El jardín de la casa de mis padres estaba iluminado con luces cálidas colgadas entre los árboles. La brisa de la noche traía el aroma del césped recién cortado y el murmullo de los preparativos para la cena de Nochebuena.
La llegada de los invitados había sido una prueba de fuego. Cuando Cameron cruzó el portón de entrada, acompañado por sus padres, el tiempo pareció detenerse. Vestía una camisa blanca y lucía un bronceado de mar que delataba su tiempo lejos de la ciudad. Su mirada escaneó todo hasta dar conmigo y con Julián, que estaba parado a mi lado con la mano apoyada en mi cintura.
El cruce de miradas fue helado, pero sobrio. Cameron no hizo ningún gesto violento, tan solo hizo un leve movimiento de cabeza con respeto y se dirigió hacia la parrilla, donde mi papá y Evan preparaban la carne.
Minutos después, vi a Evan y a Cameron alejarse hacia el sector de los frutales, al fondo del patio. Me quedé observándolos de lejos mientras servía una copa de vino.
-¿Seguro que no quieres que nos alejemos un rato?
Me susurró Julián al oído, notando mi rigidez.
-no, estoy bien
Respondí, forzando una sonrisa.
Al fondo del jardín, la conversación entre los dos amigos había empezado con un silencio pesado. Yo podía escuchar casi en susurros lo que ambos decían.
-así que volviste
Dijo Evan, apoyando los codos sobre la madera de la huerta, sin mirarlo.
-volví
Asintió Cameron, mirando hacia el suelo.
-y no espero que me perdones de la noche a la mañana, Winster. Estuve mal. Fui un tipo despreciable con todos. Necesitaba irme para entender en qué mierda me había transformado
Evan soltó un largo suspiro, girándose para mirarlo a los ojos. El enojo en su rostro parecía que había cedido.
-me dolió, Cam. Fuiste mi hermano de la vida
-lo sé
Dijo él con la voz quebrada.
-y no vine a justificarme. Solo vine a dar la cara. Tampoco te voy a mentir respecto a lo que siento por Luna. Pero te prometo que no voy a cruzar ningún límite de nuevo
Mi hermano sostuvo la mirada de su mejor amigo durante unos segundos eternos. Finalmente, con un ademán lento, le dió un golpe suave en el hombro.
-me alegra que hayas vuelto. Me hacías falta
La tregua se selló con un abrazo breve pero honesto.
Para la hora de la cena, la mesa larga en la terraza reunía a todos. La comida fluía entre risas, brindis y anécdotas del año, hasta que mi padre sacó el tema inevitable: los planes para el año que viene.
-dinos, Julián
Comentó mi padre, cortando un trozo de carne.
-Luna nos contó que estás a punto de recibirte, ¿Qué proyectos tienes en mente?
Julián se acomodó en su silla. Vi cómo su postura se volvía rígida por un segundo y cómo sus dedos apretaban el tallo de la copa.
-bueno... de hecho
Empezó Julián, buscando mi mirada antes de dirigirse a la mesa.
-acepté una oferta de pasantía en un estudio muy importante de la capital. Me mudaría en febrero
El tenedor se me congeló a mitad de camino hacia la boca.
El comedor pareció quedarse en silencio absoluto. Miré a Julián con los ojos abiertos de par en par, sintiendo que el aire se me escapaba de los pulmones.
-¿Aceptaste?
Pregunté, con una voz que me salió demasiado baja, casi en un hilo.
-quería contártelo después...
Intentó explicarse él, poniéndose nervioso ante la reacción de la mesa.
-la confirmación me llegó ayer por la tarde y no encontré el momento adecuado... no quería arruinar las fiestas...
-dijiste que lo ibas a pensar
Lo interrumpí, sintiendo una punzada de traición que me quemó por dentro. No era solo la distancia de tres horas, era el hecho de que me estaba enterando en una mesa familiar frente a diez personas que apenas estaba conociendo cuando a mí me había dicho otra cosa muy diferente.
-con permiso
Dije, poniéndome de pie con una elegancia forzada para no armar un espectáculo.
-Luna...
-dale un minuto, Julián
Intervino la voz firme de Evan.
Caminé a paso rápido hacia el fondo del jardín, alejándome de las luces y del murmullo de la terraza. Me adentré en la pequeña casita de madera del árbol, el viejo refugio de mi infancia donde solía esconderme cuando era chica. Subí la pequeña escalera y me senté en el suelo de tablas, abrazando mis rodillas contra el pecho.
El crujido de la madera de la escalera pocos minutos después me hizo levantar la cabeza, cuando pude ver el rostro de la persona que entraba, el corazón me dio un vuelco salvaje.
Se agachó para no golpearse la cabeza con el techo de madera y se sentó en el suelo, a un metro de mí, apoyando la espalda contra la pared.
-sabía que estarías aquí
-no quiero hablar, Cameron
-no tienes que hablar, solo vine a hacerte compañía
Lo miré de perfil... y en ese preciso instante, una verdad devastadora se me reveló como un rayo en la noche... jamás lo había dejado de amar.
La comprensión me golpeó con la fuerza de un impacto físico. Por eso, a pesar de que Julián me había dicho "te amo" en tres ocasiones distintas, nunca pude devolvérselas. Yo quería a Julián, lo respetaba y le estaba agradecida, pero el amor de mi vida, siempre había sido el hombre que estaba sentado a mi lado.
Cameron notó el cambio en mi respiración y giró la cabeza para mirarme.
-¿Qué pasa?
Preguntó en un susurro, detectando la conmoción en mis ojos.
-nada...
Balbuceé, sintiendo que me faltaba el aire, atorada en una encrucijada aterradora.
Si le decía la verdad a Julián, lo destrozaría y rompería la estabilidad que tanto me había costado construir. Si se lo confesaba a Cameron, sé que volveríamos a la misma encrucijada.
Cameron dio un pequeño paso hacia mí en el suelo de madera, estirando la mano con vacilación. Sus dedos rozaron mi mejilla con una delicadeza infinita, limpiando el rastro de una lágrima.
-no llores, no sabes lo que me cuesta verte así y no abrazarte como quisiera