Los días con Elisabeth se me hacían cada día más fáciles, era exigente, eso no lo negaba, lograba completar los entrenamientos aunque nunca le dijera nada. A mí tampoco me dijeron nada cuando empecé y a día de hoy soy uno de los mejores hombres de esta base, así que ¿por qué no usar la misma táctica? También tengo que admitir que ser un cabrón me ha funcionado de maravilla para que aprenda. En cada entrenamiento se notaba su esfuerzo, terminaba muy cansada por dar el cien por cien de sí misma, no como Claudia que hacía de todo menos estar entrenando, tenía demasiado asumido que iba a ganar y eso no lo permitiría.
Ahora mismo estaba en frente de Beth, era la una y cinco de la noche, sí, pasábamos tiempo juntos hasta muy tarde ya que ella quería estudiar cualquier cosa que se planteaba. Sus ojos leían detenidamente un libro de técnicas de derribo aún estando cansada. Yo sin embargo tenía los brazos cruzados sobre la mesa con la cabeza apoyada en ellos mientras ella mantenía una postura rígida y bien sentada, demostrándome así lo opuestos que éramos.
—Elisabeth vayámonos a dormir. —Le dije dejando caer la cabeza sobre mis brazos mientras veía la biblioteca llena de oscuridad alumbrada con una sola lámpara de color cálido.
—Si no estudio, mañana no seré capaz de hacerlo bien. —Puse los ojos en blanco al escucharla. Era demasiado insegura de sí misma, pensaba que todo le iría mal y eso es lo que fallaba de su persona.
—Mañana todo saldrá bien si descansas un poco, no podemos seguir descansando solo cuatro horas, así que recoge tus cosas y vámonos. —Le dije levantando la cabeza para observarla, un mechón ondulado caía en frente de su rostro, eso me resultaba sexy.
—Está bien, sube arriba, si me pregunta algún superior les diré que has ido al baño y que vendrás luego, yo me quedaré un momento más ¿bien? —Sin duda Elisabeth no me conocía bien.
—Venga vámonos, tú también necesitas descansar. —Tiré de su libro para quitárselo pero lo detuvo con ambas manos observándome fijamente. No pude evitar sonreír, no nos íbamos a quedar más allí.
Tiré del libro con más fuerza sin que ella se lo espere quitándoselo de las manos, rápidamente se abalanzó sobre la mesa para intentar recuperarlo pero era demasiado tarde. Alcé las cejas al ver que tenía el libro en mis manos.
—Leo devuélveme el libro, vete si quieres pero yo me quedo. —Negué con la cabeza. Si de verdad pensaba eso estaba muy equivocada, yo siempre me salía con la mía.
—Te lo devolveré si vas hasta la estantería y lo dejas para irnos a dormir. —Vacilé por un momento viendo la mueca graciosa que puso al estar en desacuerdo conmigo.
—Ni hablar, devuélveme el libro. —Al levantarse de la mesa para ir hacia mi lado y quitármelo me levanté con rapidez y esperé a que estuviese en frente de mí.
Al ver que venía cabreada, mantuve mi postura recta al levantarme de la silla esperando a que se quedara en frente de mí.
—No quiero jugar. —Me advirtió cabreada pasándose las manos por el pelo.
—No es por ti, es por mí, tengo que descansar y tú no me dejas. —Bromeé haciéndola sonreír irónicamente.
—Qué gracioso. —Me dijo con su tono de voz más repelente.
—Venga vayamos a dormir. —Le dije mientras me acercaba a ella viendo cómo me miraba seria.
Al estar en frente de ella levanté el libro abierto mientras torcía un lado de mis labios en forma de desacuerdo.
—Te lo pongo en bandeja, el libro o irte conmigo a dormir. —Alzó las cejas sorprendida mientras se cruzaba de brazos.
—El cansancio no lo es todo, así que elijo el libro. —Al abalanzarse escondí el libro detrás de mí y me puse delante de ella mirándola fijamente, sorprendido por su elección.
