Itori: Recuerdos Perdidos

La Bruja

—¿Isalia? ¿estás ahí? —pregunto temeroso. Sentía su respiración lenta y cálida sobre mi cuello, pero no era suficiente, el miedo de que todo terminara en un instante no dejaba de atormentarme.

—¿Isalia?

—Te escucho —responde con voz rasposa y entrecortada. Suspiro un poco aliviado, ella descansa tranquila, parecía como si solo estuviera dormida.

El cansancio se fue tornando más intenso con el pasar de las horas por lo que tuvimos que tomar varios descansos, Isalia me pregunta si ocurre algo malo, miento negándolo para no preocuparla aunque en el fondo estaba aterrado, y más aún porque ya habían pasado varias horas y se suponía que habían mandado hombres al pueblo más cercano a pedir ayuda, no me había desviado del camino en ningún instante, así que tarde o temprano tendría que haberme encontrado con ellos y el grupo de ayuda, pero la carretera lucía completamente solitaria.

—¿Te duele mucho? —pregunta Isalia.

­­—No es nada.

—Mentiroso —me reprocha, aun con los ojos cerrados ella lo había notado.

Sintiendo mis piernas a punto de desfallecer y las gotas de sudor patinando por mi frente estaba preparado para un nuevo descanso, aunque esta vez dudaba de si sería capaz de volver a levantarme. De repente sucedió un extraño milagro, lo que en un principio parecía un espejismo, poco a poco se fue aclarando y tornando más real alimentando mi esperanza menguada. Una pequeña casa de madera apenas distinguible en medio de los árboles y la maleza, que la escasa luz de luna terminó develando su ubicación aun lado de la carretera.

Ya frente a ella llamé a la puerta impaciente, una luz tenue como el de una vela se vislumbraba proveniente de la parte posterior de la casa, la madera crujió al ritmo de unos pasos lentos en dirección a la puerta, contaba los segundos con angustia cuando al fin dicha puerta se abrió, una mujer salió a recibirnos, fue solo verla y sentir algo extraño, tal vez eran sus vestidos rasgados y sucios o su cabello caóticamente arreglado o todos los amuletos y talismanes que colgaban de su cuello, pero fueron sus ojos los que realmente me congelaron: fríos como un glaciar y azules como el cielo más brillante. La sensación fue diferente, no hubo sangre y miedo, solo algo que no sé describir, similar a una presencia magnética a la que costaba resistirse. Por mi mente solo pasó una palabra, “bruja”, había escuchado cuentos e historias sobre ellas, y en cierta forma era tal y como las había imaginado, aterrador.

­—¿Qué sucedió? Entren. ¡Dioses! Sus heridas... Qué fue lo que pasó.

—Un accidente de tren —respondo jadeante por el cansancio.

—Acuéstala —ordena señalando una cama de paja.

—¿Usted puede ayudarla?... con sus dones —sugiero un poco temeroso, todo en ella gritaba que era una bruja, una parte de mí estaba entusiasmado por que creía que podría ayudarnos, pero otra rogaba por salir de ahí corriendo, la mayoría de historias sobre ellas no eran buenas por lo que se recomendaba tomar cierta precaución, pero afuera tampoco era tan alentador, la oscuridad reinaba en todo el lugar, aunque ya había permanecido ahí sin ningún imprevisto y de algún modo me generaba un poco más de confianza.

—¿Preguntas si soy una bruja? —dice la extraña con una voz rasposa que me eriza la piel.

—Pareces muy tenso, tranquilízate. Si, soy una bruja, pero no te preocupes no te haré daño, no soy de las que devora corazones.

¿Se supone que eso debe de tranquilizarme?

—Se ve muy herida, me temo que no puedo hacer mucho por ella, tal vez calmar un poco su dolor, pero morirá antes de que este día termine.

—No, eso es imposible. Use su magia, eso la salvará.

—Tienes una idea errada de la magia, es mucho más complicada de lo que imaginas, la magia es cura y veneno, siempre bordeando al filo de los dos, mi magia no puede curar un daño que fue causado por algo no mágico, si lo hago lo único que lograré será matarla. Pero hay algo que me preocupa aun más, veo un aura oscura a su alrededor: una maldición, no importa lo que haga o intente hacer, ella está a destinada a morir esta noche.

—¿Ella va a morir? —¿Cómo puede existir algo tan cruel? Pero si la magia no podía curarla, entonces solo me quedaba una alternativa.

—Espera, qué estás haciendo.

—Si usted no puede curarla, entonces tendré que encontrar a alguien que si.

—Eso no cambiara nada. Incluso si te esfuerzas hasta perder la conciencia no lo lograrás, ella morirá esta misma noche, no puedes cambiar eso, pero, puedes liberarla de su castigo.

—No entiendo.

—Su destino ha sido sellado, sufrirá en un ciclo de reencarnación interminable hasta el fin de los hombres, ese es el significado de su maldición. Pero si tanto la quieres puedes salvarla.

—¿Cómo?

—Sacrificándote.

­—¿Cómo sé que lo que dice es verdad? ¿Cómo es que sabe todo eso?

—Creí que ya habías aceptado mi naturaleza, está bien es normal ser incrédulo, sobre todo cuando es algo que no puedes ver, pero incluso si no puedes verlo podrás sentirlo.

Algo pesado y frio recorre mi brazo, lo aparto asustado, pero esa cosa sigue arrastrándome, se hace cada vez más grande y lentamente empieza a devorarme.



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En el texto hay: reencarnaciones, drama, promesas

Editado: 29.04.2024

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