Los vilanos salieron del bosque Greenfield esparciéndose por los rincones del mundo, pero uno de ellos aterrizó en un lugar estratégico y comenzó a crecer, convirtiéndose en un árbol hasta dar fruto a Ketil, que sale de su cáscara.
—Mierda, debo detener a esos desgraciados; mi venganza será tan brutal que ni los dioses de este y de su mundo me van a detener. —Dijo Ketil que toma la forma de cómo era anteriormente; él se mira por lo que añadió. —Me siento incompleto, necesito elementos y poder para estar a la par de ellos, aunque aquí lo encontraré.
Ketil con unas piedras hizo fuego a unas ramas caídas para absorberlo, haciendo que su brazo izquierdo fuera de fuego; luego, en un río cercano absorbió el agua para que esta se congelara y pasara a su brazo derecho; luego absorbió unas rocas que serían sus rodillas y la tierra sus pies, el viento como su bufanda.
—Listo, pero necesito algo duro; por suerte, hay un dragón cerca; puedo usar sus escamas, el metal y las gemas preciosas que tiene a mi favor. —Dijo Ketil que se va hacia la cueva donde está el dragón.
Se adentra en la cueva, derrota varios tipos de monstruos, absorbiendo su energía vital, ganando más fuerza hasta llegar al dragón, donde absorbe el metal del oro y las gemas, creando armas como una alabarda, un escudo, entre otros.
—¿Quién está ahí? —preguntó el dragón que se despierta de su letargo.
—¡Un ser más allá de tu imaginación, dame tus escamas o muere! —gritó Ketil, que su voz resuena por toda la cueva.
El dragón mira los lados, pero no ve a nadie.
—¡Sal de ahí, cobarde, y enfrenta tu destino! —gritó el dragón, que usa su aliento de fuego derritiéndolo todo, pero siente un dolor en su pata y del piso sale Ketil, saltando hacia su hocico, conectándole un uppercut para dejarlo aturdido y dispararle una semilla a su ojo que lo mata por dentro. Él absorbe su energía vital y las escamas a su cuerpo, creando una armadura con esto.
—Gané mucho poder, voy a absorber las gemas y veré por dónde me voy. —Dijo Ketil que hace lo que dice.
—Ketil, ¿me escuchas? —dijo una voz conocida.
—Padre, eres tú. —Contestó Ketil, que está en la luz del sol ganando más poder.
—Sí, soy yo, me alegra que estés bien. —Respondió Galion.
—Vas a llamarme la atención porque lo eché todo a perder, me mataron y vencieron a mi madre y el corazón del bosque está en peligro; no sé qué hacer. Pensaba en volver al bosque, pero no soy ni la mitad de poderoso de antes. —Contesto Ketil, que llora por ello, sintiéndose impotente.
—Hijo, no te criticaré por ello; como no conociste el mundo, tan vasto de Isalia, y no sabes de los peligros fuera de este, no te culpo por ello, pero ahora no hay que lamentarse; ahora mismo no puedes enfrentarte a esos humanos, por lo que necesitas pedir ayuda. —Explico Galion que lo consuela.
—¡Pedir ayuda! ¡Yo! —exclamó Ketil impresionado y sorprendido.
—Sí, es tu única alternativa. —Contesto Galion.
—No soy bueno haciendo eso, aunque estoy a unos kilómetros de la reina hechicera, por lo que intentaré dialogar con ella. —Respondió Ketil.
En ese momento, se va al reino de los malditos volando.
Al llegar a la frontera, unos golems resguardan la entrada.
—Alto ahí, ser extraño, ¿qué desea en los dominios de la señora suprema, la reina hechicera Arcania Darkspawn? —preguntó uno de los golem.
—Soy Ketil Bane Greenfield, hijo de Galion Bane y Kanon Greenfield; he venido porque necesito la ayuda de la reina hechicera para detener un mal inesperado. —Contesto Ketil.
—Déjame ver, espera un momento. —Respondió el golem que se contacta con la reina.
Pasa un largo rato hasta que el golem vuelve con el mensaje.
—Lo siento, Ketil, pero la reina no puede ayudarte. —Dijo el golem.
—Entonces tendrá que ser por las malas. —Contesto Ketil, que se pone en posición de combate.
—Espero que estés dispuesto a morir. —Respondió el golem que le dispara una lluvia de rocas disparadas como una minigun.
Ketil las esquiva, por lo que le dispara semillas que se incrustan en su cuerpo para luego crecer e incrustar sus ramas. Él se abalanza hacia él para pelear cuerpo a cuerpo. Los otros golems se unen al combate, pero Ketil los va diezmando, disparándoles sus semillas; usa el poder combinado de sus elementos para hacerles más daño. Al llegar el tiempo indicado, las semillas florecen y absorben la fuerza vital del golem hasta que de un puñetazo lo terminan destruyendo. Las plantas se pasan al cuerpo de Ketil, por lo que tiene la entrada despejada para cruzar la frontera.
—¡Hijo, pero qué rayos estás haciendo! —gritó Galion.
—Ya no puedo dar marcha atrás, así que la convenceré a mi manera. —Contesto Ketil.
En el bosque, Ketil se enfrenta a los seres que viven ahí, ya que fueron alertados por el golem antes de morir. El lugar se convierte en un campo de batalla, haciéndose paso con violencia, absorbiendo toda la magia y poder que se encuentra, hasta que llega donde Evilyn Gaia.
—Así que tu madre se hartó de ti, Ketil. —Dijo Evilyn.