—¿Me acabas de rechazar por un libro? tienes un serio problema. —Sonrió al escucharme, observé un pequeño hoyuelo en el lateral de su labio.
—Alguna vez tendrás que ser el segundo plato. —Me mordí el labio inferior al escucharla, yo no me refería a que se quedara conmigo, pero si lo veía así tampoco diría nada.
—Yo solo te estoy ofreciendo irte a dormir, así que estarías eligiendo tu descanso por encima de cuatro palabras. —Puso los ojos en blanco.
—¡Está bien! solo porque eres un cabezota. —Apreté mis labios por un momento intentando ocultar mi alegría.
Entonces dejé el libro sobre la mesa deslizándolo al lado de Beth antes de irme con ella de allí.
—Vámonos anda.
Durante estas semanas estuvimos entrenando duro, sin darnos un minuto de descanso, los cuerpos nos pesaban y las horas se nos pasaban lentas aunque a veces los chicos hacían algo más fácil el entrenamiento. La verdad Elisabeth era una buena compañera, no podía negárselo, aguantarme era difícil y que ella haya logrado hacerlo durante todos estos meses se había ganado esa parte de mí que hacía que tenerla a mi lado no fuera tan molesto. A veces me sacaba de quicio ya que era muy directa para unas cosas y muy callada para muchas otras. Sabía todo eso por todas las horas que me he pasado observándola mientras entrenaba, hablaba o estudiaba, gracias a que los superiores nos enseñaron desde pequeños a descifrar a una persona por su comportamiento, saber quién es quién ha hecho que identifique con facilidad a quienes quería tener a mi lado y a quienes no y Beth, era alguien único, podía ver todos sus problemas en sus ojos y también su dolor a pesar de mantener una sonrisa siempre y eso me hacía querer saber qué es de ella.
—Espero que estés contento. —Me contestó marchándonos de la biblioteca.
—Ni te lo imaginas.
Al salir de la biblioteca fuimos en silencio mientras todos los pasillos estaban a oscuras, unas cámaras encendidas detectaban nuestros movimientos. Cuando alcanzamos a subir todas las plantas para llegar a nuestro cuarto, metí el código dejando que la puerta se abra viendo a Juan y a David estar en un profundo sueño acompañados de unos cuantos ronquidos. Nada más entrar, Beth se colocó el dedo índice delante de su boca en señal de no hacer ruido. Alcé una ceja mientras avanzaba hacia mi litera para poder irme a dormir. Al subir a mi cama y sentarme dejando las piernas caer, vi por la pequeña ventana que teníamos la luz de la luna que se colaba por el pequeño pasillo entre las literas. Me quité la camiseta tirando del cuello de esta, los pantalones los dejé a un lado de la cama y tiré las zapatillas junto con los calcetines desde mi cama al suelo haciendo un pequeño ruido. Acomodé mi almohada blanca antes de meterme en la colcha de color gris oscuro. Me giré por un momento boca abajo apoyando mi barbilla sobre mis brazos cruzados que sujetaban la almohada. Vi a Beth entre la oscuridad metiéndose en su cama, suspiré por un momento, pasar tanto tiempo juntos no nos hacía bien, antes sabía que las cosas sin nadie resultaban más fáciles y cómodas y ahora me pregunto todos los días cuando no está conmigo qué es lo que hará o dónde se encontrará y eso me mataba. Al ver que ya se metía a dormir dejé caer mi cabeza sobre mis brazos mirando por la ventana unas cuantas estrellas y una pequeña nube que flotaba sola. Sí, estaba cansado, pero al parecer no lo suficiente como para quedarme dormido de una como siempre espero hacer. Realmente estar tanto tiempo junto a una persona me estaba cambiando inconscientemente porque sentía que estar solo ya no me hacía bien, creo que de alguna manera ella me ha hecho estar más cerca de los chicos.