Inmortal

51.

—¿Por qué no hablaste antes? Llevamos meses aquí; podría haber sido más interesante.

Eran las primeras horas de la noche cuando Mavia empezó a hacerle preguntas. Menos soldados rondaban las celdas a esas horas, así que podían hablar con más libertad.

—Entre mi pueblo está mal visto hablar con el tuyo. Un acto de fraternización tal, puede ser condenado con la muerte —explicó la Sombra.

—¡Wow! —Mavia alzó las manos enseñando las palmas—. Eso es mucho más odio del que esperaba.

—¿Y qué esperabas? —La Sombra abandonó su posición habitual en el rincón y se acercó a los barrotes por la derecha. Señaló a Mavia con una garra—. Tu gente traicionó a la mía y nos han estado cazando como animales desde entonces.

A Mavia se le cayó la mandíbula. Despegó la espalda de la pared y puso recta la columna.

—¿Traición? Ustedes llegaron con los Titanes a matar a cuanta criatura se les cruzó por delante. Nosotros estábamos defendiéndonos.

—¡Mentira! —El grito retumbó en la mente de la Suprema, haciendo que el piso se moviera bajo su cuerpo. Se llevó las manos a la cabeza para mitigar el efecto—. Tu gente llegó en barcos hechos de maderas que en esta tierra no existen. Avanzó con promesas de hermandad solo para quitarnos nuestro hogar y eliminar nuestra sangre.

—¿Pero de qué hablas? —Mavia tenía el ceño fruncido y elevó el lado derecho de la boca, confundida—. Las Sombras vinieron de otro mundo cuando los Titanes las llamaron…

—¡No te atrevas a decirme cuál es mi historia, Suprema! —La criatura dio un golpe a la reja. El sonido de la piel chamuscada fue cubierto por la vibración del metal—. Nosotros estábamos aquí mucho antes de que ustedes llegaran. —Bajó un poco el tono—. Sus sabios nos juraron que solo querían escapar de la guerra; que su lealtad con los aliados era inquebrantable. Los Titanes eran nuestros protectores y gobernantes, asignados por nuestro emperador en persona.

Se retiró a la seguridad de su rincón antes de continuar:

—Nuestra gente solía ser amistosa. Los Titanes los dejaron establecerse en nuestras tierras; un error que los reinos vecinos reconocieron. Cerraron sus fronteras, protegiéndolas con sortilegios de todo tipo para mantenerlos lejos.

Mavia la escuchaba incrédula; no se parecía en nada a la historia que contaban los Dragones.

—Por un tiempo convivimos, pero cuando se dieron cuenta del inmenso poder de nuestros protectores, empezaron a temer. A desconfiar. Sus sabios tramaron un plan para llevarlos lejos y matarlos. Tomaron el palacio. Quemaron nuestros pueblos. Así empezó la guerra entre tu gente y la mía, Suprema.

Mavia no sabía por dónde empezar a preguntar. Se quedó un momento en silencio, procesando la información. Su corazón latía con fuerza mientras su mente iba a mil por hora.

—¿A qué raza le llamas "sabios"? —le preguntó al fin.

—¿A cuál crees? —Algo parecido a una risa se escondió detrás de las palabras—. A los Dragones.

—Los Dragones son una raza leal por naturaleza, jamás hubieran traicionado a tu pueblo —replicó de inmediato.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué son los únicos que debieron jurar lealtad a tus ancestros?

—El juramento fue ofrecido por honor. No exigido.

Ahora, sin duda, la Sombra se estaba riendo.

—Claro. Por eso debiste invocarlo incontables veces. Por eso los lleva a la muerte. Por honor. —El tono sarcástico destilaba veneno—. Dime algo, Suprema: ¿quién escribe tus libros de historia?

Mavia guardó silencio. Estaba sopesando la idea de que fuera posible.

—¿Cuál es el reino que les quitaron? —Ya imaginaba la respuesta.

La Sombra giró un dedo señalando todo a su alrededor. Mavia se dejó caer contra la pared.

—Las celdas subterráneas —murmuró. Recordó el lugar donde las Sombras habían encerrado a sus amigos durante la toma de Tercia en la última guerra—. La llave era como la garra de una Sombra.

—No eran celdas. Originalmente, era el tesoro del palacio lo que yacía ahí abajo. Tu gente nunca supo de su existencia y nosotros pudimos vaciarlo gracias a eso.

—¿Dónde está el emperador del que hablas? —Era lo que más curiosidad le daba.

—Nuestro emperador no habita este mundo. Gobernaba sobre nosotros a través de los Titanes; ellos podían viajar entre mundos. Supongo que tus ancestros formaron sus fábulas con esa información.

Mavia sacudió la cabeza.

—No lo entiendo. ¿Por qué reescribir la historia de esa forma? Tercia… se supone que se forjó para vigilar la tumba de los Titanes; no hay registros previos a eso.

—Desconozco las razones de las mentiras de tus sabios, Suprema. Solo sé que ningún otro reino aceptó tener contacto con los tuyos después de aquello y que mi pueblo está en una lucha eterna por recuperar su hogar.

—De acuerdo… De acuerdo… —Pasó los dedos sobre los labios—. Cuéntame toda la historia. Quiero saber cuál es la versión de las Sombras.

Y así fue. La criatura de la noche le contó todo lo que sabía. Mavia pudo encontrar partes en las que las historias coincidían, pero en su mayoría eran diametralmente opuestas. No le gustaba nada pensar que toda su vida, toda su identidad, estaba basada en mentiras. Pero tenía sentido. Todo lo que oía, tenía sentido.




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