Inefable

UNO

PRIMERA PARTE

¡DIME ALGO ROMÁNTICO!

UNA SEMANA DESPUÉS DEL JUEGO 

*Miranda* 

Los ojos de Emilio estaban cerrados, su pecho subía y bajaba suavemente al ritmo de su respiración. Parecía que el dormir lo tranquilizaba de su ansiedad. ¿Ansiedad?  

Resulto ser que la lesión fue más que un simple roce entre jugadores. El movimiento se había aplicado con intención propia de causar daño y el daño fue lo que arraso con el corazón de mi amigo. ¿Volvería al campo de futbol? ¿Podría siquiera tener la oportunidad de cumplir con su mayor sueño? ¿Su vida volvería a ser la misma? 

¡Ojalá la vida nos acariciara con justicia! 

El único sueño que Emilio tenía era el que su imaginación inconsciente le proyectaba dentro de su mente. Sus labios entreabiertos, brazos caídos sobre las sábanas, yeso en la pierna derecha y su cuerpo cubierto con una bata color crema de paciente de hospital.  

Sus pestañas estaban perfectamente bien dibujadas, eran las once de la noche cuando decidí acariciar su mejilla. Mi tacto fue suave, repentino y lleno de mucha inocencia. Mi pulgar trazo un camino de círculos muy cerca de sus labios rojizos y el corazón se me acelero justo en el momento en el que sus ojos se abrieron ¡Había estado durmiendo toda la tarde! 

Dio un bostezo muy grande y pareció sorprenderse al verme a su lado. 

—¿Qué haces aquí? ¿Aun no te has ido a casa? —Su pregunta me hizo sonreír. 

Se incorporo tratando de enderezar la cama de forma automática con el control remoto, quedo sentado sobre el colchón y sus ojos recién despiertos lucían muy bonitos con la tenue luz de las lámparas. Tenía hinchados los párpados y estiró un poco sus brazos para darle un poco de comodidad a su cuerpo. 

—¿No te gusta que este aquí? 

—Bueno sí, pero... 

Se quedó callado, se puso pensativo. 

—La neta no me gusta cuidar de ti. ¡Me causa dolor de cabeza! Pero tu madre se la pasó toda la mañana aquí y realmente se veía cansada. Así que me ofrecí para ocupar su lugar esta noche. Ella volvió a tu casa para poder descansar. Por eso es que estoy haciéndote compañía.  

Enarco una ceja y con la mano derecha se tallo el ojo izquierdo. 

—¿Y no te aburre estar cuidando de mí?  

—¿Aburrirme? ¿Por qué debería aburrirme? Si te pones a pensar, antes solíamos pasar mucho tiempo en mi habitación, acostados, sin hacer nada o nos tirábamos a ver alguna serie de Netflix. Tú dime, ¿por qué razón debería sentirme aburrida de estar contigo?  Esto no es muy diferente a estar en mi habitación. 

Lo pensó por unos segundos antes de responderme, en su muñeca derecha había una pulsera de color blanco con su nombre escrito; era su ficha de paciente.  

—Creo que ahora deberías estar cuidando de Édgar y no de mí. ¿Él está de acuerdo con que estés aquí? 

Su respuesta me sorprendió muchísimo, de verdad no esperaba que él me fuera a decir algo así. ¿Qué pensaba en realidad de mí?  

Deje escapar un suspiro.  

—Édgar no necesita de mi cuidado. Él se encuentra en perfecto estado y puede cuidarse solo. Aquí el que me preocupa eres tú y por eso estoy desvelándome contigo. 

—Pero y ¿él no se pone celoso de que su novia ande cuidando de su mejor amigo? 

¡Impactada! Era verdad que las cosas entre Édgar y yo no estaban del todo referidas a mi querido Emilio. ¡Sus pensamientos no estaban muy claros! Y la realidad aun no era como él pensaba. 

—Aun no somos novios. 

Parpadeo de forma chistosa. 

—¿Entonces que son? 

Hice una mueca graciosa y le di una palmadita suave en la mejilla. Note como los músculos de su rostro se relajaban ante mi tacto. 

—Solo somos dos corazones que aún no andan de románticos. Nos estamos conociendo un poco más, pero solo es eso. ¡Conocernos más! Por ahora no tenemos tiempo para ponernos de novios. 

Le pareció muy inesperada mi respuesta, sus labios hicieron una mueca lo más parecida a una sonrisa. 

—Bueno, pero ¿y él te gusta? 

¿Qué sentía yo en lo más profundo de mi corazón? ¿Amor? ¿Una dosis de enamoramiento puro? Sonreí con las locuras de mis pensamientos. 

—Un poco. No te mentiré, me gusta mucho su estilo y su forma de ser. ¡Es un buen tipo! Es gentil, caballeroso y muchas veces antepone sus sentimientos por poder cuidar de mí y de mi familia. 

¡Claro que Édgar era un buen tipo! Después de todo, fue mi profesor en el taller de lectura, cuido de mí mientras el tío Tom y papá jugaban a hacerme la vida miserable. 

—¿Y no te gustaría ir a verlo esta noche en vez de estar cuidando de un lesionado? 

Le lancé una mirada seria. ¡Canijo Emilio estaba tratando de deshacerse de mi compañía! Estaba siendo demasiado injusto conmigo. 

—Tonto. ¿Quieres que te deje ahora mismo? Porque si eso quieres no tengo problema en irme a mi casa. Es más, le diré a tu mamá que me corriste de la forma más cruel posible y le diré que te orinaste mientras dormías —bromee. 

Se ruborizo un poco y sus piernas se contrajeron. 

—¡No te enojes! Solo estaba bromeando. 

—Esas bromitas tuyas, casi haces que me largue de aquí. ¡Chamaco canijo!  

Sus dedos sujetaron mi mano, la suavidad de su piel me hizo estremecer y no pude esconder mi sonrisa. ¡Me gustaba estar con él! 

—¿Te piensas desvelar conmigo? 

—¿Tú no piensas dormir? 

—Estuve durmiendo toda la tarde, ahora mismo lo que me sobra es energía. Si no fuera por este estúpido yeso ya andaría lejos de aquí. ¡Hoy viernes era la fiesta de la facultad de arte! ¿No te gustaría ir de parranda a beber y bailar toda la noche? ¡Ya tienes edad para divertirte! 

—No digas tonterías. ¿Acaso no te gusta que esté contigo? Nomás quieres deshacerte de mí, ya te atrapé canijo.  




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