Itzitery (borrador)

Capítulo tres: El conflicto

Capítulo tres: El conflicto

 

Hoy sería un día diferente y eso lo sabía. Ya me cansé de esperar un resultado, ya me cansé de ser positiva en estos aspectos tan complicados de la vida. Hoy yo sería la negativa, la que niega y no acepta los comentarios de las demás personas... Estas personas eran mi familia, pero no lo sentía de ese modo. Las cosas no estaban tan mal, ni tan bien. Pero no me gustaba vivir de esta manera, ya no más.

 

—Rápido, no tengo todo el día —Dijo la tía Rowan bajando las escaleras junto con el pequeño Lucas en brazos.

 

— ¿Y eso a mí me debe importar? —Pregunté con el ceño fruncido.

 

En realidad no me importa lo que ella me diga, ni siquiera puedo creer que me tolere y que aún estoy en una casa con las personas que dicen ser parte de mi familia. Me incomoda mucho la idea de ya no soportar a la familia, pero esa es la verdad... Ya no puedo seguir aquí. Desde que hablé con mi papá y que estuve leyendo el diario de mi hermano me di cuenta que esto. Esta vida no es la que yo quiero vivir y como dueña de mi vida quiero decidir qué hacer y qué no hacer.

 

—Mocosa, yo no tengo la culpa de todas tus desgracias. Así que será mejor que te pongas en la cabeza... —Se acerca a mí soltando al pequeño Lucas en el suelo—. Estas en mi casa y no pienses que vas a vivir gratis aquí —Dijo ella.

 

— ¿Qué quieres decir? —Pregunté con un tono de voz casi inaudible.

 

—No balbucees, no eres un bebé. Y quiero decir que tienes que empezar a trabajar y si vienes a esta casa sin dinero te me vas —No respiró ni un sólo segundo.

 

Sus palabras impactan sobre mis oídos, me quedo completamente estupefacta sin poder creer lo que me estaba pidiendo. Yo era demasiado joven para trabajar y no podía faltar a la ley de mi país sólo porque a mi tía le agarro un ataque de locura de los suyos. Esperaba que se dé cuenta de lo que me estaba pidiendo pero al ver como todos mis pequeños primos se levantaban a la madrugada para ir a trabajar eso me hizo comprender que jamás se daría cuenta de su error.

 

—Soy menor de edad... No puedo hacer eso, yo... —Me detiene inmediatamente.

 

— ¿Y tus primos no son menores? —Ella alza una ceja.

 

—Lo son.

 

—Así es... Lo son, pero...

 

—Pero nada, inmediatamente te buscas un trabajo.

Observé con claridad la manera en la que mis primos y tía se retiraban para cumplir con su obligación. Su trabajo, aún no descifraba con claridad cuál era ese trabajo en el cual dejaban su vida. Toda mi familia tenía esa clase de trabajos forzados y de un gran calibre de dificultad.

Salí de la casa, cada pisada que daba me hacía recordar las palabras de mi tía y cada vez más me dolía. Pensar que soy una de sus sobrinas, ¿ella habría sido del mismo modo con mi hermano? ¿Qué sería de mi hermano en este momento? ¿Qué tan mal la habría pasado?

Caminaba por las calles, me resultaban cada vez más oscuras, cada vez más dolorosa, cada vez más indispensables. Al igual que mis pisadas, pisadas densas y con un oscuro presente, con un oscuro pasado, con un oscuro futuro. Cada paso me hacía dudar de muchas cosas, cosas que en un momento pude haber imaginado como falsas o quizás estaba completamente loca al pensar que mi familia era completamente normal. Eso tenía una respuesta desafortunadamente negativa, ya que no era para nada normal y creo que eso viene en nuestra sangre.

 

—Ay, hermano mío… quisiera que estés aquí, me resulta tan difícil seguir adelante y aún más hacer lo que me piden… recuerdo cada vez que me contabas ese maravilloso cuento, creo que se llamaba Itzitery. Jamás podré olvidar que pensaba que me hubiera encantado ser ella y tener ese hermoso final que ella misma logro crear en ese maravilloso mundo de inestabilidad emocional que sostenía, esa oscuridad, esa magia ejemplar al igual que ese maravilloso mundo que una vez logro crear —Deje salir un largo suspiro de mis labios, era un suspiro que quería largar hace mucho tiempo al igual que esas palabras que tenía atoradas dentro y jamás pude haberlas dicho antes.

 

— ¿Estás bien? No estoy muy acostumbrado a oír un monologo tan extenso y peculiar de sólo una persona. Debo admitir que me gusta mucho más un dialecto, pero no estoy muy asesorado para lograr seguirle el trayecto de su majestuosa oratoria —El tono de voz tan peculiar de un joven llama mi atención al oír cada una de las palabras tan certeras que salían de sus labios.

 

Me di la vuelta para lograr verlo ya que me pareció bastante interesante seguir con la conversación extraña que estábamos manteniendo a lo largo de estos minutos. Al darme vuelta lo mire directamente a los ojos y en ese momento recuerdos fueron llevados a mi mente, esos hermosos ojos, esos verdes ojos tan perfectos que una vez logre ver. No era posible sus ojos eran completamente idénticos a los de mi pequeño hermano y ahora estaba frente a mí y sabía con claridad que esto sólo era una tontería que me hacía recordarlo en todo momento de mi vida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.