La presencia de Cameron en aquella esquina actuaba como un imán gravitatorio. Por más que intentara centrarme en los abrazos de mi mamá o en las bromas de mi papá sobre cómo me estaba haciendo vieja, mi mirada terminaba regresando inevitablemente a él.
Estaba ahí, parado en silencio, sosteniendo una bebida sin probarla. Cuando nuestras miradas se cruzaron por un segundo sobre las cabezas de mis invitados, sentí una descarga helada recorriéndome la espina dorsal. No había violencia explícita en su rostro, pero sí un abismo de tensión acumulada que amenazaba con resquebrajar la superficie festiva.
-¿Estás bien?
Me susurró Valentina al oído, pasándome un brazo por los hombros mientras sostenía una copa de champán.
-tienes la mirada perdida
-sí... sí, perfecta
Me obligué a sonreír, pestañeando rápido para romper el trance.
-es que todavía estoy procesando el shock. De verdad no me lo esperaba
-¡Agradecele a Julián!
Intervino Sofía, guiñándome un ojo desde el otro lado.
-tuvo una paciencia de santo para mantener el secreto toda la semana
Me giré hacia Julián, que estaba a pocos metros conversando animadamente con mi padre. Se lo veía completamente integrado, cómodo, luciendo esa sonrisa fresca que siempre me transmitía seguridad. Tenía el labio casi curado, aunque si mirabas muy de cerca todavía se notaba la pequeña línea roja del corte. Evitó mirar hacia la esquina de Cameron en todo momento, demostrando una madurez que le agradecí internamente con el alma.
Decidí en ese instante que no iba a permitir que la sombra del pasado me arruinara la noche. Mi familia y mis amigas habían puesto un esfuerzo enorme en organizar esto, y yo merecía festejar.
Apreté los dientes, inhalé profundo y me sumergí de lleno en la celebración.
La siguiente hora fue una vorágine de afecto y diversión. Mi madre había preparado mi comida favorita, y la música de fondo amortiguaba el murmullo constante de las charlas. Me la pasé bailando en el centro del salón con Sofía y Valen, sacándome fotos ridículas con las vinchas con luces que trajo Evan y compartiendo anécdotas de la facultad con todos.
Cada vez que soltaba una carcajada sincera, sentía que le ganaba una pequeña batalla a la ansiedad.
Sin embargo, los silencios incómodos acechaban en los márgenes de la fiesta.
Ocurrió cuando fui hacia la mesa de las bebidas a servirme un poco de agua. El flujo de gente se dispersó por un momento hacia la terraza y me quedé sola cerca del ventanal.
Sentí una sombra proyectarse a mi lado antes de escucharlo.
-feliz cumpleaños, Luna
Dijo Cameron.
Su voz sonó baja, rasgada, cargada de un peso que hizo que se me apretara el estómago al instante. No se acercó demasiado; mantuvo una distancia prudencial de un metro, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón.
Me giré despacio hacia él, sosteniendo el vaso de cristal con ambas manos para que no se notara el temblor de mis dedos.
-gracias, Cameron
Respondí con neutralidad, intentando que mi voz sonara firme.
-no sabía que vendrías
-tu hermano me lo pidió. Y tu madre también
Hizo una pausa, paseando la mirada por mi rostro, deteniéndose apenas un segundo en mis labios antes de volver a mis ojos.
-no iba a faltar. Aunque sé que mi presencia no es exactamente lo que esperabas para hoy
El aire entre los dos se volvió tan denso que costaba respirar. Las palabras de la noche de la lluvia flotaron en el espacio reducido: los gritos, los agarrones en las muñecas, el golpe a Julián. La culpa y la rabia se mezclaban en un cóctel amargo que ninguno de los dos se atrevía a destapar en medio del salón.
-solo quiero que la pasemos bien y que no haya problemas
Murmuré, mirando hacia donde estaba Evan riéndose con papá.
-por la familia. Como dijimos
Cameron soltó un suspiro amargo, apretando la mandíbula.
-como dijiste tú, Luna
Corrigió en un susurro cargado de reproche.
Antes de que la tensión terminara de estallar, una sombra se interpuso con elegancia entre los dos.
-tu madre te busca para cortar el pastel
Anunció la voz de Julián.
Se colocó a mi lado con una naturalidad pasmosa, apoyando una mano suave en la parte baja de mi espalda. No miró a Cameron con desafío, pero su sola presencia física marcaba una línea territorial infranqueable.
Cameron sostuvo la mirada de Julián durante dos segundos eternos. Pude ver los nudillos de Cameron volverse blancos dentro de sus bolsillos, pero dio un paso atrás, cediendo el espacio.
-ve
Dijo Cameron con frialdad, dándose la vuelta para dirigirse hacia el jardín.
Julián me miró de lado, asegurándose en silencio de que estuviera bien, y me dedicó una sonrisa reconfortante.
-¿Lista para las velitas, cumpleañera?
Preguntó suavemente.
-lista
Respondí, dejando escapar el aire contenido.
Caminamos hacia la mesa principal rodeados por los aplausos y las canciones de feliz cumpleaños que entonaban mi familia y mis amigas. Al apagar las velas rodeada de las personas que me querían, pedí un solo deseo en silencio: que la paz que estaba empezando a construir no se desmoronara jamás. El aplauso estalló en el salón en cuanto soplé las veinticinco velas. El humo dulce y acre flotó sobre la torta de chocolate y frambuesa mientras mi madre me abrazaba por el cuello y mi padre me daba un beso sonoro en la mejilla. Sonreí hasta que me dolieron los pómulos, sintiendo el calor de mi familia envolviéndome como una manta protectora.
Durante unos minutos, mientras repartía porciones de torta y aceptaba copas de champán, logré olvidarme de la sombra que acechaba en el jardín. Valentina y Sofía se aseguraron de mantenerme distraída, contando chistes internos y obligándome a sacarme "una última foto" cada tres minutos. Julián, con su tacto habitual, se mantuvo cerca pero sin asfixiarme, asegurándose de que mi copa nunca estuviera vacía y de que yo siempre tuviera una excusa para sonreír.
Pero el alivio era superficial. Sabía, con una certeza que me helaba la sangre, que la conversación con Cameron no había terminado. Aquel "como dijiste tú, Luna", suspendido en el aire denso del ventanal, había sido una declaración de intenciones. Él no estaba allí para celebrar mi cumpleaños; estaba allí para recordarme que su dolor seguía intacto y que el pasado no se borra con una fiesta sorpresa.