Iron World

Fuego cruzado

Prime estaba muriendo lentamente.

Las luces de emergencia teñían los corredores de rojo mientras el humo comenzaba a filtrarse incluso por los sistemas de ventilación. El aislamiento total había convertido la estación orbital en una olla de presión a punto de estallar.

Y todos lo sabían, en el patio central, Karla recargó su rifle detrás de una locomotora parcialmente destruida mientras una lluvia de disparos impactaba sobre el blindaje magnético.

—¡Me quedan tres cargadores! —gritó uno de los soldados.

—Pues aprende a disparar mejor —respondió ella sin apartar la vista del frente.

Otro Equus Celer apareció entre las columnas de humo arrastrando un cadáver entre los dientes. La criatura soltó un gruñido grave antes de lanzarse contra un grupo de guardias ferroviarios.

Karla disparó primero. La bala energética atravesó uno de los ojos de la bestia haciéndola desplomarse violentamente sobre las vías luminosas, pero detrás venían más, siempre venían más.

El calor comenzaba a volverse insoportable dentro del blindaje sellado. El sudor le corría por el cuello mezclándose con sangre y hollín mientras revisaba rápidamente la energía restante de su arma.

Veintidós por ciento. —Perfecto… —murmuró con ironía—. Ya casi peleamos con piedras.

Uno de los soldados se cubrió detrás de ella.

—¡Capitana! ¡Nos están rodeando por el corredor este!

Karla asomó apenas la cabeza y observó movimiento entre los vagones destruidos.

Forajidos y detrás de ellos…Más infectados.

—Maldita sea… —escupió al suelo metálico—. ¿Qué mierda trajeron a Prime?

Una explosión hizo vibrar el patio completo a varios niveles de distancia, Frank avanzaba por los corredores de mantenimiento con el rifle táctico sujeto contra el pecho, las luces parpadeaban. Los aspersores lanzaban pequeñas ráfagas de agua sobre paredes cubiertas de sangre y el silencio era peor que los disparos.

Frank avanzaba rápido pero atento, revisando esquinas y accesos como si jamás hubiera dejado el ejército. A lo lejos escuchó detonaciones provenientes del patio central, se acercó apenas a una ventana de seguridad destruida.

Y la vio, vio a Karla que seguía peleando como si estuviera poseída, disparando, gritando y dando órdenes.

Moviéndose entre fuego y humo. Frank negó apenas con la cabeza. —Sigues igual de loca…

La soldado parecía estar conteniendo sola medio patio ferroviario y aun así Prime seguía perdiendo terreno, un rugido lo obligó a girarse inmediatamente.

Uno de los soldados infectados apareció al final del corredor arrastrando una pierna destrozada. Los ojos completamente negros con la piel grisácea y la boca llena de sangre. Frank disparó sin dudar. El cuerpo cayó pesadamente sobre el suelo metálico, pero el ruido atrajo más, gruñidos, pasos. Demasiados.

Frank recargó el arma rápidamente. —Claro… porque una guerra no era suficiente… ya estoy viejo para esto.

Y siguió avanzando hacia enfermería, mientras tanto, en la torre de operaciones, Artur y Zafiro trabajaban prácticamente rodeados de alarmas.

Las pantallas holográficas mostraban sectores completos sobre calentándose. Rutas colapsadas, convoyes detenidos y niveles críticos en los reactores auxiliares.

Zafiro escribía comandos a una velocidad brutal mientras Artur coordinaba manualmente la distribución energética de Prime con ayuda de Reyes.

—¡El corredor nueve volvió a sobrecargarse! —gritó ella.

—Entonces desvía potencia al sector de las barracas.

—¡Si hago eso perdemos la iluminación en los patios!

Artur apretó la mandíbula observando otra alerta roja aparecer sobre los monitores.

—Si no lo hacemos explota media estación.

Zafiro soltó una maldición por lo bajo y ejecutó los cambios, las luces volvieron a parpadear violentamente y por unos segundos toda Prime quedó casi a oscuras. Y entonces…

Algo golpeó desde el otro lado de la puerta blindada de operaciones.

Los dos se congelaron.

Otro golpe.

Más fuerte.

Zafiro lentamente llevó la mano hacia la pistola de su cinturón.

—Dime que aseguraste esa puerta.

Arturo tomó un rifle apoyado junto a la consola. —Lo hice.

El tercer golpe hizo temblar el marco metálico completo. Mientras tanto, en el taller mecánico sur, Pavel intentaba desesperadamente mantener activa la consola militar, la señal iba y venía entre ráfagas de estática.

Dean caminaba de un lado a otro sosteniendo una escopeta industrial improvisada.

Alexander vigilaba silenciosamente uno de los accesos, nadie hablaba demasiado desde que Frank se fue.

Entonces la consola emitió un pitido distinto.

Pavel levantó la vista inmediatamente.

—¡Tengo algo…!

Interferencia.




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