Itori: Recuerdos Perdidos

Un cuento para niños

Hace años escuché una historia sobre un niño llamado Tobi; un relato muy antiguo y popular pasado de generación en generación. Cuenta la historia de cómo un niño huérfano, hizo una fortuna tan grande que llegó a controlar a la mitad de la ciudad, durante la época conocida como la Catástrofe de la luna roja.

Sucedió hace ya algunos siglos, se dice que la tierra tembló con tal fuerza que devoró a pueblos enteros, y más de la mitad de los sobrevivientes fueron tragados por el mar. Todo empezó con un extraño suceso unas horas antes de la tragedia; el cielo se pintó de rojo, para cuando la luna apareció, esta resplandecía con un color escarlata. Los pobladores miraban aterrorizados el siniestro paisaje, temían que algo malo pasara, por lo que aguardaron toda la noche expectantes. Algunas horas después cuando el alba llegó al fin, parecía que todo sería una falsa alarma, el cielo rojo poco a poco se fue diluyendo con los tenues rayos del sol, las personas empezaron a relajarse; cuando repentinamente, grandes masas de nube gris cubrieron los cielos, y cayó sobre la tierra una tormenta feroz, acompañada de rayos y granizo, el cual fue seguido de un terremoto devastador.

En aquel entonces se creyó que el mundo acabaría pronto, desde luego tenían muchas razones para pensarlo, pero esto aún estaba lejos de terminar; de la nada surgió una extraña epidemia, que rápidamente se esparció por el aire, los síntomas no incluían dolores o fiebre, era algo mucho más extraño, locura. Los sobrevivientes, se comportaban como si estuvieran alienados de la realidad, dejando fluir sus más extravagantes comportamientos, producto de la enfermedad que se extendería por un par de años más.

Zamar era por aquel entonces otro pueblo más, algo alejado de los demás pueblos costeros y más adentrado en el continente, sin embargo, la tragedia había afectado tanto a las costas como el interior; lo que suponía casi un milagro, que el pequeño pueblo de Zamar apenas y había tenido algunos derrumbes, pese a que muchas de sus casas no parecían del todo estables

Sobrevivientes de distintas partes se instalaron en el pequeño pueblo, que vio multiplicar su población al cabo de unos pocos años; por otro lado, la enfermedad de la luna roja, como fue conocida la locura colectiva, aún permanecía entre las personas, en especial los niños.

Pero donde reinaba la locura, emergió de las calles un niño huérfano, que al igual que muchos era un sobreviviente de un pueblo costero. Conforme la ciudad fue creciendo, el caos lo hizo con ella, lo cual desató una plaga de ratas, intentaron erradicarlas por distintos medios, pero la mayoría de los métodos fracasaron. No obstante el pequeño Tobi tenía un método especial, se decía que tenía la habilidad de hablar con dichos animales, ejerciendo un control sobre ellos, para luego obligarlos a abandonar la ciudad; pronto el rumor se esparció por cada rincón de Zamar y la popularidad del pequeño Tobi también, y no solo eso, había algunos quienes sostenían que el niño era capaz de curar el mal de la luna roja; como sea que fuere, los siguientes años el pequeño Tobi amasó una gran fortuna, con la que compró: carruajes, ropa elegante, joyas y muchas casas. Pasó de ser el pequeño y huérfano Tobi al Gran Tobi, la persona más influyente en Zamar, pero desafortunadamente, un día después de haber celebrado su cumpleaños número treinta, desapareció sin dejar rastro, solo una nota donde decía que dejaba toda su fortuna a su ama de llaves, rumores acerca de su desaparición abundaron durante años, pero estos nunca se esclarecieron.

Diez pares de ojos me observaban curiosos, esperando que continue con la historia.

—¿Entonces nunca encontraron al Gran Tobi? —pregunta Johen, uno de los niños que tenía a mi cargo.

—Lamentablemente no, es un misterio —Johen hace un puchero con desilusión— Pero... —El sonido del timbre me interrumpe; los niños que habían permanecido tranquilos hasta ahora, abandonan el salón a toda prisa.

—No deberías de contar ese tipo de historias a los niños —me regaña la hermana Lili, quien llegó recientemente al orfanato hace tres meses, es apenas unos años mayor que yo, y pese a su carácter estricto y a su constante mirada seria, era con quien compartía la mayor parte de mi tiempo, probablemente porque era la única que me escuchaba.

—La hermana Mara sugirió que les contara algunas historias —me excuso con falsa inocencia.

—¿Sobre la catástrofe de la Luna roja? —replica indignada— ¡Esas no son historias para niños!

—Tranquila, omití los detalles más sangrientos —Ella rueda los ojos con resignación, y yo bajo la cabeza para esconder mi sonrisa.

—¡Isalia! —mis hombros se tensan al escuchar el llamado de la hermana Hanna, casi puedo adivinar de que se trata— La directora quiere verte.

—¿Puedo ir más tarde?

—No. —Responde tajante y continua con su camino.

—¿Qué hiciste ahora? —pregunta la hermana Lili en un susurro.

—No lo sé, supongo que lo averiguaré pronto. Debe de ser otra tontería, ella siempre está molestándome.

Lili me da un golpecito en el brazo a modo de advertencia.

—¡Ten más cuidado con lo que dices! —comenta escandalizada, aunque no es la primera vez que me oye decir algo así— ¿Qué harás si te escucha?

—Estoy segura de que ya lo sabe.

—¿Y con esa actitud se supone que quieres entrar en la orden? De verdad estás segura de qué eso es lo que quieres.

¿La verdad? Creo que ni yo misma sabía cuál era. La idea de unirme a la orden había surgido más por el sentimiento de rutina, que de un deseo propio. Después de aquel accidente hace cinco años, las hermanas me observaron muy de cerca durante meses, se suponía que tendría que salir a trabajar después de los doce años, pero eso nunca ocurrió.

—Hey ¿estas bien? —la hermana Lili me saca de mis pensamientos con un ligero zarandeo— Deberías ir con la directora, se molestará si tardas demasiado —se despide con una media sonrisa, ella no hacia eso muy a menudo, era su forma de disculparse y consolarme.



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En el texto hay: reencarnaciones, drama, promesas

Editado: 29.04.2024

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