[Narrado por Evan]
Giré la llave en la cerradura del departamento con una fuerza desmedida, sintiendo la ira hervirme en la sangre a cada segundo. El viaje de regreso en el colectivo desde la facultad de Luna había sido un martirio; cada minuto atrapado en el tráfico solo sirvió para repasar cada palabra que mi hermana me había confesado en la hamburguesería.
Empujé la puerta de entrada con un golpe seco.
El departamento estaba en penumbras. Las cortinas del balcón tapaban la luz de la tarde y el único sonido en el ambiente era el crujido constante de la bolsa de boxeo improvisada que Cameron había colgado en el pasillo. Allí estaba él, en pantalones de gimnasio, empapado en sudor, descargando puñetazos secos y repetitivos contra la lona.
Esa imagen, la de él actuando como si nada pasara mientras mi hermana cargaba con el miedo y la culpa durante semanas, terminó de detonar la poca paciencia que me quedaba.
-¿Te divertiste jugando al loco en la universidad de Luna?
Solté, caminando directamente hacia él sin dudarlo.
Cameron detuvo el impacto a milímetros de la bolsa. La bolsa siguió oscilando lentamente mientras él se giraba despacio. Se limpió el sudor de la frente con el dorso del brazo, arrugando el ceño con esa mirada fría e impenetrable que llevaba puesta desde hacía un mes.
-¿De qué carajo estás hablando, Winster?
Preguntó, intentando mantener la voz neutra, aunque su respiración agitada delatara el cansancio.
-lo sé todo, Cameron
Rugí, acortando la distancia hasta quedar a menos de un metro de su rostro.
-acabo de almorzar con mi hermana. Me contó todo sobre la noche de la tormenta
El aire se congeló en el pasillo. La máscara de piedra de Cameron se resquebrajó de golpe. Sus ojos se abrieron ligeramente y dio un medio paso hacia atrás, golpeando la pared con la espalda.
-Evan... yo...
Balbuceó, perdiendo la elocuencia por primera vez en su vida.
-¡No me digas ni una mierda más!
Lo corté, dándole un empujón fuerte en el pecho que lo hizo tambalearse.
-¡Te abrí las puertas de mi casa! ¡Fuiste mi hermano de la vida desde que teníamos seis años! ¿Y te dedicas a acosar a mi hermana a mis espaldas? ¿A hacerla llorar mientras me ponías cara de idiota diciéndome que estabas estresado por las finanzas?
-¡No sabés cómo fueron las cosas!
Estalló Cameron, recuperando la postura y alzando la voz por encima de la mía, con las venas del cuello marcadas por la desesperación.
-¡Ella y yo teníamos algo, Evan! ¡Nos amábamos antes de que ella decidiera poner esa distancia estúpida por tu culpa! ¡Por protegerte a ti y a la familia!
Esa excusa me dio más rabia todavía.
-¡No metas a mi familia en esto para justificar tu violencia!
Le grité en la cara, sintiendo cómo se me quebraba la voz por la mezcla de furia y decepción.
-Luna tomó una decisión. Intentó alejarse de la manera más madura posible, ¿Y qué hiciste? Actuaste como un animal egocéntrico. La manipulaste con la culpa, la perseguiste y viniste a mi propia casa a actuar como si no hubiera pasado nada
Cameron se quedó callado, respirando con dificultad. Tenía los puños apretados, pero sus ojos reflejaban un abismo de culpa que ya no podía esconder.
-le pegaste a Julián...
Continué, negando con la cabeza, sintiendo cómo la profunda amistad que nos unía se desintegraba en mil pedazos sobre el piso del pasillo.
-un chico que no te hizo nada, que solo estaba cuidando a mi hermana mientras tú estabas ocupado volviéndote loco, ¿Y lo peor? Que incluso después de que le reventaste la boca, Julián se te plantó en la terraza el día del cumpleaños de Luna y te dijo la verdad en la cara
Cameron me miró fijamente, petrificado.
-sí, me enteré de eso también
Solté con una sonrisa amarga y llena de desprecio.
-me enteré de cómo te frenó y te puso en tu lugar. Te dejó como lo que fuiste: un egoísta arrastrado
Cada palabra mía parecía golpear a Cameron con más fuerza que cualquier puño. El color se le fue del rostro. La postura intimidante que siempre lo caracterizaba se desmoronó por completo; sus hombros cayeron y la mirada se le desvió hacia el suelo, incapaz de sostener la mía.
El silencio que siguió fue atronador.
Por primera vez desde que lo conocía, vi a Cameron completamente derrotado. No era solo el rechazo de Luna lo que lo estaba aplastando; era darse cuenta de que había destruido su relación con la única familia que le quedaba, que me había perdido a mí y que sus acciones no tenían justificación posible. Había perdido en todos los frentes.
-te desconozco, hermano
Dije con la voz apagada, sintiendo un peso enorme en el pecho.
-no sé quién eres, pero no quiero a alguien así viviendo bajo el mismo techo que yo
Cameron levantó la cabeza despacio. Tenía los ojos rojos, brillantes por las lágrimas contenidas que su orgullo se negaba a dejar caer.
-Evan... no me hagas esto...
Susurró, con un hilo de voz destrozado.
-agarra tus cosas y vete, Cameron
Sentencié con una firmeza helada, dándole la espalda para caminar hacia mi habitación.
-no te quiero ver cuando vuelva a la noche
[Narrado por Julián]
El eco del beso aún flotaba en el aire de mi departamento. Tener a Luna acurrucada a mi lado en el sillón, con una taza de té entre las manos y la cabeza apoyada en mi hombro, parecía casi un milagro. Su respiración tranquila, rítmica, me daba una paz que no recordaba haber sentido en mucho tiempo.
Después de la vorágine de la fiesta, los gritos de la lluvia y los fantasmas que la perseguían, esa tarde se convirtió en nuestra primera cita oficial. Sin disfraces, sin excusas de grupos de estudio, sin miradas sobre el hombro para ver si alguien nos juzgaba.
Le acomodé un mechón de pelo detrás de la oreja con suma delicadeza, sintiendo cómo se acurrucaba un poco más contra mi pecho.