Itori: Recuerdos Perdidos

Algo Inesperado

Isalia observa aburrida desde un rincón de la habitación, las monjas han reunido a todos los niños entre 10 y 12 años para una posible adopción.

—Esto es absurdo —se queja— no nos adoptarán, siempre es lo mismo, vienen y se van, prefieren a los más pequeños. ¿Recuerdas a esa pareja de apellidos impronunciables?

­—¿La mujer que tenía un pájaro en la cabeza? —Isalia ríe con fuerza llamando la atención— Si, ella­ —contesta entre risas.

—Recuerdas que dijo que le parecíamos salvajes y sin ningún atractivo. Ellos son todos así, nos miran con lástima, pero no les importamos en absoluto, adem...

La hermana Sol entra repentinamente e interrumpe a Isalia, todos guardan silencio casi de inmediato.

—Hoy tenemos de visita a personas muy importantes, ellos son Robert y Emily Durand, saluden —asentimos ligeramente y saludamos en coro, la hermana Sol nos ordena a formarnos en columnas. Ellos pasan entre nosotros observándonos, nos miran de reojo como si fuéramos mercancía, mis piernas empiezan a temblar conforme se van acercando; de pronto la mujer se para frente a mí, siento su mirada durante varios segundos, quiero que se vaya.

—Estas bien cariño, por qué estás temblando.

­—No se preocupe por él mi señora, es un poco tímido, estará bien —interviene la hermana Sol, y ambas se alejan. Expulso agitado todo el aire que había contenido.

Busco a Isalia con la mirada, ella está conversando con alguien más en la esquina opuesta del salón, muevo la mano para llamar su atención, pero no funciona. De pronto siento como me tiran del brazo, se trata de Jeremy, un compañero de cuarto.

—Te buscan en la oficina de la directora —dice una vez que nos encontramos solos.

—Para qué —pregunto, Jeremy encoge los hombros­— dijeron que era importante —continúa, para alejarse corriendo casi de inmediato.

Toco la puerta con nerviosismo, tengo el presentimiento de que algo va a salir mal.

Ya en la oficina de la directora me recibe la hermana Sol, pero no es la única.

­—Soy la señora Durand, un placer, pero tú puedes llamarme Emily­. ¿Cuál es tu nombre? —no puedo responder, siento como si mi lengua se hubiera congelado.

—Daniel, ese es su nombre, como ve es un hombrecito de pocas palabras, pero es muy educado —responde la directora con falsa modestia.

—No se preocupe, no tengo ningún problema con ello, estoy segura que con el tiempo podrá desenvolverse mejor. Nosotros estaremos ahí para ayudarlo.

—Entonces cuando podemos llevarnos al niño —interviene el señor Durand.

—¡Que! —ahogo en un suspiro.

—Bueno, el proceso puede ser algo lento, pero ya que se trata de ustedes puedo hacer una excepción y pueden venir por él mañana —responde la directora.

¡De qué están hablando!, yo no quiero irme con estas personas.

—No...No, no voy a ir, ¡no quiero­!— la atención de todos se posa sobre mí, se produce un silencio incómodo.

—Qué estás diciendo, ¡tranquilízate!— siseo la directora— tranquilos, sólo está un poco exaltado; como iba diciendo, pueden venir por él mañana.

—¡No iré a ningún lado! No puedo hacerlo — todos parecen confundidos, por lo que aprovecho el momento para salir corriendo.

Escucho la voz de la hermana Sol llamándome a lo lejos, la ignoro y corro hasta refugiarme en el comedor.

—¿Daniel? ¿Dónde estabas? Qué haces escondido bajo la mesa —pregunta Isalia desde la puerta.

—shhhh baja la voz —susurro

—Qué esta pasando, por qué te escondes.

La voz de la hermana Sol se escucha cerca, me asusto, si me quedo aquí me encontrará pronto. Isalia nota mi nerviosismo— ven, nos descubrirá si nos quedamos aquí —extiende su mano, escapamos por la puerta trasera hasta la caseta del pozo de agua.

—Ahora si me dirás que está pasando —pregunta con preocupación.

—Me llamaron a la oficina de la directora.

—¿Qué? ¿te castigaron? Saben sobre el plan de cumpleaños —niego, Isalia espera impaciente a que diga algo.

—Ellos quieren adoptarme —suelto de golpe—, es una locura ¿no? Por qué querrían hacerlo...

—Qué les respondiste —cuestiona entre murmullos manteniendo la cabeza agachada.

—Que no, por supuesto. Siempre juntos, ¿recuerdas?

—Ss...i, es una promesa —responde con la voz quebrada.

—¿Pasa algo? ­—pregunto confundido. Ella niega— Creo que voy a ir a...olvide algo­— se excusa con torpeza, casi de inmediato se levanta y echa a correr, trato de seguirla pero me detiene.

—Estoy bien, solo quiero estar sola por un rato... Y Daniel, gracias por mantener tu promesa.



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En el texto hay: reencarnaciones, drama, promesas

Editado: 29.04.2024

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