El primer juego comenzó. Como era costumbre del colegio sede, los jugadores no temían cometer faltas para poder ganar; en lugar de un juego amistoso, parecía una carnicería. Solo en el primer juego salieron dos lesionados y las chicas no eran la excepción: un par hasta se agarró del cabello y se tiraron al suelo, mientras gritaban y se golpeaban mutuamente; eso causó que el itinerario se retrasara media hora.
El juego contra el internado Magnolia y el colegio Vincent estuvo reñido y, aunque los chicos intentaron jugar limpio, el otro equipo no se lo ponía fácil. El pobre de Zen se llevó un labio partido debido a un cabezazo, a Johan casi le sacan el hígado de un codazo y hasta Declan recibió un golpe en la mejilla que no fue demasiado fuerte solo porque el oponente se resbaló.
Aun así, los chicos no perdían la concentración; el entrenamiento insufrible de Declan había hecho efecto, ganando el primer partido con un margen de apenas cuatro puntos.
Casi llegando al mediodía, les dieron un descanso, dejando que los niños de secundaria jugaran durante el almuerzo. Al igual, los clubes encargados hicieron el cambio de turno con los otros colegios para tener el tiempo necesario de comer.
—Me estoy muriendo de hambre —se lamentó Alea, quitándose su audífono—, espero que el director haya preparado algo rico.
—Te la has pasado todo el tiempo comiendo snacks —lo acusó Cedric—, ¿no fue suficiente para calmar tu estómago?
—Claro que no, no es lo mismo comer golosinas que comer comida sustanciosa y deliciosa —aclaró el rubio con el ceño fruncido.
—Dicen que los lesionados aún están en enfermería —comentó un chico de periodismo que venía detrás de ellos—, por suerte están bien y pronto se unirán con nosotros en el comedor.
—¿Ya has ido a averiguar el chisme? —rio Madok, vicepresidente del club de periodismo.
—Nuestros lectores querrán saber cómo nuestro presidente del consejo estudiantil se hizo un moretón en su bello rostro.
—¿Tomaste alguna foto al menos?
—Aunque son de menor calidad que las del club de fotografía, pero sí, tomé muchas.
Cedric rodó los ojos; siempre se molestaba al escuchar cómo el club de periodismo tiraba indirectas al club de fotografía. No eran enemigos, pero hacían una tempestad en un vaso de agua; todo lo tomaban demasiado en serio, como si el periódico estudiantil fuera un periódico nacional.
Aunque sabía que este encuentro sería publicado, como todos los años, en las páginas web de las instituciones involucradas, ellos siempre pedían todas las fotos para una revisión exhaustiva y luego elegir las que ellos creían mejores; hasta daban a entender que el club de fotografía trabajaba para ellos.
Sin embargo, desde que se enteraron que los nombres de dos integrantes del club de fotografía habían sido mencionados en una revista famosa, se habían puesto más pesados. Y hasta exageraban para poder conseguir atención. Para deshacerse de ellos, Cedric entró al baño, mientras que Alea y Azariel lo esperaron fuera.
—Adelántense —indicó Azariel a Joshi, un miembro de su club—, los veremos en la cafetería.
El vicepresidente y otros miembros se habían quedado para cubrir el turno de los de secundaria mientras ellos almorzaban, y aunque el equipo de primaria no tenía mucho reconocimiento, habían enviado a Stevan y Joshi para cubrirlo.
—Les guardaremos lugares —prometió su compañero antes de marcharse.
—¿Ya se fueron? —preguntó Cedric desde el otro lado de la puerta.
—Espera un poco más —recomendó Azariel.
—¿Creen que los chicos están bien?
Alea parecía estar bastante nervioso desde que vio a Zen sangrando en la cancha, y su amigo no podía culparlo; la verdad es que la escena se había visto bastante fea. Azariel y Cedric tampoco estaban tranquilos, pero intentaban parecer serenos para no preocupar más al rubio, que era el más sensible de los tres. Cedric incluso se había puesto de pie de inmediato cuando vio caer a Johan al suelo, luego de quedarse sin aire por el golpe.
—Seguro se reunirán con nosotros en el almuerzo —lo calmó Azariel—, no te preocupes.
—Además, Zen solo se reventó el labio —habló Cedric, saliendo por fin del baño—, solo necesitará que le apliques pomada para que sane.
Azariel sonrió disimuladamente; el pobre Alea asintió con la cabeza sin darse cuenta de la intención en las palabras de su primo.
—Mejor hay que ir a guardarles mesa —alentó el pelinegro—, es probable que estén cansados y hambrientos.
—Sí, sí. Vamos —apuró Alea, casi corriendo a la cafetería.
Azariel y Cedric sonrieron para luego seguir su camino.
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Nari, la amiga pelirroja de Azariel, estaba tan feliz de ver a su amigo luego de mucho tiempo que no podía parar de sonreír; quizá no había logrado salir con él, pero ahora tenían una relación cercana y eso le bastaba.
—¡Oye, Nari! —llamó Casandra, de la clase de al lado—, ¿cómo es que conoces al modelo novato de My Style?
Casandra no solía llevarse bien con Nari; siempre habían tenido una rivalidad que aún no lograba comprender. La chica acostumbraba a tirar indirectas sobre su apariencia o color de cabello, pero desde que Nicolás, un modelo famoso, había entrado a estudiar en su mismo colegio, se había vuelto más agresiva.
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Editado: 20.10.2026