Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 36: Preparaciones

Su tía se había pasado la tarde con ellos, incluso los invitó a ir a un restaurante a la hora del almuerzo y a una pastelería después; hasta compró entradas para ver una película en el cine. A Cedric se le notaba la felicidad de pasar tiempo con su madre, aunque tuvieron que despedirse después de salir del cine, pero a Cedric no le importó.

Luego de eso, pasearon un rato por las calles de la ciudad hasta la hora de la cena, que decidieron ir a comer a un foodtruck muy famoso. Regresaron al colegio alrededor de las siete y, como se le había hecho costumbre cada vez que salían, Azariel se desvió para ir a dejarle la cena a su hermano.

Esta vez no tuvo la oportunidad de llamarle; ya le había dicho que estaría en su dormitorio a esa hora, porque cuando le llamó para invitarle a cenar, estaba limpiando su habitación junto con su compañero y no podía irse y dejarlo sin más.

Tranquilamente subió al elevador, recordaba que la habitación de Declan estaba en el sexto piso; cuando llegó frente a su puerta, tocó. Sin embargo, nadie le abrió enseguida; extrañado, tocó una vez más. Cuando estaba a punto de dejar colgada la bolsa en el picaporte y retirarse, la puerta se abrió, pero no salió nadie a recibirlo.

—¿Declan? — llamó con duda. Nadie contestó, la luz estaba apagada y solo había una lámpara encendida.

Lo primero que vio fue al compañero de cuarto de su hermano, que ya estaba durmiendo; por lo que no quiso hacer algún ruido fuerte y despertarlo. Pensó que quizá lo mejor era dejar la comida e irse. La cama de su hermano estaba vacía, probablemente se había ido a duchar. El dormitorio de Declan era bastante amplio, pero solo había dos camas con una mesita de noche cada una y un par de escritorios.

Azariel iba a colocar la comida en el escritorio e irse, pero algo llamó su atención. El muro de su hermano estaba tapizado con imágenes que no lograba identificar con la poca luz que había; la curiosidad fue más fuerte que su razón.

Declan era demasiado discreto, hasta ahora no sabía absolutamente nada de sus gustos, solamente que le gustaba el baloncesto. Debido a ello sentía más curiosidad; podría ser que en la pared haya colado una imagen de su cantante o banda favorita, tal vez de una modelo o actriz que le gustaba.

Con cautela sacó su móvil e iluminó la pared. La sonrisa que se le había formado al pensar que podría descubrir algún secreto de su hermano se le borró de golpe; por un momento pensó que estaba viendo mal, así que cerró los ojos, tragó saliva y volvió a iluminar la pared.

No, no estaba equivocado, la pared al completo estaba llena de sus fotos. Hasta había una del primer día que había llegado a la mansión y tenía los ojos rojos de tanto llorar porque no podía dormir sin su mamá. Había fotografías que recordaba le había tomado su tía y Cedric, pero también algunas que parecían sacadas a escondidas.

—Lo acosador lo llevan en la sangre — susurró al recordar que Azariel hacía lo mismo con Elyan.

«Aunque tenía una justificación para ello: Elyan le gustaba, por eso trataba de tener alguna imagen de él, pero su hermano… ¿Por qué motivo había tapizado la pared de su dormitorio con fotografías de Azariel? Sí, fuera de toda la familia podría dejarlo pasar, pero esto… ¿No es extraño? Hasta estaban las fotos de la sesión para el sitio web y la revista, ¿Cómo las había conseguido?».

—¿Riel? — La voz de Declan resonó tras su espalda. La sorpresa fue tanta que dejó caer su móvil al suelo, entonces se dio la vuelta y se topó con la figura de su hermano de pie bloqueando la entrada. Se apresuró a recoger su teléfono, el corazón le palpitaba con fuerza, no estaba seguro si era de miedo o nerviosismo, pero lo único que se le vino a la cabeza fue escapar.

—Te traje la cena por si no has bajado a comer — musitó en voz baja, no tenía valor de ver la cara de su hermano —, ya me voy, que descanses.

Con lentitud pasó al lado de su hermano que lo miraba horrorizado, una expresión que jamás le había visto en su vida, y en cuanto tuvo la oportunidad, salió corriendo.

—¡Azariel! — escuchó el grito de Declan, pero estaba tan avergonzado y confundido que no se detuvo. Incluso cuando llegó al elevador, presionó el botón tantas veces que hasta tuvo miedo de haberlo estropeado.

Daba gracias a Dios que Declan en ese momento estaba en toalla, si no, quizá lo hubiese perseguido. Pero… ¿Qué fue eso? No lo podía creer, quería convencerse de que se lo había imaginado; no obstante, lo que habían visto sus ojos era cien por ciento real.

Al llegar a la planta baja, se echó a correr para regresar rápido a su dormitorio. Aún había algunos alumnos vagando por el campus y simplemente se le quedaban mirando cuando pasaba como un rayo a su lado; por suerte, al llegar al elevador de su edificio las puertas estaban abiertas.

En el pasillo hacia su dormitorio intentó caminar con cautela para no molestar a sus nuevos compañeros de piso, pero al momento de introducir la clave de acceso, lo hizo lo más rápido que pudo, entró y la cerró de golpe. En la sala se encontraban Elyan y Zen disfrutando de un partido de baloncesto.

—¿Estás bien? — preguntó Elyan preocupado al verlo llegar con la cara pálida.

—Te ves como si hubieras visto un fantasma — comentó Zen.

«Quizá un fantasma sería menos perturbador».

—¿Y los demás? — preguntó con el corazón golpeándole tan fuerte que le zumbaban los oídos.




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