En plena pandemia falleció mi madre e Irene fue a Uruguay. Yo estaba ahí desde setiembre de 2020. Fue un gran problema viajar porque los aeropueros estaban cerrados. Pero, por el trabajo online y porque aababa de nacer mi nieta, entre otras razones, permanecí allí hasta marzo de 2022.
Eso me dio tiempo de pasar tiempo con mi madre, de recoger sus cuentos y, cuando noté que le quedaba poco tiempo, le avisé a mis hermanas para que vinieran a la brevedad. Isa, la menor, y su hijo resideían en Canadá e Irene, con su esposo y el menor de sus hijos, en Italia.. Los mayores ya habían emigrado al Reino Unido antes del Brexit.
Ninguna llegó a tiempo porque la muerte se mi madre no se dio lentamente y por la enfermedad que tenía, sino por una infección generalizada que se agarró por una mala praxis al operarla de la cadera luego de una caída que tuvo. Dentro de todo, fue una muerte más benigna que la de su enfermedad.
Entre las cosas que hicimos fue ir a Santa Lucía y allí conocí a Ema, la hermana de Irma Ibero, una parienta por el lado Ibero a la que yo había conocido cuando empecé a hacer mi árbol gnealógico. Esa historia la contaré en otro libro.
Irene conoció a ambas. Visitamos el cementerio buscando las tumbas que yo recordaba haber visto y fuimos a la iglesia de Santa Lucía tratando de que los guardabosques nos dejaran entrar a los libros, algo que estaba sumamente prohibido por el cura de esa parroquia y la secretaria del despacho parroquial se encargaba encargaba de cumplir fielmente sus órdenes. Era la misma que yo había conocido en mi primera visita pero en ese entonces al menos me había dejado revisar los libros donde se hallaba la lista de nombres, no los registros en sí. Ese día entendí algo: Los Ibero eramos pobladores fundadores del pueblo, que en ese entonces se llamaba San Juan Bautista. Había bautismos de niños Ibero ya en el primer libro de esa iglesia.
Tanto Irma como su hermana me parecen personas geniales y me encantó conocerlas. Lamentablemente las pude tratar poco. Pero al menos me llevé sus teléfonos y por un tiempo estuvimos en contacto por whatsapp.
Mi celular uruguayo dejó de funcionar al darlo de baja porque ya me iba del país otra vez y perdí su teléfono. El esposo de Irma estaba muy enfermo ey lla lo cuidada con la misma dedicación que yo a Doug. Ce alguna forma, me vi reflejada en ella. Pienso que ese hombre debe de haber fallecido ya, pero tal vez no.
También fuimos a ver a Ivonne, la sobrina y, pienso, heredera universal de Elsa. De esa visita hablaré en el libro de Tata.
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Editado: 17.10.2026