Itori: Recuerdos Perdidos

La desdicha de la magia

Otro día, otro rechazo más, era la quinta vez en esta semana, empezaba a quedarme sin opciones para conseguir un buen trabajo. Esta vez había sido una librería, casi grité de la indignación cuando dijo que no contrataba mujeres, ¡había una mujer atrás de él arreglando los estantes! ¿Cuál era la diferencia entre ella y yo?

—Ojos verdes, cabello castaño, piel de terciopelo. —Un desconocido enumera con sus dedos— ¿Por casualidad no tienes un lunar en tu mano izquierda, y una cicatriz en tu brazo derecho? —pregunta con sarcasmo, lo miró confundida. ¿Acaso me conoce de algún lugar? Su mirada baja hasta mis manos, y de repente su rostro cambia, sus ojos parecen querer saltar de sus cuencas, inmediatamente toma mi brazo derecho y se lleva las manos a la boca.

—¿Isalia? Eres Isalia, ¿verdad? Él se va a poner contento cuando sepa que te encontré. ¡No puedo creerlo!

—¿Quién eres? —exijo y retrocedo algo asustada. ¿Acaso era un cuervo? ¿Aun estaban buscándome después de todo este tiempo? No, no, es imposible, la señora Sara ya lo había dicho antes, además su apariencia no era como la de un cuervo, qué clase de cuervo vestiría con un horrible traje verde, que parecía no haber sido lavado en mucho tiempo. No, definitivamente no era un cuervo.

—Podrías esperarme aquí solo un momento, prometo no tardar demasiado, alguien que conozco, mi amigo, él te está buscando, se va a poner muy feliz cuando te vea, no te muevas, volveré pronto —y tan repentino cómo había aparecido, se alejó corriendo en dirección desconocida. No podía negarlo, una parte de mí sentía un poco de curiosidad al respecto, pero si algo había aprendido en los últimos años, era a no dejarme llevar por esa curiosidad. Así que no, no me quedé a esperarle.

Pronto el asunto del desconocido quedó sepultado entre una avalancha de pensamientos. Hoy no había sido un buen día, no podía evitar sentirme culpable por mi último fracaso, no quería volver a casa y toparme con la mirada cansada de la señora Sara, ella había sido buena conmigo los últimos años, pero su enfermedad empeoró muy rápido en los meses recientes, por lo que difícilmente abandonaba la casa; las medicinas eran bastante costosas, y ni siquiera lograban apaciguar su dolor.

Sumergida en mis pensamientos, apenas fui consiente cuando me topé con un grupo de personas, estás parecían furiosas señalando a una mujer quien cubría su cabeza con un pañuelo, ella trataba de apartarlos, pero no servía de mucho, uno de ellos incluso llegó a pegarle en la espalda haciendo que tropezara.

—¡Fuera! ¡Vete de aquí bruja! ¡No queremos ver a personas como tú por nuestro barrio! —gritaban furiosos, mientras arrinconaban a la mujer contra una pared.

¡Basta, por qué están golpeando a esta mujer! —intervine a su favor escabulléndome entre las personas.

—¿Acaso no lo ves? Es una bruja —dice una mujer arrancándole el pañuelo que cubría su cabeza— Esa es la prueba —señala hacia un mechón blanco. No podía ser cierto, ¿acaso era ella?

—¿Gia? —pregunto, pero ella no responde. Me acerco para ayudarla a levantarse, noto que está temblando, tenía que sacarla de ahí de inmediato.

—¿Conoces a la bruja? —pregunta un hombre con la mirada furiosa.

—La conozco desde hace varios años, no se preocupen, yo me haré cargo de ella. Ven —digo tomando su brazo, ella se incorpora con dificultad, pero mantiene la cabeza agachada con su pelo negro cubriéndola.

—No puedes llevártela, si quiere vivir, dile que quite su maldición —exige la mujer de antes.

—¿Qué maldición?

—Ella dijo que mi Joseph va a morir, ¡él no puede morir!, es solo un niño... —grita la mujer sintiéndose desesperada, sus ojos bailan aguantando las lágrimas; y por un momento siento el anhelo de consolarla.

—No es una maldición —susurra Gia, afortunadamente nadie más la escucha.

—No tiene por qué creerle, ella siempre dice ese tipo de cosas, pero no son maldiciones, no se preocupe su hijo estará bien —digo tratando de calmarla, pero ella me mira escéptica —¿Y qué hay de la marca?

—Esto no es una marca, es... Una tradición de su pueblo. Definitivamente no es una bruja, puedo asegurarlo, la conozco desde hace años, solo es una tradición de compromiso.

—No estás mintiendo —amenaza la mujer.

—En absoluto, su hijo estará bien —le aseguro con firmeza. El rostro de la mujer parece relajarse hasta adoptar una postura más calmada. Sorprendentemente el resto del grupo también parece creer mi explicación, y poco a poco se van retirando, hasta que nos quedamos solas.

—Morirá, antes de que llegue el último día de esta semana, saltará desde muy alto. —dice con voz tétrica. ¿En verdad era Gia?

—No digas ese tipo de cosas, casi logras que me asuste.

Lo siento, debo haberte asustado. Ha pasado mucho tiempo, Isalia —dice con un tono de tristeza en su voz.

 El silencio se sentía increíblemente pesado, quería decir algo, pero no sabía por dónde empezar. Además, esta Gia, parecía diferente de cómo la recordaba. ¿Siquiera era ella?

—Te vez muy tensa, tienes miedo, ¿no es así?

—Solo estoy confundida, no sé hacia donde vamos —Gia esboza una mueca y señala hacia una casa con una puerta roja.

—Allí vivo, solo quería invitarte un vaso de agua y agradecerte.

Ya en el interior la casa era un poco más pequeña que la que compartía con la señora Sara, estaba decorada con muchos adornos marinos, recordé que a Gia le gustaba el mar, había contado en un par de ocasiones que su familia venía de un pequeño pueblo costero.



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En el texto hay: reencarnaciones, drama, promesas

Editado: 29.04.2024

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