Aurora Connor
En sus últimas noches de vacaciones, Aurora había estado saliendo con sus amigos, dando vueltas por el centro del pueblo, riendo y bromeando. Sus hermanos mellizos, Alana y Nathan, la acompañaban cada vez que salía. Aurora no podía andar sin la compañía de alguien cercano debido a su ceguera; toda su vida había sido así, rodeada de personas que la cuidaban a diario. Estaba cansada de eso, pero no podía negárselos; sus padres eran sobreprotectores y lo menos que deseaba era que se preocuparan. Ella y su familia eran inmigrantes irlandeses, residenciados en Venezuela, en el estado Anzoátegui.
Esa noche vagaban tranquilamente cerca del bosque Uverito, canturreando sobre lo bueno que era regresar a clases después de tanto tiempo de cuarentena debido a un virus que azotaba a la humanidad llamado coronavirus. De pronto, sintieron un ruido estrepitoso dentro del oscuro bosque. Margaret, su amiga de la infancia, se persignó aterrada, pensando que se trataba de un espíritu como los que su abuelo le contaba por las noches. Asustada, les dijo a todos que era hora de retirarse, pero los varones del grupo se negaron, asegurando que seguro era un animal. Nathan, el hermano de Aurora, se apresuró a abrazar a Daniela, una de sus conquistas. Era un buen momento para los chicos; todas las chicas estaban aterradas y necesitaban un príncipe azul que las protegiera.
Alana, la melliza de Nathan, estaba sujetada a la mano de Aurora; eran el tipo de hermanas inseparables que no se cambiaban por nadie. Diego, uno de los chicos del grupo, tomó a María, que también estaba tiritando de miedo. La noche avanzaba totalmente oscura, sin luna ni estrellas, con solo la tenue claridad de tres postes a una distancia considerable, un hecho que los aterraba aún más. Siguieron caminando con la idea de que solo había sido un animal del bosque. Minutos después, escucharon el crujir de varias ramas siendo aplastadas por algo pesado. Todos se vieron las caras, menos Aurora. Ella se había quedado quieta en el mismo lugar, donde se detuvieron a escuchar los ruidos. Los chicos ya no parecían tan calmados como antes; estaban nerviosos, al igual que las chicas. Segundos después, decidieron seguir caminando a pasos rápidos, bajo la oscura y fría noche de enero.
Cuando iban a mitad de camino, escucharon un fuerte y escalofriante rugido dentro del bosque. Sus corazones latían como tambores. Diego, el chico más alto del grupo, se imaginó que tal vez les estaban jugando una broma, pues no era raro que algunos chicos asustaran a las personas para subir videos a internet.
—¡Si están jugándonos una broma, déjense de estupideces y salgan! ¡Es peligroso estar dentro del bosque a estas horas! —gritó Diego, con la mirada en el bosque y el temor en sus pantalones.
—¿A quién le hablas? —preguntó Nathan, con las cejas enarcadas y una mirada de extrañeza.
—A nuestros compañeros —dijo, poniendo sus manos en jarra—. ¿Quién más crees que sea tan tonto para jugarnos una broma a estas horas de la noche?
Nathan comprendió que podía ser cierto. No hacía mucho, él y otros amigos habían hecho lo mismo con unos turistas, quienes juraron esa misma noche «jamás volver a pisar esa tierra maldita».
—Tienes razón. ¡Imbéciles, salgan de ese escondite! —dijo, mirando al bosque—. Les prometo no hacerles daño... Solo si salen ahora mismo porque...
Sus palabras quedaron a medias cuando una sombra gigante se asomó entre la oscuridad de los árboles. Todos se vieron las caras. Alana gritó junto a otras chicas y salieron corriendo, dejando a Aurora sola y petrificada en el mismo lugar, donde se había detenido a esperar. Ella se encontraba anonadada, no podía correr ni siquiera moverse. No sabía adónde dirigirse, sintiendo que estaba entre la espada y la pared. Sus hermanos la habían dejado sola, sin señales de adónde huir. Parecía que la noche, de un momento a otro, estaba más fría; los sonidos de los árboles y la brisa se habían puesto de acuerdo para aterrarla. Nunca en su vida se había sentido tan abandonada como en ese momento, justo cuando más necesitaba la compañía de sus hermanos.
De repente, sintió una presencia detrás de ella que la apretó y la arrastró abruptamente hacia el centro del bosque. Aurora soltó un grito tan fuerte, casi impulsivo, que incluso los pájaros dormidos salieron volando de los árboles. Mientras era llevada por aquella extraña criatura, escuchaba el sonido de las ramas rompiéndose. De pronto, lo que la sostenía la soltó y la dejó caer en el suelo. Entonces, volvió a gritar más fuerte cuando notó que estaba sola dentro del bosque. El viento era violento a su alrededor, quería tumbarla, pero Aurora seguía gritando, como si su vida dependiera de ello. Y tuvo razón; su vida dependió de ese grito, el grito que lo cambió todo.
Sus hermanos y amigos la encontraron minutos después, desmayada en el duro suelo, con la sorpresa de que todo a su alrededor era un caos. Parecía que un terremoto había pasado cerca y se hubiera llevado todos los árboles de pino.
Cuando llegaron a casa, sus hermanos les contaron a sus padres lo que había pasado. Ellos sabían perfectamente lo que Aurora había hecho y les revelaron a los tres que ella era la última descendiente de una banshee. Sus hermanos sabían la historia, pero no del todo. Resultaba que Aibhil había lanzado una profecía antes de morir: «La última de mi descendencia será como yo». Las semanas siguientes, Aurora no pudo dormir porque escuchaba muchas voces de personas muriendo, algunas despidiendo y otras pidiendo ayuda desgarradoramente. Días más tarde se le informó que dejaría de asistir a su escuela para mudarse a una nueva.
—Yo no quiero ir a una nueva escuela —reprochó—. Y mucho menos con fenómenos.
Desde niña, ella le temía a los espíritus. Le aterraban. Cada noche, hasta los doce años, se pasaba a la habitación de sus padres a medianoche con la excusa de que los monstruos la acechaban. Incluso un día llegó a escuchar una risa maliciosa desde su armario. Sus padres nunca le creyeron; ellos sabían que los seres sobrenaturales estaban en el nuevo mundo.
#490 en Fantasía
#338 en Personajes sobrenaturales
#2383 en Novela romántica
hombres lobo, besos venenosos, mate luna vampiros hombre lobo
Editado: 21.08.2025