Me quedé sentada mirando como todos se marchaban. Antes de que se cierre la puerta observé como Juan y Leo me observaban por última vez algo preocupados y entonces el silencio reinó en la gigantesca sala.
—Tu primera misión. —Dijo sentándose con una falsa sonrisa. —Por lo general no solemos ponernos tan ansiosos cuando uno de nuestros miembros van por primera vez a una misión pero supongo...
—Que soy la excepción. —Acabé mirándole, parecía que le había leído la mente y le había gustado.
—Lo que provocó tu padre aquel día... hizo que pudieses estar aquí. —Desvié la mirada unos segundos reteniendo el aire al acordarme de esa fatídica noche que hizo que acabase en este infierno.
—Mi padre solo hacía su trabajo. —Respondí algo cortante.
—Gracias a tu padre... —Tensó su mandíbula casi al instante. —Tuvimos que callar muchas bocas, muchos millones se fueron con tal de enterrar el caso.
—¿Es lo que hacéis? ¿Callar a los corruptos con tal de obtener el silencio mediático?
—¿Sabes? es mejor no arrojar luz sobre la oscuridad, ¿no crees?
Sus ojos me analizaban buscando una respuesta que desde luego no le iba a gustar.
—Elisabeth, alguien tiene que hacer los trabajos sucios de la sociedad. La policía cuenta con nosotros, los peces gordos cuentan con nosotros, diplomáticos, incluso el gobierno entero cuenta con nosotros. —Las palabras del superior Eric me hacían ver la cara más podrida y sucia de esta sociedad y lo peor, es que no estaba mintiendo. —¿Crees que esos ricachones, esos diplomáticos con buena reputación se mancharían las manos? Ellos buscan a la gente que pertenecen a la oscuridad, personas que cumplen con la misión sin dejar rastro, y esos somos nosotros.
Mis uñas se clavaron en mis nudillos, observando a los guardias que estaban dentro de la sala como estatuas, armados hasta las trancas.
—¿Si solo necesitasteis unos millones para callar las bocas por qué me secuestrasteis? ¿Por qué no acabar con mi vida? —Por un segundo la rabia se acumuló en mi garganta que quería a toda costa despecharme contra él.
—Supongo que fue un capricho... además, alguien tiene que recuperar esos millones. —Sus ojos se clavaron en mí al instante.
—¿Y cuando te entregue los millones que pasará? —Por unos segundos deseaba escuchar algo que por un momento había dado por perdido, poder salir de aquí.
—Cuando termines con tu deuda habrán pasado más de diez años, con suerte tu padre seguirá vivo si no cometes ningún error... y continuarás con tu labor como criminal.
Sentí como cada esperanza acumulada en mi cuerpo se iba esfumando poco a poco, como si el jarrón de agua fría que tanto esperaba recibir nunca fuese a pasar, como si por mucho que corriese jamás alcanzaría la luz del final. Estaba hundida en la oscuridad.
—Nos perteneces, tu cuerpo, tus acciones, tu alma es nuestra, debes entregarte a nosotros.
El trance en el que me había sumergido después de escuchar las crudas palabras del superior Eric y el futuro que me depararía hizo que desconectase casi al completo.
—Elisabeth. —El roce de la mano helada del superior me hizo despertar al instante, me aparté de él antes de que me toque el brazo aún confundida.
—¿Os... pertenezco? —Clavé la mirada en la puerta, quería salir huyendo.
—Supongo que una criminal como tú no podríamos dejar ir, sería gran error por nuestra parte. —La repulsión invadió mi estómago casi al instante al notar aquella sonrisa depravada, solo quería... quería hundir su cabeza contra la mesa, quería hacerle sentir toda la rabia y la impotencia que me hacía sentir.
—¿Por qué me has pedido que me quede superior Eric? —Pregunté algo cortante.
—Como ya te he comentado, pronto tendrás un combate. —Asentí. —Ya tenemos a la persona con la que lo harás, todos los superiores lo vieron como una buena oportunidad de demostrar tu potencial y desde luego... si logras poder ganar un solo round, te servirá para poder ir de misión.—Mi corazón se encogió casi al instante.
—¿Quién es?
—Hemos decidido... que la persona sea Claudia. —Mi corazón se detuvo por un segundo, no no no no podía ser ella. —Por supuesto Claudia estaba más que dispuesta.
—¿Queréis matarme antes de ir de misión? —Dije sin tapujos.
—Tienes un mes para seguir formándote, además... al ser un combate libre podrás usar cualquier cosa a tu favor. —Contuve una risa casi al instante ¿con esa despiadada? Nada podría matarla.
—¿Si gano un round podré ver a mi padre?
—¿Es lo que te motiva?
—¿Y qué otra cosa podría motivarme en este infierno?
Esta vez el que contuvo la sonrisa era el superior Eric.
—Gana el combate y podrás verle.
—Eso será imposible. —Dije pensando en lo que me confesaron los chicos aquel día en la mesa.
—Lo imposible deja de serlo cuando tienes justo a la persona indicada que sabe todas sus armas secretas. —Y entonces aquel Demonio vino a mi cabeza casi al instante.
—Me dejaría morir por menos que esto. —Me crucé de brazos, ese cabrón había elegido a la persona que sabía que tenía en el bote.
—Eso se verá en el combate.
Asentí.
No había nada más que decir.
Me puse en pie, dispuesta a atravesar esa puerta, en cuanto me paré en frente y abrieron la puerta me encontré con el último rostro que quería ver, Leo estaba de pie, esperándome.
Sus ojos se encontraron con los míos, tan oscuros como su alma, me analizó de pies a cabeza y entonces se dirigió hacia mí.
—¿Hoy es el día de las malas noticias? —Lo fulminé ¿se estaba riendo en mi cara?
—¿Supongo que para ti es una buena noticia no? —Pasé por su lado, lo último que haría es darle conversación.
—¿De qué estás hablando Elisabeth? —Hizo el intento de retenerme pero se puso a la par que yo.
¿Encima tenía la cara de hacerse el loco? ¿de no saber que me estaba metiendo de cabeza a una muerte segura?