Inalcanzable

Capítulo 16

[Narrado por Luna]
Pasaron tres días desde la fiesta de cumpleaños. La rutina de la universidad me absorbió de inmediato, funcionando como un bálsamo para la tormenta de emociones que me había dejado el fin de semana. El trabajo práctico de Derecho Procesal y los textos interminables de Filosofía del Derecho mantenían mi mente ocupada, manteniéndome a salvo de los pensamientos recurrentes sobre la terraza, los reclamos de Cameron y las palabras de Julián en el auto.
Estaba saliendo del pabellón central a eso del mediodía cuando vi una figura conocida apoyada contra el cantero de la entrada, mirando su teléfono mientras se ajustaba la chaqueta de jean.

-¿Evan?

Llamé, acelerando el paso, incapaz de ocultar la sorpresa en mi voz.
Mi hermano levantó la vista, se guardó el teléfono en el bolsillo y me regaló una sonrisa enorme.

-¡Hola, enana!

Saludó, abriendo los brazos para recibirme en un abrazo rápido pero apretado.

-¿Tienes hambre? Vine a hacer uso de mis derechos de hermano mayor y llevarte a almorzar
-creí que tenías clase toda la tarde

Exclamé, con la emoción reflejada en la cara.

-la suspendieron a último momento. Anda, conozco un lugar de hamburguesas a tres cuadras de aquí

Nos pusimos en marcha bajo el sol brillante del mediodía. Caminar con Evan siempre había sido fácil. Teníamos esa complicidad natural de hermanos que se entienden con una sola mirada, mezclada con un humor sarcástico que heredamos directamente de nuestro padre. Durante las primeras cuadras nos la pasamos haciendo bromas, criticando los peores regalos de la fiesta y riéndonos de las fotos ridículas que Valen había subido al grupo.

-aparte, Julián se portó de diez con la logística de la fiesta

Comentó Evan, mientras esperábamos en el semáforo para cruzar la avenida.

-hay que reconocer que se ganó el puesto de chofer oficial de la familia
-no seas malo, Evan

Me reí, dándole un codazo suave en las costillas.

-se portó super bien
-si, sí, ya sé. Además, te tiene un cuidado...

Evan soltó una carcajada sarcástica, mirando al frente.

-aunque bueno, Cameron casi le clava la mirada de la muerte toda la noche. Si no fueran ideas mías, diría que estaba celoso hasta de la sombra de Julián

La broma, lanzada con absoluta inocencia, cayó sobre mí como un jarro de agua congelada.
La sonrisa se me borró del rostro en un segundo. Me quedé helada a mitad de la calle, justo cuando el semáforo cambiaba a verde.
Evan avanzó dos pasos, pero al notar que yo me había detenido, se giró para mirarme. Su ceño se arrugó al ver mi palidez y la forma en que mis dedos apretaban las tiras de la mochila.

-¿Qué pasa? Solo era una broma...
-no eran ideas tuyas, Evan

Murmuré. La voz me tembló, traicionándome por completo.
Un silencio incómodo, espeso y pesado, se instaló entre los dos en medio del bullicio de la calle. Evan me miró fijamente, evaluando mi expresión, procesando mis palabras.

-¿De qué estás hablando?

Preguntó, dando un paso hacia mí, con un tono de voz que jamás le había escuchado: serio, alerta, preocupado.

-necesito contarte algo, pero debes escucharme hasta el final y sin interrumpirme

Nos sentamos en una mesa del fondo de la hamburguesería, un rincón apartado donde el murmullo del local apenas nos alcanzaba. Y allí, sintiendo que un peso enorme se me desprendía del pecho, le conté absolutamente todo... incluso cuando Cameron había aparecido en mi facultad fuera de sí.
A medida que avanzaba en el relato, la cara de Evan atravesó una metamorfosis aterradora.
Primero fue el shock absoluto, la incredulidad abriendo sus ojos de par en par. Luego, una furia ciega, oscura, le tensó los rasgos de la cara. Cuando mencioné el golpe a Julián y cómo Cameron me había sujetado las muñecas, los nudillos de Evan sobre la mesa se pusieron blancos de la fuerza con la que apretó los puños.

-¡Ese hijo de puta!

Siseó Evan entre dientes, con la voz temblando por la rabia.

-con razón las mentiras...

Apoyó los codos en la mesa y se pasó las manos por la cara, soltando un suspiro ahogado, lleno de una profunda frustración y decepción consigo mismo.

-perdóname... estabas pasando por toda esta mierda sola, y yo al lado sin notar nada

Dijo, mirándome a los ojos con una culpa sincera que me partió el corazón.
Me invadió una ola de ternura. Sonreí tímidamente, estiré el brazo sobre la mesa y tomé su mano entre las mías, apretándola con fuerza.

-no tenías cómo saberlo, Evan, yo decidí no decirte nada para protegerte, para no arruinar tu amistad con él. No es tu culpa

Evan sostuvo mi mano, respirando hondo para calmar la rabia que aún le quemaba por dentro. Pasaron unos segundos de silencio reparador entre los dos.

-hay algo más que tienes que saber... sobre la noche de mi cumpleaños

Agregué, dejando escapar una pequeña sonrisa.

-¿Qué hizo Cameron?

Preguntó él, volviendo a ponérsele dura la mirada.

-no Cameron... Julián

Le relaté cómo había frenado a Cameron y cómo le había dicho en la cara todas sus verdades.
A medida que le reproducía las palabras de Julián, la tensión en los hombros de Evan empezó a ceder. La rabia en su rostro fue reemplazada por un gesto de sorpresa que, lentamente, se transformó en una sonrisa abierta, genuina y llena de aprobación.

-¿En serio le dijo eso? ¿A Cameron? Hay que tener unos huevazos gigantescos para plantársele así

Preguntó Evan, soltando una risita incrédula y negando con la cabeza.
Asentí, sintiendo que las mejillas se me calentaban ligeramente. Evan me miró fijamente durante un par de segundos, con esa mirada protectora pero sabia que solo un hermano mayor puede tener. Apoyó la espalda contra el respaldo de la silla y sonrió con picardía.

-¿Te soy sincero?

Dijo, señalándome con el dedo.

-Julián vale la pena de verdad, tiene los pantalones bien puestos y te cuida como nadie. Si de verdad sientes algo por él, no lo dejes ir por miedo. Te merecés a alguien así en tu vida




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