El aislamiento total convirtió a Estación Prime en una tumba metálica.
Las compuertas blindadas habían descendido sobre todos los sectores de la estación orbital sellando corredores, patios y túneles de servicio. Lo que antes era una ciudad ferroviaria viva ahora estaba dividida en pequeños fragmentos atrapados entre acero, humo y miedo.
Y lo peor…
Era el silencio entre explosiones, porque cada vez que los disparos cesaron durante unos segundos, todos podían escuchar los rugidos de los Equus Celer recorriendo los andenes.
En el sector mecánico sur, las luces funcionaban apenas a medias, el enorme taller de locomotoras permanecía detenido por primera vez en años. Los motores suspendidos sobre plataformas hidráulicas seguían soltando vapor caliente mientras decenas de trabajadores observaban nerviosos las puertas selladas.
Algunos fumaban, otros rezaban mientras otros discutían.
—¡No podemos quedarnos encerrados esperando! —gritó un operador golpeando una mesa metálica—. ¡Debemos salir antes de que entren esas cosas!
—¿Salir a dónde, imbécil? —respondió otro—. ¡Allá afuera se están matando!
La tensión era insoportable.
Entonces una voz más grave rompió el caos.
—¡Silencio!
Todos voltearon. Frank Miller acababa de bajar de una de las plataformas de mantenimiento limpiándose las manos con un trapo ennegrecido por grasa industrial.
Alto, robusto, tranquilo. Vestía aún el uniforme fluorescente de ingeniería ferroviaria, aunque sobre los hombros cargaba un viejo arnés táctico militar que nadie le había visto.
La gorra oscura le cubría parte del rostro, pero no suficiente para ocultar la seriedad en su mirada, Frank rara vez levantaba la voz y precisamente por eso, cuando lo hacía, todos callaban.
—Escuchen bien —dijo avanzando entre ellos—. Si pierden la cabeza aquí adentro, ya estamos muertos.
Uno de los mecánicos tragó saliva. —¿Entonces qué hacemos?
Frank observó las pantallas apagadas del taller.Pensó apenas unos segundos.
Viejos reflejos militares despertaban dentro de él aunque había intentado enterrarlos hacía mucho tiempo. —Primero aseguramos los accesos. —Después energía. —Luego las comunicaciones, la Caldera debe ser protegida, pero por ningún motivo debemos irnos, por lo que escuche por la radio, algo más que los Equus han llegado, así que a trabajar.
Aquello no sonó como sugerencia, sonó como una orden y todos obedecieron.
Porque había hombres que nacían para dirigir incluso cuando no querían hacerlo y Frank hacía años que no ordenaba ni su vida.
Mientras varios trabajadores comenzaban a mover contenedores y herramientas pesadas para bloquear entradas secundarias, Frank caminó hacia la vieja consola de transmisiones del taller. La pantalla apenas parpadea.
—No sirve desde el apagón parcial —murmuró un técnico joven—. Prime perdió casi toda la red exterior.
Frank se arrodilló frente al panel. —La red civil sí. —Retiró una cubierta metálica usando un desarmador magnético y dejó expuestos varios circuitos antiguos cubiertos de polvo.
El muchacho abrió los ojos sorprendido. —¿Qué demonios haces? Eso es una reliquia.
Frank no respondió de inmediato. Conectó manualmente dos líneas quemadas. Las luces del panel comenzaron a encenderse lentamente.
—Hace años la Federación instaló canales militares de emergencia ocultos en estaciones fronterizas —explicó finalmente—. Por si alguna colonia quedaba incomunicada o sufrían un ataque y esta estación no fue la excepción.
—¿Y cómo sabes eso?
Frank suspiró apenas. —Porque yo ayudé a instalarlos. Esta estación tiene poco más de doscientos años, hace años el ejército por orden de la Federación se hizo cargo del mantenimiento.
El silencio cayó dentro del taller, muchos ahí sabían que Frank había sido militar, pero nadie conocía realmente su historia. Nunca hablaba de ella, todos sabían que había llegado después de un divorcio que lo dejó solo con lo que traía puesto, nadie sabía nada más…Hasta ahora.
La consola emitió un pitido grave. “SEÑAL DISPONIBLE” dijo una voz robótica.
Frank tomó lentamente el comunicador.
—Aquí estación orbital Ferroworld Prime… Atención Federación… Código Negro Ferroworld Prime. Clave ferroviaria: Delta-Rail-Omega. Solicito apoyo táctico inmediato. Mi registro FRK-0421-77. —calla por unos segundos — Posible Código Omega. Solicitamos apoyo inmediato. —Repito. —Prime está bajo ataque…
Interferencia…Estática… Y luego silencio. El joven técnico negó con decepción.
—No llegó a nadie.
Frank observó fijamente la consola.
—Sí llegó. — se retira su gorra de trabajo y pasa su mano por la frente— Estoy seguro que sí llegó.
Muy lejos de Prime, atravesando rutas ferroviarias suspendidas entre cinturones de asteroides, una señal roja apareció sobre varios monitores militares de la Federación.
Las alarmas comenzaron a sonar dentro de un centro táctico orbital completamente blanco y silencioso.