TREINTA DE ENERO. DIA DE LA MISIÓN.
La alarma y el grito de Juan me despertaron de un sueño profundo. Al abrir los ojos, sentía el corazón acelerado, tenía una ligera capa de sudor sobre la frente y mi mirada se dirigió directa al reloj, seis y media de la mañana. Todavía no había salido el sol y yo ya tenía ganas de no volver a levantar la cabeza de la almohada. Al darme cuenta que era el día de la misión me senté observando el panorama, David no quería levantarse como siempre, Juan hacía de alarma y Beth a punto de levantarse de la cama con un moño despeinado, una camiseta larga y unos pantalones anchos grises. Ella evitó mi mirada, mientras miraba somnolienta a Juan que le daba los buenos días. Puse una mueca de desagrado, menudo día. Fui directo al baño parándome en frente del gran espejo, me miré en él mientras encendía el grifo para lavarme la cara, al acabar observé a Beth que estaba al lado de David echándose también agua en la cara. Suspiré disgustado, no podía creer que aún siguiera evitándome después de lo ocurrido. Me había quedado tan pillado por un momento observándola desde el espejo, que Juan tuvo que aclarar su garganta para darme cuenta. Al mirarle con ojos entornados me hizo un gesto con la cabeza para que vaya a ducharme, alcé una ceja y fui a una de las cabinas de ducha. Al cabo de un rato oí las otras dos duchas ponerse en función, dejé correr el agua caliente por mi cara por un tiempo y enjaboné mi cuerpo, luego cogí la toalla que Juan nos había dejado colgando de la puerta, me sequé antes de salir y me coloqué la toalla alrededor de la cintura. Al salir oí otra puerta abrirse, vi que era Beth, tenía su cuerpo seco y vestido, con el cabello mojado, parecía que se había secado dentro de la cabina. Cruzamos miradas pero yo la aparté de inmediato, me relamí los labios sin saber qué hacer, recordé el beso de hace unos días y sacudí mi cabeza. Leo no. Al salir de allí, fui hacia el armario y cogí ropa para vestirme, mientras me cambiaba sentí como el perfume de flores de Beth dejaba rastro detrás de mí, eché un breve vistazo hacia atrás pillándola mirándome, esbocé una sonrisa y su mirada cambió de dirección en cuestión de segundos al darse cuenta de que me había percatado. Al terminar de vestirme me tumbé sobre la antigua cama de Alexis que estaba debajo de la mía y me quedé observando a Beth como se aseguraba de que tenía todo en su mochila para ir de misión. Me fijé en su cuello mojado y algún que otro rastro de agua bajando por sus piernas y su pelo mojado, me mordí el labio algo pensativo al verla adentrarse en el baño y luego dejé caer mi cabeza sobre el colchón. Lo que le haría.
Cuando los demás terminaron de vestirse y prepararse Juan nos pasó a cada uno nuestra bolsa negra de deporte con nuestros nombres donde estaban los documentos falsos, ropa de cambio, el neceser y lo más importante, los trajes con los que iríamos a la fiesta. Al estar listos Juan nos dedicó unas palabras para reforzar nuestra seguridad tras ser la primera misión sin Jack.
—No olvidéis quiénes sois y de lo que sois capaces de hacer, no quiero dar un sermón porque es por la mañana pero quería que lo tuvierais en cuenta. ¡Ah! y también no olvidéis vuestras posiciones y ahora hagamos que los superiores vuelvan a confiar en nosotros chicos. —Su tonito motivador me deprimía, solo quería dormir y él andaba dando charlas motivadoras.
—Sí... ¡Yuju! gracias Juan. —Le dijo David en un tono sarcástico mientras cogía su bolsa del suelo para poder salir del cuarto. Juan por su parte se limitó a poner los ojos en blanco esperando a que salgamos de la habitación.
Al salir fuimos hacia Alexis y Jay que nos esperarían en uno de los pasillos principales de la base.
—¿Qué tal tíos? —Dijo David al ver a los demás chicos acercarse a nosotros haciendo nuestro choque de manos como saludo.
—Preparado ¿lo tenéis todo? —Preguntó Jay haciendo que asintamos todos.
—Los superiores nos estarán esperando —Dijo Juan mientras se llevaba la bolsa de deporte a la espalda mientras avanzábamos.
—¿A las siete nos esperan no? —Preguntó Alexis colocándose detrás de Juan junto a Jay.
—¿Qué hora es? —Preguntó David.
—En serio, al final te voy a regalar mi reloj. —Le dije enervado, David a cambio se dio la vuelta para mirarme mal.
—En dos minutos tenemos que estar abajo. —Comentó Juan llevándonos a un paso acelerado por las escaleras. Por mí estaría saltándolas, tenía bastante energía aunque no hubiese desayunado.
Recorrimos las plantas que faltaban, las seis personas que íbamos a ir de misión. Al llegar a la planta baja recorrimos los varios pasillos para poder llegar a los superiores. Llegamos a la puerta de acero donde nos esperaban tres superiores. Marcaron el código de la puerta y empezó a subirse, viendo un pasillo blanco, lo recorrimos y luego dimos esquinazo encontrándonos con el último pasillo que necesitaríamos para salir del edificio de la base. Antes de poder salir por la puerta de acero el personal de seguridad marcó el código y pasó la tarjeta de acceso. Cuando la puerta se abrió el frío viento invernal de enero nos golpeó en la cara. Al salir nos paramos todos en fila horizontal para despedirnos con el saludo de la base. Al despedirnos de ellos los superiores nos dejaron con cuatro guardias para llevarnos hacia el aparcamiento. Al llegar vimos a un pequeño autobús esperándonos, algo más viejo de lo que me esperaba.
—Esto debe ser una maldita broma —dijo Alexis cansado mientras avanzaba hacia el autobús.
—No, no lo es, solo se están riendo en nuestra cara —le dijo Jay entrando en él ya que era la primera vez que la base nos enviaba de misión en una antigüedad como esta.
Antes de entrar, los guardias nos tenían el desayuno preparado en unas bolsas. Al entrar vi al mismo conductor de la última vez que fuimos de misión ¿es que ya no les quedaba personal? puse los ojos en blanco al verle con cara de no haber tenido sexo durante años y avancé dentro de esa ruina de autobús. Al ver que había entrado el último miré cómo estaban situados cada uno. Juan y David se sentaron estirando sus piernas en los asientos de delante estirando las piernas y Alexis junto a Jay ocupaban otros dos asientos junto a la puerta de salida. Beth se sentó atrás, estaba con el codo apoyada en el pequeño espacio que separa las ventanas, tenía los ojos clavados en el aparcamiento, parecía asustada y pensativa y tal vez algo emocionada por salir. No decidí sentarme al lado suyo, pero sí un asiento más adelante, apoyé mi espalda en la ventana estirando mis piernas mientras dejaba mi bolsa en el asiento de delante. Vi cómo giraba ligeramente su cabeza hacia mí, viendo sus pestañas moverse lentamente, luego echó un suspiro mientras volvía a clavar su mirada al exterior. Definitivamente decidió evitarme, no me gustaba estar detrás de alguien pero solo quería saber qué es lo que había pasado con nosotros, si decidía que lo mejor era dejar de hablar, esta sería la última vez que hablaría con ella. Jamás obligaría que estuviese cerca de mí si no quisiera.