Inalcanzable

Capítulo 13

[Narrado por Cameron]
El balón rebotó contra el piso de madera en un eco sordo, pesado, que retumbó en las paredes del gimnasio vacío hasta morir a mis pies.
Se quedó inmóvil, y yo también.
Las palabras de Evan se me clavaron en los oídos como agujas. Una fiesta sorpresa. El cumpleaños de Luna. Toda la familia unida.
La garganta se me cerró por completo. El sudor que me corría por la espalda y el cuello pareció enfriarse de golpe, transformándose en una capa helada sobre la piel. Sentí la mirada de Evan puesta en mí, analítica, midiendo cada uno de mis microgestos como llevaba haciéndolo desde hacía dos semanas, desde la noche en que destrocé la lámpara y salí como un demente a manejar por la carretera.
Él no lo sabía. No tenía la menor idea de que la noche de la tormenta manejé quinientos kilómetros fuera de mí, que me aparecí en la puerta de la facultad de su hermana, que agarré a su "amigo" y le reventé la boca de un puñetazo frente a ella, ni que sujeté a Luna por las muñecas hasta ver el terror helado en sus ojos.
No sabía nada de la monstruosidad en la que me había convertido por culpa de ese bendito pacto de distancia que ella misma había propuesto para "cuidarlo".

-¿Cam?

Preguntó Evan, dando un paso hacia adelante desde la banda, arrugando el ceño ante mi parálisis.

-¿Me escuchaste?

Me obligué a reaccionar. Agarré aire por la nariz en una calada profunda que me quemó los pulmones y me agaché a juntar la pelota del suelo, usando esos segundos de espaldas para recomponer la máscara de piedra que se me acababa de agrietar.

-sí... sí, te escuché

Dije, tratando de que mi voz sonara firme, aunque el tono bajo me traicionara.

-estaba... concentrado en la jugada, me descolocaste

Me giré hacia él, rebotando la pelota un par de veces contra el piso para canalizar la tensión eléctrica que me recorría los brazos. Evan me observaba con los brazos cruzados sobre el pecho. La sombra de la duda en su rostro era evidente.

-mi madre está entusiasmada

Continuó él, sin quitarme los ojos de encima.

-quiere que sea algo grande. Dijo que va a coordinar con las chicas y que probablemente Julián sea el encargado de llevar a Luna con alguna excusa al lugar

El nombre de Julián cayó como una chispa sobre un tanque de gasolina.
Apreté el balón entre mis manos con tanta fuerza que sentí la presión en los nudillos. La imagen de la boca sangrando de ese idiota, de su mirada de desafío bajo la lluvia y de la forma en que puso a Luna detrás de su cuerpo me devolvió la furia a borbotones. Y ahora resulta que el tipo iba a ser el héroe de la jornada, el complice perfecto de la familia, el que llevaría a Luna de la mano a su propia fiesta mientras yo tenía que sonreír y actuar como el "hermano de la vida" maduro y distante.

-¿Julián?

Repetí, dejando escapar una risa seca, agria, que no pude contener.
Evan alzó una ceja, intrigado.

-sí, Julián. Luna se está llevando bien con él, vive allá y le queda cómodo, ¿Hay algún problema con eso?

Ahí estaba la pregunta. La bomba a punto de estallar en el medio de la cancha. Si decía lo que pensaba, si dejaba salir la mitad de la rabia que me estaba comiendo por dentro, el castillo de naipes se venía abajo. Le arruinaba la fiesta a Luna, rompía a mi mejor amigo y destruía lo único que me quedaba de cordura.
Tragué el veneno. Lo mastiqué y me lo tragué entero.

-ningún problema

Respondí, clavando los ojos en el aro del fondo y lanzando el balón con una mecánica rígida. La pelota rebotó en el aro y salió despedida.

-solo me parece que tu madre se complica demasiado. Pero si a Luna le sirve, perfecto
-te noto raro, Cam

Insistió Evan, dando dos pasos más hacia mí. Ya no era el tono despreocupado de siempre; era el de un hermano que empieza a sospechar que le están ocultando un incendio en su propia casa.

-llevás semanas en modo fantasma. Te la pasás entrenando, rompes cosas en el departamento, te desapareces de noche... y ahora te digo de ir al cumpleaños de Luna y parece que te estuviera pidiendo que vayas a un funeral, ¿Qué mierda te pasa?

Me quedé quieto bajo el tablero. La tentación de escupirle la verdad me tentó durante un segundo salvaje: Le pegué a la persona con la que sale tu hermana porque me muero de celos, porque la amo desde que tengo uso de razón y porque el pacto de mierda que hicimos para no arruinar tu vida me está volviendo loco.
Pero vi la cara de Evan. La confianza ciega en sus ojos. El afecto sincero.

-estrés de facultad, no duermo bien

Mentí, mirándolo de frente con la frialdad más convincente que pude fabricar.
Evan me sostuvo la mirada durante varios segundos interminables, evaluando la mentira. Finalmente, soltó un largo suspiro y se pasó la mano por el cuello, aflojando los hombros.

-sabés que puedes hablar conmigo, somos hermanos, Cam

Dijo suavemente.

-estoy bien

Aseguré, caminando hacia el banco para agarrar mi toalla y la botella de agua.

-y dile a tu madre que voy a estar ahí. No me perdería el cumpleaños de Luna por nada del mundo
-le va a dar mucha alegría escucharlo

Sonrió Evan, recuperando la calma.

-voy al departamento a ducharme
-yo tiro un par de veces más y voy

Esperé a que los pasos de Evan se alejaran y a que la puerta pesada del gimnasio se cerrara tras de él.
En cuanto me quedé completamente solo, me apoyé contra la pared de ladrillo visto, dejando caer la cabeza hacia atrás y cerré los ojos.
Volver a esa casa. Ver a Luna a los ojos después de lo que pasó en la lluvia. Ver a Julián pasearse por el salón con la cara marcada por mi propio puño y actuar como si nada pasara frente a los padres de Evan. Era una trampa perfecta. Y yo mismo iba directo hacia ella.

[Narrado por Luna]
La mañana de mi cumpleaños no tuvo nada de extraordinario, salvo por un dolor de espalda terrible producto de cinco horas seguidas sentada en la biblioteca. Entre los códigos civiles, las leyes comparadas y el ritmo implacable de la facultad, casi me había olvidado de qué fecha marcaba el calendario.
Por suerte, Julián se encargó de rescatarme del colapso académico.
Habíamos pasado una tarde increíble. Me pasó a buscar al mediodía y nos fuimos a un pequeño restaurante a las afueras de la ciudad. Nos la pasamos riendo, comiendo pasta y hablando de cualquier cosa que no tuviera que ver con los exámenes. Con él todo era fluido, ligero, sin la densidad ni el drama que me habían perseguido semanas atrás. Julián tenía esa habilidad única para hacerme sentir que el tiempo se pausaba, devolviéndome una tranquilidad que necesitaba con desesperación.




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