Iron World

Ecos del pasado, gritos del presente.

Dos horas antes del ataque…

Apoyado contra la pared metálica del corredor de servicio, parecía demasiado tranquilo para alguien que trabajaba entre locomotoras orbitales y convoyes armados.

El chaleco fluorescente reflejaba las luces industriales de Prime mientras sostenía distraídamente su comida como si el caos de la estación jamás pudiera alcanzarlo ahí, justo por eso llegó ahí hace diez años cuando por heridas de combate lo jubilaron del ejército y su ex esposa lo dejó en la miseria, y desde el día que llegó Frank se impuso no con gritos o maltratos, no, él posee esa clase de presencia difícil de explicar: silenciosa, pesada… confiable.

La gorra oscura le cubría parte de la mirada, pero no lo suficiente para ocultar unos ojos atentos acostumbrados a observar antes de hablar. La barba corta y el cansancio marcado bajo los ojos le daban aspecto de hombre que había pasado demasiadas noches entre motores calientes, radios encendidos y turnos interminables.

No parecía un héroe. Y precisamente por eso imponía más respeto que muchos soldados.

Era el tipo de hombre que conocía cada ruido de las vías, cada vibración del acero y cada mentira dicha por radio antes de que alguien más notara que algo iba mal, veterano, calmado, trabajador, noble,

— Esta noche el cielo se ve realmente hermoso, es una lastima que tenga que trabajar.

Su radio empezó a emitir una voz masculina que él conocía perfectamente — Frankie, Frankie.

— ¿Qué pasó Arturrrr?

— A la una de la mañana llega el tres proveniente de El Sahuaro, necesitamos hacer cambio de máquinas.

— Muy bien, oye ¿ Cuál es su carga?

— Diamantes y Terrenio.

— Supongo que mucho tonelaje, y vine custodiado.

— Así es.

— Iremos preparando todo para los relevos, para cuando lleguen partan de inmediato.

— Perfecto, bonita noche.

— ¡Dean! ¡Chaparrito! A trabajar se ha dicho. Tenemos que habilitar tres máquinas.

— Tres serán, que nos diga Zafiro cuales y vamos por ellas.

Frank y Dean se encontraban movilizando las máquinas que Zafiro les había dicho, las máquinas ya casi en sus posiciones, cuando los dos ven llegar el tren y no solo eso ven desde lejos que esa ballena metálica viene en mal estado y sigue siendo atacada.

Por puro instinto Frank protege al Dean, los dos bajan de la locomotora y a pesar de la diferencia de estaturas Frank mantiene a su joven compañero protegido, llegaron a uno de los edificio cercanos, ya protegido, el mayor se acerca a ver todo a un aventana, no se pone de pie, mentalmente cuenta a los invasores e identifica el tipo de arma que cargan.

— ¡Frank, Frank! ¿Qué está sucediendo?

— Un atraco que resultó mal, este tren trae carga de diamante y terrenio, de seguro lo llevan a la nueva colonia “Silvervatten”.

— ¿Qué vamos hacer?

— Debemos reunirnos todos en el taller, ahí estaremos a salvo…

La conversación fue interrumpida por las voces salientes de sus comunicadores … “El servicio médico principal está siendo atacado, respiro, servicio médico está siendo atacado, auxilio, auxilio…”

El color abandona el rostro del Miller, por unos segundo la serenidad de su faz — ¿Qué día es hoy? — Pregunta sin querer saber la respuesta—

— Ya es sábado…

—¡Raquel! — Lo dice sin pensar — debo ir a mi dormitorio e ir al servicio médico. Esta noche le toca estar en el conmutador a Raquel.

Dean, a pesar de su corta edad y su gran estatura era de los pocos que realmente conocía a Frank, su pasado como jefe de familia y su pasado como militar y como poco a poco fue construyendo su ser en todos los aspectos. Y sabía que a pesar de no decir nada ya que la vida lo hizo reservado, él siente algo por esa mujer, bueno no es que fuera un gran secreto, todos sus compañeros sabían que era la única que lo ponía nervioso con solo decirle “Hola” y que ella también tartamudeaba cada que él le hablaba, él mismo ha sido testigo de miradas y sonrisas coquetas entre ellos, pero ninguno de los dos decía nada ¿Por qué? nadie lo sabía.

Raquel es una mujer asignada a la Caldera… así se le conoce al centro de comunicaciones y energía de todo plantoide.

…

El sector mecánico sur olía a metal caliente, humo y café quemado. Afuera, las explosiones siguen sacudiendo la estructura de Prime como si la estación completa estuviera intentando romperse desde dentro, pero en el taller los trabajadores habían logrado organizarse lo suficiente para mantener algo parecido al orden.

Algunos reforzaban los accesos, otros reparaban generadores auxiliares y el resto simplemente intentaba no pensar demasiado en los rugidos que seguían escuchándose detrás de las compuertas blindadas.

Frank Miller permanecía inclinado sobre la consola militar improvisada, la señal exterior seguía inestable, interferencia, estática, silencio.

Sus dedos golpeaban distraídamente el borde metálico de la mesa mientras observaba una y otra vez los indicadores internos de comunicación, sector médico… sin conexión estable.




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