Jardín de tulipanes [bl]

Capítulo 40.5: Alea parte 2

⚠ Advertencia de contenido: El siguiente capítulo contiene mención detallada de violencia infantil y homofobia. Se le recomienda discreción.

El resto del fin de semana lo dedicaron a estudiar y hacer tarea; por lo que Alea no tuvo tiempo de pensar mucho más en problemas personales. Aun así, antes de dormir, lo primero que hizo fue rezar para que Leslie estuviera bien en casa de sus padres.

El día lunes llamaron al parque de diversiones para ponerse de acuerdo con el gerente, pues tenían que ir a buscar sitios para hacer las sesiones fotográficas del calendario. Habían apartado fechas, tipo de vestuario y qué ambientación le darían a cada mes, pero todavía se debatían en los lugares idóneos para filmar. Una parte la harían en Nueva Zelanda; esa decisión fue unánime para los involucrados.

Según Declan, el viaje a Nueva Zelanda se haría dos semanas antes de salir de vacaciones; por lo que los alumnos de primer año adelantarían sus exámenes trimestrales. Y como el club de fotografía también iría al completo, tenían que adelantarse y enviar una solicitud de permiso para que los integrantes de otros años hicieran sus exámenes temprano al igual que ellos.

—Yo no podré acompañarlos —anunció Zen el martes durante el almuerzo—; espero que me traigan un recuerdo.

—Si gustas puedo noquearte y así te la pasarás dormido todo el viaje hasta el aterrizaje —sugirió Azariel.

—Suena tentador, pero lo dejaré para otra ocasión —bromeó.

—¿Y si te tomas unos somníferos? —ideó Alea—. Estarás tan drogado que ni te enterarás de nada.

—Lo pensaré —sonrió el pelirrojo a los intentos de los chicos de solucionar el problema.

—Es que si no vas, no sería lo mismo —mencionó Cedric.

—Lo sé y lo siento.

—No tienes la culpa —lo consoló Elyan—; de todas formas iremos a visitarte al llegar.

—Es cierto, prepara algo bueno, porque del aeropuerto saldremos a tu pueblo para conocer tu casa —le recordó Johan.

—Les diré a mis abuelos que preparen algo bueno para comer —sonrió Zen, que había prometido visitar a su familia en vacaciones—. Todos los productos que cultivan son de calidad y les gusta presumir de ello; probablemente los envíen de regreso con canastas repletas de comida.

—La comida gratis es buena también —opinó Alea—. Podrían traer los productos al dormitorio y que Zen cocinara con ellos.

—Hoy en la salida adelántense —solicitó Azariel de repente—; Alea y yo tenemos algo que hacer.

Alea tenía citas con la terapeuta los días martes y viernes, y ese día debía ir a su sesión después de la escuela. El rubio aún no se había animado a decirle a los demás; los únicos que siempre han estado al tanto solo eran sus dos mejores amigos.

—Yo tengo que ir a dejar las solicitudes de los integrantes del club para que les aprueben la salida temprana —mencionó Cedric—; tendré que ir al edificio de administración.

—Espéranos allí, tengo que ir a revisar si Leslie me respondió la carta —recordó Alea.

—De acuerdo —aceptó el castaño.

—Nosotros iremos a la biblioteca —anunció Elyan—; tenemos que conseguir algunos libros de estudio.

Los chicos asintieron.

Después del almuerzo, cada uno se fue a sus salones. Zen se mantuvo cerca de Alea; a pesar de que se le notaba más animado, su estado de letargo no había cambiado mucho. Incluso en el almuerzo dejó en la bandeja más de la mitad de la comida, y aunque parecía poner atención en clase, el pelirrojo se había dado cuenta de que en ocasiones solía perder el hilo de la explicación del maestro. Estaba preocupado, pero no sabía cómo confrontar al rubio.

Al salir de clase, Zen, Elyan y Johan acompañaron a Cedric, que se dirigía a administración. La biblioteca quedaba cerca, y el pelirrojo, que no había podido sonsacarle información la vez pasada, tenía la intención de aprovechar para acorralarlo nuevamente. Pues aunque ahora sabía una parte del motivo que tenía Alea para estar tan mal, presentía que faltaba más de ello.

A diferencia de la otra vez, que Cedric se había mantenido fiel a su amigo sin decir una sola palabra, ahora tenía un plan: iba a persuadir al castaño con argumentos sólidos.

Cuando Cedric siguió recto, en lugar de desviarse hacia la biblioteca, decidió seguir al castaño.

—Pueden adelantarse si quieren —les dijo a Johan y Elyan—. Tengo algo que hacer.

—Volveremos pronto —se despidieron los otros dos y se marcharon.

Zen vio subir a Cedric la escalinata hacia administración y él se quedó abajo esperando. Quince minutos después, el castaño apareció con la mirada más relajada. Zen se preparó y, antes de que Cedric lo viera y escapara de nuevo, se abalanzó hacia él sujetándolo de la mochila.

—¿Qué? ¿Qué? —se sorprendió Cedric al sentir que alguien lo arrastraba a algún sitio.

—Ven conmigo —ordenó con seriedad.

—Estoy teniendo un déjà vu —se quejó el castaño mientras lo llevaba hacia una banca cerca del edificio—. ¿No podrías preguntarme amablemente si quiero ir contigo? ¿Por qué tienes que arrastrarme?

—Porque escaparías si no lo hago —alegó Zen. Cedric no dijo nada porque era cierto—. Bien. Sé que eres amigo de Alea antes que mío y le tienes más lealtad porque es tu mejor amigo, pero yo no soy una mala persona, solo quiero ayudarlo o al menos intentarlo. Estoy preocupado, ha dejado de comer, por las noches no duerme y a veces se queda en silencio con una mirada vacía que da escalofríos. No sé cómo ayudarlo, lo único que puedo hacer es observar en silencio.




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