Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 37: Día de baloncesto

La mañana de partido había comenzado con pie derecho; antes de que los demás alumnos del internado se levantaran a desayunar, el equipo de baloncesto y los clubes encargados de documentar el partido hacía mucho se habían marchado hacia la escuela mixta en el centro de la ciudad. Era bien sabido que ambas instituciones no se llevaban bien, pero debido a la charla que les habían dado sus maestros antes de partir, habían prometido no hacer caso a provocaciones o críticas.

En cuanto el autobús del Internado Magnolia entró en el estacionamiento, se escuchó el estruendo de gritos femeninos que llenaron el parqueo. Ninguno de los ocupantes tenía idea de lo que pasaba, hasta que fueron descendiendo del vehículo.

—Este es un mal momento para ser gay —comentó Cedric de pasada.

—¿Acaso quisieras ser hetero para enredarte con todas las chicas? —preguntó Alea.

—No lo decía por mí. Aunque soy muy popular con las chicas —admitió con orgullo, llevándose las miradas recelosas de algunos jugadores del equipo que, aunque ya no los molestaban, se podía sentir cierto rechazo hacia ellos—, lo decía por Riel.

—¿Por mí? —preguntó Azariel desconcertado.

—Amigo, tienes tu propio club de fans, y con la publicación de la revista se ha avivado más el avispero —comentó Johan, que iba al lado de Cedric.

Azariel puso los ojos en blanco. Sabía que muchos le tenían simpatía, y con haber salido en la portada de la revista había llamado más la atención, lo cual odiaba, pero no podía evitarlo.

—Bueno, Declan es heterosexual; pueden probar con él. —Declan, que hasta el momento se había mantenido en silencio, miró a su hermano con indignación.

—Mocoso, ¿crees que tengo tiempo para andar buscando novia? Además, no voy a ser tu sustituto —pellizcó la mejilla de su hermano menor.

—Espera, duele, duele —se quejó Azariel, pero en cuanto tomó la muñeca de Declan, sin querer apretó más de la cuenta y este lo soltó rápidamente.

—Presidente, no arruine su cara, ¿no ve que es el motivo por el que gritan esas chicas? —le regañó Alea.

Declan no dijo nada. Solo acarició su muñeca suavemente, que estaba un poco roja y dolorida; a veces olvidaba lo fuerte que era su hermanito.

Los miembros del club de fotografía se quedaron atrás para bajar el equipo fotográfico, las cámaras de grabación y el equipo de transmisión. Los autobuses restantes, con el equipo de secundaria y primaria, ya estaban llegando, y también se encontraban autobuses de otras instituciones; más que un enfrentamiento, era como un festival deportivo amistoso entre escuelas de la región.

—¿Puedo ayudar en algo? —se ofreció Zen amablemente.

Los chicos habían dormido muy bien la noche anterior; el tratamiento de relajación muscular había funcionado perfectamente y ahora se veían tan frescos como una lechuga, nada en comparación con la noche anterior.

—Ayuda a Alea; dudo que logre llevar ese equipo de cámara intacto —mencionó Cedric.

Zen asintió riendo y se dirigió a ayudar al pequeño rubio; en cambio, Azariel cogió dos maletas pesadas y caminó con total serenidad hacia la entrada del edificio. Una ola de gritos más fuertes lo ensordeció nada más cruzar la puerta del patio; al mirar hacia arriba, se dio cuenta de que no había ventana donde no colgaran carteles con mensajes para él y su fotografía. «Azariel, eres hermoso», «Azariel, eres una bendición para mis ojos», leyó en las pancartas decoradas con brillantina.

—¿Qué demonios? —murmuró incrédulo.

—Te dije que tenías tu propio club de fans —repitió Johan.

—Ni siquiera soy integrante del equipo.

—¿Eso importa? A las chicas solo les interesa el físico, no el deporte.

—Quizá debí traer una gorra y lentes —opinó, observando a las chicas que lo saludaban desde las ventanas del edificio.

—Sí, debiste —escuchó la voz de Elyan, que pasó a su lado sin mirarlo; parecía de mal humor. Azariel lo ignoró.

—Me siento abrumado —confesó.

Podía esperarse un par de gritos de chicas debido a los chicos guapos del equipo de baloncesto, pero literalmente el 80% de los gritos y carteles iban dirigidos a él; le pareció bastante vergonzoso.

—¿Te ayudo? —se ofreció el peliblanco.

—No, estoy bien. Mejor ve a ayudar a tu novio antes de que pierda los estribos.

En ese momento, Cedric se encontraba regañando a tres de los miembros del club; por suerte no era Alea, que venía detrás de él con Zen cargando su equipaje.

—¿No jugarás hoy? —preguntó a este último cuando se encontró a su lado.

—No estoy preparado para entrar como titular; si me necesitan jugaré, de lo contrario prefiero estar en la banca.

—Pero ¿por qué?, si eres muy bueno —alegó Alea, que venía felizmente comiendo un muffin de chocolate.

—Los titulares llevan practicando desde hace mucho; sería injusto que les quitara la oportunidad a un recién llegado, además solo es un partido amistoso, ¿no? —replicó el pelirrojo.

Azariel y Alea se miraron, y con una risa forzada contestaron un «por supuesto» poco convincente. Era bien sabido que los enfrentamientos «amistosos» con el colegio mixto eran prácticamente un baño de sangre; como no tenían nada que perder, siempre jugaban sucio y agresivamente, con el fin de lesionar al mayor número de contrincantes. Solo tenían que ver la filmación del partido del año pasado, donde a su hermano casi le destrozan su hermosa cara.




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