Infinidad Parte 3: El Corazón que Olvidó Amar

Capítulo 06

Videth miró el reloj en la esquina de un ordenador y avisó a Liliana tocándola en el hombro. Entendiendo su propósito, Liliana asintió y volvió al interior del espejo en el brazalete.
El brazalete se ensanchó haciendo que Videth pudiera retirarlo fácilmente del brazo de Mike antes de ponerlo en el suelo.
 —Mike, Edward, atended a lo que va a ocurrir.
El brazalete formó una pantalla de agua en el aire que emergía del espejo. En la pantalla se mostraba a John con un casco de hierro y con sus brazos y piernas encadenadas a dos pilares a su lado, debajo de el había un charco de sangre y trozos quemados de algo.
 —¿Qué le han hecho esos locos?
Videth miró a Edward y le pidió a Liliana con su vínculo que girara para que viera Edward lo que le hicieron.
Al ver la espalda de John, con el símbolo del infinito marcado en ella, notaron que la piel cercana al símbolo estaba quemada y sin ser suficiente, cortaron donde habían plasmado el símbolo.
Edward tembló brevemente, no podía imaginarse el dolor que debería sentir una persona al ser marcada como el ganado y que le cortaran la zona que se había marcado, aunque se tranquilizó al recordar que John escaparía de allí vivo.
Mike no tembló como su abuelo, simplemente sacó su móvil y envío un mensaje antes de volver a guardarlo. Después de unos minutos, al sentir la vibración del móvil, Mike apretó su puño con una sonrisa.
En la pantalla de agua, cientos de personas ataviados con túnicas se mantuvieron alejados de John un par de metros, aunque eso no les impidió formar un círculo a su alrededor.
 —Ya empieza.
 —¿Qué van a hacer ahora esos desalmados?
Edward preguntó a Videth, ya que no podía imaginarse algo peor que lo que le habían hecho a John.
 —Un ritual para que su dios descienda sobre la tierra... una tontería. Ouroboros simplemente se llamó a si mismo "dios" porque cree que es uno, y esos sectarios se lo creyeron.
Mike miró a Videth y replicó.
 —¿Entonces la historia original se basa en una paradoja?
Videth asintió.
 —Correcto. Sin Ouroboros no existiría la secta, sin secta John no habría obtenido su asimilación, sin su asimilación la Caja de Pandora no se abriría, y si la Caja de Pandora no se abre no ocurriría el Día Oscuro, y sin ese día...
Mike asintió, aunque había algo que le faltaba escuchar en las palabras de Videth, la procedencia de Ouroboros y lo que ocurrió el Día Oscuro. Aunque a Mike no le importaba, ya que bajo su punto de vista, Ouroboros era lo mismo que un cadáver, en cuanto apareciera le iba a enseñar una buena lección tanto por dejarlo paralítico en el universo anterior, como por tener unos seguidores tan macabros.
Tres personas se acercaron a John, y Videth sostuvo su hueso anular frente a sus dientes, pidiendo que Mike y Edward se callaran.

 

En algún lugar de la costa sur de China, alrededor de una candela había varias personas alrededor de una mesa con un mapa en ella. Las personas escuchaban atentamente lo que decía un hombre, o más exactamente, una criatura con armadura y una cola que tenía sus alas alrededor de su cuello como si se tratara de una bufanda.
 —Cinco personas por cada punto cardinal, no quiero bajas, pero si las hay quiero que se lleven por delante a un mínimo de diez idiotas. Aparte de eso, podéis hacer lo que queráis, como si hacéis explotar el lugar o queréis bañaros en sangre, me da igual siempre que saquemos a John.
 —Señor Pyhryus. ¿Qué hacemos con los altos cargos de la secta?
El casco de Pyhryus ardió con llamas celestes y desapareció, mostrando una sonrisa en su rostro lleno de escamas celestes con la que miró al hombre que lo miró.
 —Destrozarlos. Esparce sus restos por el suelo, bailad sobre ellos y quemadlos, esos imbéciles van a ser extirpados como si fueran el maldito cáncer del mundo.
Pyhryus no pensaba lo que decía, ya que desde que recibió el mensaje de Mike y supo que John estaba en semejante situación, solo quería convertir en cenizas esa secta y a su supuesto dios.
El hombre se quedó en silencio y asintió, por lo que Pyhryus miró a los demás, asegurándose de que no hubiera mas preguntas.
 —Bien. No hay mas preguntas, entonces preparaos, salimos al Amazonas en quince minutos. Todos tenéis que aseguraros de llevar vuestras armas, y lo mas importante, pensar que no es una batalla, sino que es aplastar una cucaracha grande que tiene que morir antes de que engorde.
Las personas a su alrededor se esparcieron, y Pyhryus se apoyó en la mesa con los ojos cerrados. Intentó respirar hondo y tranquilizarse, aunque sus manos comenzaron a temblar hasta que rompió la mesa con un golpe de su puño.
 —Ese maldito crío se atreve a tocar a mi descendiente...
 —¿Enfadado?
Pyhryus abrió los ojos, pero no miró detrás suya, su rabia era tan grande que si miraba y la persona que le habló era la misma que imaginaba, su cabreo podría costarle a China una gran porción de terreno y eso sería malo tanto para él, como para la organización.
 —No tienes que estar enfadado... dentro de poco John conseguirá la maldición de la Caja de Pandora... cierto, olvidaba que no será el mismo que conociste y no tendrá tus genes.
Pyhryus se giró y caminó hacia el niño blanco semitransparente, intentando agarrar el cuerpo que  su mano traspasaba, enfureciendo mas a Pyhryus.
 —Claro... olvidaba que eres un inútil que no puede acceder al universo. Pero créeme Ouroboros, para ti es una bendición ahora mismo... porque si pudiera... te dejaría rostizado en este puñetero segundo.
Pyhryus hablaba con una sonrisa siniestra y un fulgor en sus ojos rojos sesgados, aunque Ouroboros, que no llegaba ni a la cintura de Pyhryus, seguía con su sonrisa característica.
 —Ya lo veremos dragón senil... lo veremos pronto...
Ouroboros desapareció en el aire, dejando a Pyhryus con una ira interna que le era imposible mitigar, por lo que cogió el móvil de la mochila de su segundo al mando y, con cuidado de no atravesarlo con sus garras, llamó y colgó a Mike.
 —¡Todos, nos vamos ya!
En el mensaje de Mike, le dijo que si decidía atacar la secta le diera un toque para tranquilizarlo. Aunque Pyhryus en un principio quería hacer solo una misión de rescate, retirándose en el momento que John estuviera a salvo, pero debido a la inesperada visita de Ouroboros, su sangre ya caliente estaba hirviendo con las provocaciones de Ouroboros, haciéndole querer masacrar todo a su alcance.
Poco sabía Pyhryus del peligro que enfrentaría al llegar a la secta, ya que los Tres Gobernadores estarían presentes en el ritual.




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