– Liz, despierta.
– ¿Qué?... ¿Amber? – se despierta y ve la hora – son las tres de la mañana… Quiero dormir más.
– Debo ir a mi casa, tengo información que tal vez ayude.
– Está bien ya voy.
– Vamos a llegar justo antes de que despierten – sale de la habitación sin hacer ruido, va a la sala tomando su bolso, mira alrededor para asegurar que no hay nadie. Se sienta unos minutos esperando, hasta que se levanta de nuevo caminando a la cocina, en el camino ve un cuadro en la pared, se muestra Dante, más joven junto con sus padres y su hermana menor, nunca la menciona ya que recuerda. Sigue caminando llegando a la cocina y se asusta al ver una silueta.
– ¿Walter?... Me sacas un susto.
– Soy Dante, ¿qué haces aquí? – enciende la luz y deja ver que lleva un vaso de agua.
– Tengo sed, también – toma un vaso y se sirve agua, nerviosa de que la descubra.
– ¿Y llevas tu bolsa a todas partes?
– Ya estoy lista Amber – llega Liz con sus cosas y ve a Dante – ¿Nos va a llevar?
– ¿A dónde van? – Dante se acerca a ellas.
– Debo ir a mi casa por mis cosas… Regresamos enseguida, no vamos a tardar.
– No, no van a ir, ya hablamos de esto, iré con tu hermano.
– Me están ocultando cosas, iré yo, ellos no saben nada de lo que guardo – se aleja de él caminando a la puerta principal – Vamos Liz.
– Amber, espera… Te voy a llevar, pero Liz se queda – va detrás de ella antes de que salga.
– Por mi está bien, voy a regresar a dormir… Si tu hermano me pregunta, le diré dónde estás – se sienta en el sofá y abraza un cojín.
– Está bien, vamos – se aleja de la puerta principal para ir al estacionamiento de Dante.
Él toma sus llaves y su abrigo antes de salir.
– Debes ir mas cubierta, a esta hora hace más frío.
– No te preocupes, desde que volví a la vida, no lo siento demasiado – espera en la puerta del auto viendo cómo se cubre con su abrigo – puedo ir sola, si te congelas.
– Tampoco sufro de mucho frío – abre el auto y lo enciende para prender la calefacción.
– Si… – sube al auto viendo que tiene la nariz roja y sus manos tiemblan – Se puede notar que no tienes frío – se burla mientras se pone el cinturón de seguridad.
Dante sonríe al ver que sigue siendo la misma que conoció en el trabajo. Conduce por un largo trayecto, que fue silencioso y cómodo, Amber sólo ve por la ventana algunas casas, sólo imagina como sería haber tenido un hogar con mucha comodidad durante su infancia.
– Tengo una duda desde que llegué a tu casa – dice Amber mientras lo ve.
– No es bueno quedarse con duda, así que dime – sonríe de forma amable, abierto a la pregunta.
– ¿Tienes una hermana? – ve como su sonrisa desaparece cambiando a una expresión nostálgica.
– Ella era tres años menor que yo… Un asalto me arrebató lo más importante, tendrá cuatro años por siempre.
– Lo siento, no debí preguntar. Ya veo porque nos ayudaste… Te lo agradezco mucho.
– Pero no debió ser así, tu cuerpo reaccionó diferente. Yo también tengo ese medicamento, mi padre me salvó con eso.
– Tal vez no de la misma manera, los cuerpos reaccionan diferente, no es tu culpa… Todo esto, el hospital que incendié, Liz que caminó en medio de este frío, el domo que ella nos menciona y el clima… El clima cálido… Y… La pulsera que tengo en mi tobillo.
– No olvides el espejo, mencionaste que era oscuro, y todo lo demás – suspira aún sin poder creer en todo lo que sucede.
– Cierto… Ya casi llegamos… Espero que todo siga igual – dice con la poca esperanza que aún tiene.
– Walter no quiere que te alteres como ese día, por eso te protege… Es un buen hermano – se detiene frente a la casa de Amber, apaga el auto y sale sintiendo el frío más intenso.
– No voy a perder el control, sólo voy por mis cosas y ya – se prepara mentalmente, sale del auto viendo que las ventanas de su casa están rotas.
Se acerca más viendo la puerta abierta, casi por caer, algunos recuerdos llegan. Su padre reparando la puerta, y su hermano ayudando, y en la misma cocina, su madre prepara pan con chispas de colores. Las risas de su familia, a pesar de no tener mucho dinero, estaba muy unida, el ambiente que era cálido, ahora sólo es frío, la ventisca helada entra por las ventanas rotas y la poca iluminación deja ver algunas cosas en el suelo.
Dante entra detrás de ella viendo cada detalle, recoge un cuadro en donde se muestra una foto, los cuatro celebrando el cumpleaños de su padre, un pequeño pastel en el centro. Sólo puede pensar en que no tienen mucho tiempo de vida, y que todo será sólo recuerdos, guarda la foto y sigue a la sala en donde está Amber viendo un dibujo en la pared.
– Solía dibujar, recuerdo que este dibujo lo hice con mi mamá, no sé hace cuantos años, tal vez cuando estaba en primaria… Debo buscar mis cosas – va con prisa a su habitación dejando a Dante en la sala.