Iron World

Blindaje

Las explosiones continuaban sacudiendo Estación Prime.

Cada disparo hacía vibrar las estructuras metálicas del patio ferroviario mientras las alarmas rojas seguían girando sobre los techos industriales, bañando todo con destellos intermitentes.

El blindaje exterior ya había sellado la estación, ahora todos estaban atrapados.

Karla se mantuvo agachada detrás de un contenedor destruido mientras una ráfaga de plasma impactaba sobre el acero encima de su cabeza, el calor era insoportable y el aire comenzaba a volverse pesado desde que Eder activó el protocolo de aislamiento total.

Frente a ella, uno de los Equus Celer avanzaba entre humo y cadáveres arrastrando las garras sobre el andén. El sonido era peor que un gruñido, parecía metal siendo desgarrado lentamente.

—¡A la izquierda! —gritó uno de sus soldados.

La bestia saltó demasiado rápido para algo tan grande haciendo que Karla rodara sobre el piso metálico apenas logrando evitar las mandíbulas de la criatura. Sintió el aliento caliente pasar a centímetros de su rostro, gracias a su destreza logró realizar dos disparos. La primera bala arrancó parte de una de las placas dérmicas del animal, mientras que la segunda impactó directamente en el ojo, haciendo que el Equus emitiera un chillido gutural tan fuerte que varios trabajadores se cubrieron los oídos.

La criatura cayó retorciéndose, pero otras tres seguían avanzando.

—¡No dejen que entren a la central! —rugió Karla recargando el arma.

Del otro lado del patio, Eder coordinaba a seguridad. El joven jefe táctico corría entre columnas de humo mientras repartía órdenes a través del comunicador.

—¡El equipo dos cubriendo el servicio médico! — grita sin dejar de correr — ¡Cierren los accesos del corredor norte! ¡Muevan a los civiles al refugio subterráneo! Equipo B ,deben ir a la caldera, los necesito allá.

—” Equipo movilizándose a la caldera”

Un disparo impactó cerca de él haciendo saltar chispas sobre las paredes. Eder apenas reaccionó, le arrebató un rifle a uno de los guardias heridos y abrió fuego contra los jinetes, a pesar de su baja estatura se movía rápido. Demasiado rápido.

Uno de los forajidos intentó abalanzarse sobre él montando un Equus Celer cubierto con armadura negra. Eder disparó directamente al jinete entre los ojos y el cuerpo cayó pesadamente sobre las vías.

—¡Sigan disparando! —gritó—. ¡Si perdemos el patio perdemos Prime!

Mientras tanto, varios niveles arriba, Artur Contreras trabajaba casi sin respirar, las pantallas holográficas cubrían toda la torre de operaciones mostrando rutas ferroviarias, líneas de carga y alertas de emergencia.

En pocos minutos todo estaba colapsando.

—Desvíen el convoy minero a Titan Prime.—Grita Artur—

—En eso estoy, en eso estoy — Los dedos de Zafiro se movían veloz por el teclado al tiempo que no dejaba de ver las pantallas — ¡Máquina veinte mil diez!

—Aquí Veinte mil diez….

— No pueden llegar a Prime, estamos siendo atacados, ya los esperan en S.S Marshal, tiene pase libre.

—¿ Marshal? Es paso obligado Prime…

— Lo sé, pasen de largo por la vía tres, ya hicimos los cambios…que toda la tripulación se proteja.

—Cierren las vías de acceso siete y ocho. —Ordena Arturo. —No quiero un solo tren entrando aquí.

— En eso estoy — Zafiro no deja de enviar telegramas a las estaciones próximas — ¡Si, estamos bajo ataque! Enterada, gracias. ¡Artur! Chaparral nos dio luz verde, Stanford también y Pueblo viejo. Ya todos saben que estamos bajo ataque.

— ¡Perfecto!

Sus manos viajaban sobre los controles holográficos con rapidez brutal. La estación y su gente dependía de él. Cada decisión significaba salvar cientos de vidas… o condenarlas.

Zafiro hombro con hombro trabajando a su lado. La jefa de patio tenía el cabello parcialmente suelto después de correr entre explosiones y humo, pero aun así seguía dando órdenes con una frialdad impresionante.

— Zafiro debemos sacar el convoy médico del corredor tres, están muy cerca del reactor.

—No los podemos mover, pero si cortar el flujo y empezar a enfriar los pasillos eso nos puede dar tiempo a todos y rezar para que no…

—Si explota ese sector nos mata a todos. —Arturo levantó apenas la vista hacia ella. —¿Cuántas líneas siguen activas?

Zafiro revisó rápidamente los monitores.

—Cinco… no, cuatro. — Ambos se asustaron al escuchar y sentir otra explosión que hizo sacudir la torre—

Las luces parpadearon, por unos segundos ambos guardaron silencio, Zafiro cerró sus puños demasiado fuertes en señal de miedo, Arturo solo colocó sus manos en los hombros de su compañera.

El hombre suspiró luego Arturo volvió a trabajar. Porque no tenían tiempo para miedo, abajo, la enfermería había dejado de parecer un hospital, ahora parecía zona de guerra.

Las camillas llenaban incluso los pasillos exteriores y la sangre comenzaba a mezclarse con agua, aceite industrial y ceniza. Una enfermera lloraba mientras intentaba detener una hemorragia arterial con las manos, otra vomitaba detrás de un biombo.




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