No podía creer lo que mis ojos estaban viendo ¿Leo? Leo besando a alguien, no entendía que había pasado. Aquella chica parecía haberse caído del cielo ya que era la primera vez que la veía, era increíblemente hermosa, parecía sacada de las revistas, era alta y tenía un cuerpo altamente definido, su piel blanca y con un maquillaje que se asemejaba al natural, con unos labios carnosos. Por lo demás tenía una melena hasta la altura de los codos, unas cejas en forma de arco, los ojos grandes y seguramente quitando aquellas inmensas pestañas postizas las seguiría teniendo largas, una mandíbula definida al igual que sus pómulos y una sonrisa blanca que desprendía poder.
—Ya puedes cerrar la boca. —Me dijo Alexis volviendo a comer.
—¿Quién es ella? —Pregunté. Me había quedado tan impactada por su belleza que se me había olvidado que segundos antes me había fulminado con la mirada sin ninguna razón.
—¿Que quién es ella? —Me preguntó David sorprendido de que no la conociera. —Amiga, ella es la reina de este lugar, créeme detrás de toda esa belleza se esconde una arpía sin piedad y con mucho poder en sus manos. —Miré a Juan por un momento pero apartó la mirada.
—¿Son novios? —Pregunté viendo a David empezar a reírse a la misma vez que Alexis.
—Leo no tiene pareja y Claudia tampoco. —Alcé las cejas sorprendida al escuchar a David. —Ellos más bien son como amigos con derecho.
—No sabía que a Leo le interesara este tipo de cosas. —Bueno, a decir verdad aquellos dos pegaban demasiado.
—¿A quién no le interesaría Claudia? ¿Es que acaso no la has visto? Es una diosa del Olimpo literalmente. Intenté tirarle fichas pero es muy selectiva, Leo tuvo suerte. —Me comentó David, no me extrañaba que él haya intentado tirarle fichas, además ¿A quién no le ha intentado tirar fichas?
—No la había visto antes por la base. —Les comenté.
—No entiendo como no supiste quién es hasta ahora, todos hablan de ella. —Puse los ojos en blanco al escuchar a David. Bueno, no creo que en una base criminal en vez de preocuparme por sobrevivir deba ponerme sobre investigar sobre una chica Olimpo.
—Es que no sabía que habían Dioses y Diosas del Olimpo circulando por la base la verdad, así que perdona si estaba demasiado desinformada. —Le contesté en un tono sarcástico.
—¿Qué? ¿Te has puesto celosa? —Dijo Alexis en un tono burlón. No estaba celosa, solo impactada de ver a Leo tan entregado y mirándola de una forma que nunca había visto antes, me dejaba fascinada.
—No, solo estoy sorprendida. —Le respondí.
—Anda cierra el pico y come. —Le calló Jay empujando su plato ligeramente para que siguiera comiendo.
—Yo solo diré que será mejor que no te metas en su camino. —Me advirtió David. Fruncí el ceño, ni que me importara.
—¿Por qué iba a hacerlo? —Le pregunté ladeando la cabeza mientras mantenía la frente fruncida.
—Porque entre mujeres no soportáis que os fulminen con la mirada y ella lo hizo contigo. —Pensé que era la única que pensaba que me había fulminado con la mirada, pero aquella mirada llena de oscuridad iba dirigida para mí.
—No iba a empezar nada. —Alzó las cejas sorprendido. —Pero de todos modos ¿Qué podría hacerme? —Todos se miraban entre sí.
—Primero empezaría por romperte los huesos poco a poco. —Dejé el tenedor en mi plato al escuchar a David.
—Luego te rajaría de pies a cabeza, por decir algo flojo. —Siguió Alexis.
—Chicos. —Advirtió Juan sin mucho éxito.
—Te arrastraría por los vestuarios femeninos ya que es el único lugar en el que no hay cámaras, ya lo hizo con otras. —Prosiguió David sin que nada de eso le pareciese enfermizo.
—Después, cuando sientas que no puede hacerte nada más, te tapará con un trapo sucio la boca para que no grites, calentará a una alta temperatura una plancha y te irá quemando el cuerpo hasta que te mueras. —Cuando acabó Alexis sentí mi sangre congelarse mientras él me miraba con una sonrisa.
—Basta. —Ordenó Juan en un tono serio mientras comía de su pasta. —Claudia no te hará nada.
—Sí lo hará cuando se entere de que Leo es su cuidador. —Afirmó Alexis.
—¿Qué? —Dije con falta de aliento. Iba a acabar muerta.
—He dicho que basta. Elisabeth, no te pasará nada, Leo te cuidará y nosotros también. —Negué varias veces con la cabeza ¿Es que acaso veía tan normal todo esto? No entendía nada.
—¿Puedes asegurarme tú que no me va a matar? —Le respondí en un tono cabreado al ver que trataban ese asunto como si fuera una broma.
—¿Ahora quién tiene un pasado oscuro? —Oí decir a Alexis que mantenía una sonrisa de superioridad mientras tenía una mirada coqueta y divertida. No entendía nada ¿Por qué me decía eso?
—¿No sabes mantener tu boca cerrada? —Le dijo Juan mirándole con mala gana haciéndole callar.
—¿Qué quieres decir con eso? —Le pregunté, pero apartó la mirada y siguió comiendo.
—¿Elisabeth Stuart?
Giré mi cabeza al escuchar una voz detrás de mi, al hacerlo un guardia me estaba observando detenidamente.
—El superior Eric ha solicitado verla, debe abandonar el comedor y acompañarme. —Me quedé quieta sorprendida porque el guardia me detuviese. Miré a Juan sin entender nada, luego mi mirada se dirigió a mis manos que nerviosa me clavaba las uñas en la palma de la mano.
—¿Ha pasado algo? —Le preguntó Juan, pero simplemente le ignoró.
No tuve otra opción que levantarme de la mesa con mi bandeja, dejarla en su sitio e ir escoltada en silencio. Mi mente estaba que estallaba, no entendía nada ¿Es que acaso me iba a asignar a otro cuidador porque Leo no es capaz de hacerlo? ¿o me dará la buena noticia de salir de este maldito infierno? de todos modos las dos sería una buena opción. El guardia me llevó hasta la sala donde estaba el superior Eric y me dejó entrar, al hacerlo me quedé sorprendida por el gran despacho con vistas que tenía, era la primera vez que veía el exterior en mucho tiempo, las montañas a lo lejos me daban ganas de subir por ellas y huir de aquí.