Itzitery (borrador)

Capítulo veinticuatro: No pienso más

 

Emily

 

Al decir eso en voz alta mi mente lo pensaba una y otra y otra vez, tuve que creer mis propias palabras por mí propio bien y no sólo el mío esta vez, no podía no creer lo dicho que había salido de mis labios con tanta seguridad, era la primera vez que algo así de inesperado salía de mí interior. Me sentí capas de creer en mis palabras, esas palabras tan sencillas y al mismo tiempo tan confusas, creí que sería lo mejor para el momento ya que si yo no lo podía creer en mí él menos lo hará, pero confíe que lo haga y sé que lo hará porque yo creo en mí y eso es lo que importa.

 

Una sonrisa se dibujó en su rostro, su cara tomo un brillo especial y diferente que jamás había visto, pero esta vez era diferente… era real, una sonrisa real que apareció repentinamente y me dejo en completo shock, ya que no podía creer que tan rápido podría confiar después de lo que él sabe de mí.

 

Había que salir de allí pero no podía hacerlo ya que me quería quedar ahí viendo su hermosa y gran sonrisa real, pero algo se despertó en mi interior y negué con la cabeza más de una vez deteniendo cualquier efecto de aquella sustancia que se había aspirado nuestro sistema.

 

— ¿Qué sucede?, te ves… diferente —Dijo él con el ceño fruncido.

 

—Hay que salir de aquí, no estamos haciendo nada bien con quedarnos en el laboratorio. Puede afectarte mucho más que a mí y quizás los efectos secundarios acaben con tu pronta vida —Dije buscando una salida con la mirada.

 

— ¿No quieres que muera? —Preguntó acercándose a mí deteniendo mi caminar colocando sus manos sobre mis hombros.

 

— ¿Por qué querría que mueras? —Pregunté mirando sus ojos con el ceño fruncido sin comprender su pregunta tan extraña—. ¿Por qué me preguntas eso? —Alzo una ceja sin dejar de ver sus ojos verdes.

 

—Porque creí que me odiabas, yo cuando odio a alguien lo quiero ver muerto. Lo quiero ver sufrir, que lo último que salga de sus labios sea mi nombre —Me miró a los ojos—. Tú no me odias, tú lo confundes…

 

— ¿Qué? —Frunzo el ceño mirando sus ojos al oír lo que dijo—. Yo no te odio, tengo muchas razones… pero no lo hago —Dije tranquilamente y sin tener los efectos de la sustancia en mi interior.

 

—Claro que no me odias, te he dado razones para que lo hagas desde que llegaste. Quería que me odies —Susurro bajando la mirada al suelo—. Siempre quise ganarme tu odio, pero aún así no puedo conseguirlo.

 

— ¿Por qué quieres que te odie? —Pregunte sin comprender lo que salía de sus pequeños labios razados y con olor a sandía.

—Par… para que no me ames —Dijo repentinamente.

 

—No te amo, Shawn —Rio levemente cerca de él—. ¿Por qué dices eso?

 

—Aún no lo haces, pero lo harás… lo he visto, vi muchas cosas del futuro… ahora tienes diecinueve años, pero eso no durara toda la vida, Emily —Soltó mis hombros con cuidado—. No puedo volver a verte.

 

— ¿Qué? —Pregunte sintiendo como algo en mi interior se rompía—. Es una tontería, todo lo que estás diciendo es una tontería… desde el comienzo sé que me trataste mal, el entrenamiento, las peleas, los dos sujetos… —Niego con la cabeza sin querer creer nada de lo que salía de mis labios—. No… tú… —Pienso que decirle para no sonar tan herida como lo estaba en mi interior—. ¡Maldita sandía! —Lo empujo con fuerza.

 

—Adelante, grita, pega o lo que quieras —Dijo con el ceño fruncido mientras daba pasos seguros hasta mi—. ¡Grítame! —Se acerca aún más a mí—. ¡Dilo!

 

— ¡Te odio! —Dije lo que tanto él quería oír.

 

Mire sus ojos verdes con el ceño fruncido en mí rostro, pude sentir como caían lágrimas de mis ojos al decirlo, me dolía mucho dejar salir esas palabras de mis labios. Pero pudieron salir y de la peor manera que pude decirle a alguien esas palabras tan horribles que nunca había dicho.

 

Él negó con la cabeza un par de veces, su cabello se movía junto con él y se acercó a mí. Llevo su pulgar hacia el inicio de mis lágrimas y él limpio sin gesto de asco como siempre lo hacía, esta vez era diferente. Cada día tenía un cambio en sí, pero eso era lo que lo hacía mágico e irreal. No dijo ni una sola palabra, no tenía que decir nada porque no me era necesaria una explicación, sabía que no era momento de pedirle nada, no aún.

 

Se acercó con cuidado a más a mi lado. No lo detuve en ningún momento, no podía dejar de ver esos ojos oscuros y tan claros al mismo tiempo, cada perfección e imperfección de aquel bello rostro que no se detuvo acercándose con cuidado y delicadeza hacia mí.




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