en el labio de Julián.
Estaba a punto de cancelar las alarmas y taparme hasta la cabeza cuando mi teléfono vibró sobre la mesa de luz. Era un mensaje de Julián.
"Ni se te ocurra levantarte. Ya hablé con Sofía para que te tome los apuntes de la clase teórica de las nueve, y yo me encargo de pasarte los gráficos de Economía en la tarde. Quedate en cama, descansa la cabeza."
Un suspiro de alivio se me escapó del pecho. La consideración de Julián era un salvavidas en medio del naufragio mental que estaba viviendo. Le respondí con un agradecimiento enorme y me volví a acurrucar entre las cobijas, agradeciendo infinitamente tener a alguien tan atento a mi lado.
Sin embargo, a eso de las once de la mañana, me di cuenta de que estar a solas con mis pensamientos en la habitación me estaba comiendo la cabeza por dentro. Necesitaba hablar, sacarme el veneno y escuchar voces que me devolvieran un poco la cordura.
Abrí el grupo de WhatsApp que compartía con mis dos mejores amigas, Valentina y Sofía, y escribí solo dos palabras en mayúsculas.
"SALIDA S.O.S."
La respuesta fue instantánea. A los dos minutos ya habíamos coordinado encontrarnos a la una de la tarde en La Pasticcería, una cafetería de paredes vidriadas y aroma a café tostado en el centro de la ciudad.
Llegué primero y me senté en una mesa del fondo. Cuando ellas atravesaron la puerta de cristal, vieron mi cara de agotamiento y corrieron hacia la mesa sin perder un segundo.
-¿Qué pasó, Lu? Nos dejaste heladas con el mensaje
Dijo Valen, acomodándose enfrente y tomándome una mano por encima de la mesa.
-tienes cara de no haber dormido
-es que no dormí
Admití con la voz apagada.
Aproveché que el mozo nos trajo tres cafés con leche y una bandeja de croissant recién horneados para soltar la bomba. Les conté todo. Desde la salida bajo la lluvia con Julián, el grito helado de Cameron desde la calle, la discusión violenta, hasta el golpe a traición que mandó a Julián al piso y las garras de Cameron sujetándome las muñecas fuera de control.
Las caras de mis amigas pasaron del asombro absoluto al horror más puro. Valen se llevó las manos a la boca, ahogando un grito, mientras que a Sofía se le transformó la mirada en un fuego de rabia ciega.
-¡¿Qué?!
Estalló Sofía, poniéndose de pie de golpe y haciendo tambalear las tazas sobre la mesa.
-¡¿Cameron cruzó quinientos kilómetros solo para cruzarte en la puerta de la facultad y pegarle a Julián?! ¡Voy a romperle la cara yo misma!
-Sofi, sentate por favor
Le supliqué, agarrándole la manga de la campera para que volviera a la silla.
-la gente está mirando. Por favor
-tiene razón Sofía, es un demente
Añadió Valen, temblando de indignación.
-Luna, eso es violencia pura. No puedes justificarlo por más celoso que esté. Se pasó de la raya por completo
-no lo estoy justificando
Dije, bajando la mirada hacia mi taza de café, sintiendo cómo se me apretaba el estómago.
-me aterrorizó. Por un segundo no lo reconocí, Valen. Tenía los ojos fuera de sí. Pero cuando nos miramos justo antes de que se subiera al auto... no solo vi rabia. Vi a alguien que se está destruyendo por dentro
-ese no es tu problema, Lu
Intervino Sofía con firmeza, bajando la voz pero manteniendo la severidad en la mirada.
-tú fuiste la que tomó la decisión madura de alejarte para mantener la paz con Evan. Él prometió que iba a respetar el límite que le pusiste, pero la verdad es que no soporta verte avanzar. Quiere tenerte congelada mientras él acomoda su vida, y no funciona así. Lo que le hizo a Julián no tiene nombre
Las palabras de Sofía calaron profundamente. Tenía razón. Yo había decidido poner esa distancia para cuidar a mi hermano y a nuestro entorno, pero Cameron no estaba respetando la decisión que yo había tomado. Al primer indicio de que yo intentaba rehacer mi vida, había venido a destruirlo todo.
Pasamos la siguiente hora analizando la situación de manera más reflexiva. Mis amigas me ayudaron a entender que no podía cargar con la culpa de las reacciones destructivas de Cameron, y que mi prioridad ahora tenía que ser cuidar mi propia tranquilidad y respaldar a Julián, quien se había portado como un caballero absoluto sin salir huyendo.
A eso de las tres de la tarde, decidimos pedir la cuenta y salir a caminar por el paseo peatonal para despejar la atmósfera densa. El sol de la tarde pegaba suavemente sobre las arboledas del centro y el aire fresco nos vino increíble a las tres.
Poco a poco, el tema de la tormenta se fue quedando atrás. Valentina empezó a contarnos con lujo de detalles la vergüenza que pasó en su primera clase de Anatomía cuando se le cayó el modelo de plástico del cráneo frente al profesor, y Sofía imitó los gestos dramáticos del centro de estudiantes de su facultad.
Terminamos las tres caminando de los brazos, riéndonos a carcajadas en medio de la vereda, comprando helados de cucurucho y sacándonos fotos ridículas frente a las vidrieras de ropa.
Por primera vez en varias semanas, sentí que la presión en mi pecho se aflojaba. Tenía amigas increíbles, a Julián cuidándome las espaldas y un camino entero por recorrer en la universidad. Cameron podía seguir atrapado en sus propios demonios, pero yo no iba a dejar que me arrastrara con él.
[Narrado por Evan]
El murmullo constante del pasillo central de la facultad de ingeniería se me metió en los oídos apenas atravesé las puertas del aula magna. Salía de tres horas seguidas de Análisis Matemático II con la cabeza hecha un nudo de fórmulas y variables, deseando desesperadamente una taza de café negro y un par de horas de silencio en el departamento.
Me colgué la mochila de un solo hombro y saqué el teléfono del bolsillo. Justo en ese instante, la pantalla se iluminó con una llamada entrante.
Mamá.